Nunca te Olvidaré
de sangre no son los que juran morir por ti en una noche de alcohol, sino los que se quedan cuando el mundo decide escupirte.
Caminé por el callejón trasero de The Velvet, el club nocturno más exclusivo de la zona norte. El olor a perfume caro, sudor y tabaco impregnaba el aire, trayéndome recuerdos de una vida que ya no me pertenecía. El portero, un tipo con el cuello más ancho que su cerebro, intentó cerrarme el paso, pero bastó una mirada de mis ojos cansados para que retrocediera. La cárcel te da un aura que el gimnasio no puede comprar: el aura de alguien que no tiene nada que perder.