Mi marido es un fantasma
Lo sentí tan dulce, tan sabroso, tan delictual y maravilloso que cerré los ojos, mi corazón se alteró, levanté un tobillo extasiada y excitada y las lágrimas chorrearon de mis ojos, resbalando por mis mejillas.
Fue una noche fantástica y maravillosa, romántica y candente, muy tórrida, con mucho fuego chisporroteando en nuestros cuerpos, incinerándonos, volviéndonos, casi de inmediato, en grandes pilas de carbón humeante. Rudolph me cargó con sus grandes brazos y sin dejar de besarme, me llevó a la cama, saboreando mis labios con loco embeleso, cautivado de su deífico sabor, empalagándose con mi boca, hasta quedar ebrio de mis besos, acaramelado de su dulzura, del vino delictual que encontra