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Tras la humillación en la piscina

Tras la humillación en la piscina

Lo que debía ser un viaje tranquilo con mi suegra se convirtió en una pesadilla. Tras llegar al hotel, fuimos juntas a la piscina del lugar a relajarnos. Sin embargo, una mujer elegantemente vestida se nos acercó, tapándose la nariz y con total desprecio nos dijo: —Este es un hotel de lujo, ¿cómo es posible que haya gente como ustedes aquí? No serán esas personas que se cuelan para usar la piscina, ¿verdad? ¡Es un asco compartir la piscina con ustedes! Me da miedo que nos contagien alguna enfermedad. Mi suegra y yo nos sentimos muy incómodas por sus palabras, pero aún así le respondí, indiferente: —La piscina del hotel es pública , todos los huéspedes pueden usarla. Si no te parece bien, construye una en tu casa. La mujer, furiosa, levantó las cejas y, gritando, dijo: —¿Te atreves a responderme? ¿Sabes quién es mi esposo? Este hotel es de él, y la suite más cara siempre ha sido mía. ¡Les ordeno que se larguen inmediatamente! Huelen a pobreza y han contaminado el agua. ¡Qué asco! Mi suegra y yo nos miramos y, al instante, pudimos ver el mismo desprecio en nuestros ojos. Este hotel es propiedad de Nicolás, ¿en qué momento se convirtió él en el esposo de esa mujer?
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La señora no perdona al infiel

La señora no perdona al infiel

Con veinticinco semanas de embarazo, Julieta García descubrió la infidelidad de su esposo durante una revisión prenatal. Con el cuerpo hinchado por la gestación y un aspecto descuidado, sostenía con dificultad su vientre abultado, mientras la joven amante de su marido la llamaba esa mujer. Delante de todos, él la miraba con un desdén abierto Pero la primera vez que Julieta conoció a Héctor Gómez, ella también fue el centro de todas las miradas, admirada y rodeada de halagos. Convencido de que ella había logrado casarse con él gracias a esa relación, Héctor tomó la iniciativa de divorciarse. En ese instante, su corazón murió por completo. Desde los años universitarios hasta el mundo laboral, ocho años de amor silencioso y de entrega absoluta demostraron no valer nada. Tras dar a luz, Julieta firmó el acuerdo de divorcio y se marchó sin volver la vista atrás. *** Cinco años después. Ella se había convertido en una poderosa empresaria multimillonaria. Era deslumbrante, segura de sí misma, talentosa, y no le faltaban pretendientes. El mismo Héctor, que en su momento insistió en divorciarse, nunca llegó a recoger el certificado de divorcio. Julieta presentó entonces una demanda judicial. Héctor, que antes la despreciaba, empezó a aferrarse a ella y, frente a cada pretendiente que se le acercaba, respondía con una venganza implacable. Hasta que Julieta apareció del brazo de otro hombre y anunció su compromiso. Héctor la acorraló contra la pared, fuera de control, y le espetó con voz ronca: —¿Casarte con otro hombre? Ni lo sueñes.
Romance
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Juramento de Sangre, Hecho Trizas

Juramento de Sangre, Hecho Trizas

Mi matrimonio con Lorenzo Cossiga siempre se quedaba a un paso de consumarse. Cinco años de compromiso, treinta y dos bodas celebradas… y en cada ocasión, un accidente inesperado interrumpía el final. Hasta la trigésima tercera. La ceremonia iba a la mitad cuando la fachada de la iglesia se desplomó de golpe. Terminé en terapia intensiva, con el cráneo fracturado, una conmoción cerebral severa y más de diez notificaciones de estado crítico. Dos meses luché entre la vida y la muerte antes de regresar de ese abismo. El día de mi alta, escuché a Lorenzo conversar con su hombre de confianza: —Señor, si de verdad está enamorado de esa estudiante pobre, basta con romper el compromiso con la señorita Valentina. La fuerza de la familia Cossiga es suficiente para silenciar cualquier murmullo. ¿Por qué seguir provocando accidentes una y otra vez? —Ella casi muere —replicó el hombre, con evidente desaprobación. Lorenzo guardó silencio mucho tiempo antes de responder: —No tengo otra salida… Hace diez años, Señor Morea y su esposa dieron la vida por salvarme. Esa deuda solo puedo pagarla con este matrimonio. —Pero yo amo a Sofía. Fuera de ella, no quiero casarme con nadie. Miré las cicatrices que cruzaban mi cuerpo, y lloré en silencio. Toda la agonía que había soportado no era obra del destino, sino la fría estrategia del hombre al que amaba. Si él no era capaz de elegir, entonces yo misma pondría fin a todo.
Short Story · Mafia
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No Seré Una De Tus Treinta Lunas

