Libérame
Su optimismo se vino abajo cuando, a metros de distancia, pudo divisar la malla ciclón que separaba la hilera de casas, como si se burlara de su suerte.
Sostuvo a Abi de las manos y con la voz temblorosa le dijo:
—Abi, el juego continúa, ¿de acuerdo? Se trata de guardar silencio. El que hable, pierde.
La luna iluminaba a medias su cabello platino, cubriendo parte de su rostro. Acarició su mejilla y hasta ese momento se dio cuenta de que su bebita lloraba sin hacer el menor ruido.