OSCURO
El demonio dominante, les lanzo una mirada fulminante, de esa que podía causar un paro en segundos.
—¡Largo!, antes de que me arrepienta y le ordene a mis hombres devorarlas vivas.
—¡Obedezcan!, por favor.—Su palabras tenían el sentido de hermandad, autoridad y súplica a la vez. Sus ojos lo corroboraron. Le lanzo esa chispeante súplica. En ellas interpretaba la duda, la tristeza y la desolación.
Suspiro cuando las vió irse, correr de vuelta, una parte de ella sintió paz. Un ligero descargo antes de su muerte.