No Seré Una De Tus Treinta Lunas

Fui la Beta principal del Alfa Damon. Durante seis años, fui su mano derecha y su compañera en la cama. Cuando anunció nuestro ritual de unión, la manada entera lo celebró. Mi sueño estaba a punto de cumplirse. Pero entonces, afuera de su salón de trofeos privado, lo escuché presumir sobre sus Pruebas de la Luna. Y en ese momento, supe la verdad. No era la única para él, sino una de treinta candidatas. Había pasado un mes con cada una de nosotras, calificando nuestros cuerpos, nuestra sumisión y nuestro desempeño. Mi calificación fue más baja que la de una Omega. Más baja que la de Lydia. —Lydia fue increíble. Apenas y podía separarme de ella. Y luego veo a Elysia… tan tiesa, siempre tan controlada… y la verdad es que… me aburre. La conmoción me paralizó. Dejé de sentir el cuerpo. Seis años de lealtad. Incontables noches entre sus brazos. Al final, todo significó menos que un capricho momentáneo y una loba que sabía arrodillarse. Mi dolor se convirtió en una resolución inquebrantable. Le envié un mensaje a un Alfa que me había pretendido tiempo atrás. “Adrian, dijiste que tu oferta de ser mi compañero seguía en pie. ¿Estás seguro? Ya terminé con Damon.”
Short Story · Hombres Lobo
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Cenizas de un amor roto

Cenizas de un amor roto

Mi hermana y yo somos gemelas, y ambas sufrimos de una enfermedad renal muy grave. Después de mucho tiempo, por fin había dos riñones disponibles para nosotras, y los médicos decidieron que nos tocaba uno a cada una. Sin embargo, mi hermana se desplomó en los brazos del hombre con el que yo me iba a casar, llorando, quería los dos riñones para ella sola. Yo me negué, pero ese hombre me encerró en un cuarto, permitiendo que mi hermana se sometiera a la operación de trasplante y se quedara con los dos riñones. Él presionó mi frente con firmeza y me advirtió: —Tu enfermedad no es tan grave como la de tu hermana. Ella solo quiere vivir como una persona normal. ¿Por qué eres tan egoísta? ¿No puedes esperar otro riñón? Pero él no sabe que realmente no puedo, porque estoy a punto de morir.
Short Story · Romance
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El jade rojo: El ritual a la adultez

El jade rojo: El ritual a la adultez

No había hombres adultos en mi pueblo. Cuando las chicas cumplían 18 años, se celebraba un ritual a la adultez colectiva en el templo. Adolescentes con vestimenta tradicional hacían cola para entrar en el templo y salían con expresiones de sufrimiento y placer. Melinda cumplía 18 años, pero, qué raro, la abuela no la dejaba asistir. Se coló en el templo de noche y salió con aire casada, no podía ni andar firmemente, además de que se veía sangre goteando entre sus piernas.
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La Mentira que Me Alimentó

