Presidente Arrepentido, Amor Tardío
El mismo día en que confirmó su nuevo embarazo, Valeria Soto hizo otro descubrimiento devastador: su esposo, Javier Vega, ya compartía un hogar con Alicia Castillo, la joven becaria de escasos recursos a quien ella misma había ayudado.
Resultaba que, mientras Valeria se consumía en la aflicción por la pérdida de su hijo, Javier celebraba con su amante el nacimiento de su vástago.
Resultaba que la compañía que ella había fundado con sus propias manos, ya había sido usurpada por la amante.
Resultaba que incluso la casa conyugal, que creía su exclusiva, tenía una réplica idéntica que Javier había construido para la otra.
En ese instante, todo rastro de amor por Javier se esfumó de su pecho, dejando solo un odio denso y amargo.
Valeria escondió el informe de embarazo y exigió el divorcio con una frialdad decisiva.
Pero Javier, con su tono autoritario de siempre, respondió: —Valeria, si te arrepientes y me suplicas ahora, puedo hacer como que ese acuerdo de divorcio no existe.
Ella se volvió para marcharse, lanzando con serenidad:
—Señor Vega, nos vemos en la oficina del registro civil para el divorcio.
Tiempo después, fue Javier quien finalmente bajó su orgullosa cabeza. Frente a una Valeria renovada e impresionante, suplicó con arrepentimiento que volviera a mirarlo siquiera una vez.
Ella, sin embargo, solo esbozó una sonrisa distante: —Señor Vega, llegó demasiado tarde. Ya nunca más latirá mi corazón por usted.