La Mentira que Me Alimentó

Estuve cinco años casada con el heredero de la familia Romano, la más poderosa del crimen organizado en Italia. Cada noche, me abrazaba y susurraba: —Solo dame un heredero, y le daré todo el imperio Romano. Pero nunca quedé embarazada, y la decepción del jefe de la mafia hacia mí crecía con cada mes que pasaba. Hasta que descubrí que mi esposo había estado cambiando a escondidas mi ácido fólico por pastillas anticonceptivas. Aún me tambaleaba por la furia cuando vi una publicación de su exnovia: una foto de ultrasonido. Su mensaje era dulce y presumido: —Diez semanas. Vincent dice que no puede esperar para conocer al bebé. Al ver la avalancha de felicitaciones, tomé una decisión. Busqué los datos de contacto de mi exnovio, aquel que había pasado los últimos cinco años intentando recuperarme, y le envié un solo mensaje: "Dame un mes. Luego voy contigo."
Short Story · Mafia
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Chiquita Pero Tragona

Chiquita Pero Tragona

—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no? Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto. Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera. Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez. Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí: —Amor... juega con tu zorrita. ¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
Short Story · Pasional
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La Sirvienta Que Robó Mi Corona

La Sirvienta Que Robó Mi Corona

A las 4 de la mañana, mi esposo, Rocco, me despertó con delicadeza. Su voz era apenas un murmullo. —Mi amor, ¿puedes hacerme un favor? Pero lo que dijo después me regresó a la realidad. —Scarlett tiene hambre. Ve y prepárale un caldo de mariscos. Scarlett era nuestra criada y también la amante embarazada de Rocco. —Acaban de traer mariscos frescos. Ve a la cocina y prepárale una sopa. Que es para el heredero de Falcone. Me negué firmemente. Él se puso furioso. —No seas tan necia, Alessia. ¿Por qué se te hace tan difícil preparar una sopa? Negué en silencio. Me acarició la mejilla, mientras sonreía de manera condescendiente. —Está bien. Vaya, así que ahora te atreves a desobedecerme. Piénsalo bien. ¿En serio quieres conservar tu lugar en la familia? ¿Y tu puesto como abogada de la familia? Piensa si todavía quieres todo eso... y luego me respondes. Al ver la arrogancia de Rocco, el último rastro de amor que me quedaba por ese hombre se desvaneció. Saqué mi celular y marqué un número que no había usado en mucho tiempo. —Quiero salir de la familia Falcone.
Short Story · Mafia
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Mi Desamor Ideal

Mi Desamor Ideal

El día que Olivia Muñoz y Adrián Vargas cumplían cinco años de casados, Paulina Castillo regresó al país. Esa misma noche,Olivia descubrió a su esposo en el baño, entregado a sí mismo mientras gemía el nombre de su exnovia. Así que esa era la razón por la que Adrián no la había tocado en cinco años de matrimonio. —Pobre Pau, regresó sola y la está pasando mal —se justificó él—, solo la estoy ayudando como amigo. —Entiendo. —Le prometí a Pau que la acompañaría a la playa por su cumpleaños —insistió en otra ocasión—, solo estoy cumpliendo una vieja promesa. —Está bien. —Para esta cena necesito una acompañante que esté a la altura, y Pau es más adecuada que tú. —Ajá, ve. Cuando ella dejó de enojarse, de llorar y de hacer dramas, a él le pareció extraño y le preguntó: —¿Por qué no te enojas? Por supuesto que ya no se enojaba, porque ella también estaba a punto de irse. Harta de un matrimonio estancado y sin vida, había mejorado su idioma en secreto, aprobado sus exámenes y enviado solicitudes para estudiar en el extranjero. El día que le aprobaron la visa, le aventó los papeles del divorcio. —No seas ridícula —se burló Adrián—, si me dejas, ¿cómo vas a sobrevivir? Dio media vuelta, se compró un boleto de avión y se fue, cortando toda comunicación. La siguiente vez que él supo de ella fue por un video que se hizo viral en redes: llevaba un vestido rojo espectacular y bailaba apasionadamente en el extranjero... Adrián se puso furioso. —Aunque te vayas al fin del mundo, ¡te voy a traer de vuelta!
Romance
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