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Amante En La Sombra

Amante En La Sombra

Pasé tres años enamorada de Santiago Mendoza, el mejor amigo de mi hermano. Él jamás quiso hacer pública nuestra relación. Pero nunca dudé de su amor. Después de todo, tras haber estado con 99 mujeres, desde que estaba conmigo ni siquiera miraba a otras. Incluso si solo era un simple resfriado, él dejaba proyectos de millones de dólares en el acto y volaba a casa para cuidarme. Llegó mi cumpleaños. Feliz, me preparaba para contarle a Santiago que estaba embarazada. Pero por primera vez, se olvidó por completo de mi cumpleaños y desapareció sin dejar rastro. La sirviente me dijo que había ido al aeropuerto a recibir a alguien muy importante. Me dirigí al aeropuerto. Allí lo vi, con un ramo de flores en las manos y el rostro tenso, esperando a una joven. Una joven que se parecía mucho a mí. Más tarde, mi hermano me contó que ella era el primer amor que Santiago nunca podría olvidar. Santiago se enfrentó a sus padres por ella, y cuando ella lo dejó, perdió la cabeza y buscó 99 parecidas para sobrellevar el dolor. Mi hermano lo dijo con admiración, conmovido por lo profundo que podía ser Santiago. Lo que no sabía era que su propia hermana era solo una más entre esas sombras del pasado. Los observé a los dos durante un largo, largo rato. Luego, di media vuelta y volví al hospital. —Doctor, no quiero tener a este bebé.
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La Última Carta

La Última Carta

Desde pequeños, Gabriel Fuentes y Julieta Ramírez nunca se habían llevado bien. Sin embargo, el destino tenía otros planes: en su círculo social, ya solo quedaban ellos dos como candidatos «adecuados» para un matrimonio por conveniencia. Gabriel juró que preferiría morirse antes que casarse con Julieta, mientras que ella, con una sonrisa irónica, respondía: —Entonces ya está decidido. Me casaré contigo. Apúrate y muérete. El día de la boda, Gabriel soltó decenas de gallinas en plena ceremonia para humillarla. Julieta, impasible, alzó una y dijo en voz alta: —Saluda, esposo mío. Y fue en ese momento que a Gabriel se le acabaron las ganas de burlarse. La mujer que él menos quería, era justo la que más empeño tenía en casarse con él. —Te vas a arrepentir —le dijo con desprecio. Tres años después, Julieta vio a Gabriel siéndole infiel por novena vez. Y recién entonces entendió... A qué se refería él con la frase «te vas a arrepentir».
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Divorciados en secreto: El despiadado Don suplica demasiado tarde

Divorciados en secreto: El despiadado Don suplica demasiado tarde

Cinco años después de mi matrimonio con el Don, Ives Moretti, me dejó a mi suerte para morir durante un tiroteo, todo para poner a salvo a su amante, Isabella. Desperté tres días después en la habitación de un hospital privado. Sin disculpas. Ives se mostró frío. —Eres mi esposa. Conocías los riesgos. Deja de ser tan dramática —luego, añadió—: Isabella es diferente. Es frágil. Ella me necesitaba. A aquello le siguieron tres meses de la ley del hielo. Como siempre, él esperaba que yo fuera la que cediera, la que regresara gateando suplicando perdón. Tres meses después, le entregué el trato con los irlandeses a Isabella en bandeja de plata. El gran negocio que yo misma había pasado medio año construyendo. Ives pensó que era una ofrenda de paz. Sonrió, algo raro y genuino en él estos días. —Sabía que entrarías en razón. Como recompensa, iremos a Las Vegas. Sé que siempre has querido ir. Al día siguiente, Isabella se quejó de estar aburrida y él rompió su promesa. Se la llevó a ella a Las Vegas en su lugar. Me dijo que era un "asunto familiar urgente". Esta vez, no lloré. No hice una escena. Ives estaba complacido de que yo fuera tan comprensiva. No tenía idea de que yo ya estaba cortando todos los lazos con la familia Moretti. Que él ya había firmado los papeles del divorcio sin saberlo. Yo era libre.
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Un Beso Apasionado

Un Beso Apasionado

Mi nombre es Addison Calder. Durante mi primer celo como mujer lobo adulta, Morgan Flint, de la nada, me dijo que quería terminar. No pude dejar de llorar; y no fue por tener el corazón roto, sino porque el tormento de mi ciclo de apareamiento me estaba consumiendo. Me aferré a su manga y me acerqué a él, intentando calmar la tensión con un beso. Impaciente, Morgan me empujó hacia su hermano mayor, Tucker Flint. —A Addie se le pasaron las copas y está fuera de sí. ¿Me ayudas a calmarla? Mientras Tucker se acercaba, Morgan se inclinó y le dijo en voz baja: —Cuídamela bien. No dejes que se le acerque nadie. Solo voy a terminar con ella por un rato. En cuanto me aburra de divertirme por ahí, regreso con ella. Tucker asintió y me subió con cuidado al auto. —¿Te duele? Abrumada por el dolor, me aferré a su corbata mientras las lágrimas me corrían por la cara. —Por favor… ayúdame. Las pupilas de Tucker se contrajeron y su voz sonó profunda. —¿Y exactamente cómo quieres que te ayude? En un instante, me incliné y pegué mis labios a los suyos. —Bésame… o deja que te bese. Nuestro beso apasionado disipó gran parte de la tensión que me carcomía. Al ver que las orejas de Tucker estaban rojas, volví a tomarlo de la corbata. —¿Me llevas a casa?
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El Adiós Definitivo

El Adiós Definitivo

Mi prometido, Victor Blackwood, es el Don de la mafia que controla el bajo mundo de todo el país con mano de hierro. Para los demás, él es la personificación del poder. Pero para mí… era el amor hecho hombre. Nunca imaginé el precio de amar a un hombre como él. En el Día de San Valentín preparé sus comidas favoritas y lo esperé en casa. Sin embargo, las horas pasaron, el vino se enfrió… y su silla seguía vacía. Con un mal presentimiento, abrí la red social de Queenie Stone, su «hermana adoptiva», quien había publicado: «Solo bastó que le dijera que me sentía sola… para que viniera enseguida. Incluso, aunque derramé vino sobre él, no se enojó. Victor siempre ha sido así… La familia para él es lo primero, aunque eso signifique dejar a su novia esperando. Nunca me falla. Ojalá nada cambie». En la foto, la camisa de Victor estaba empapada a la altura de la cintura, y el pañuelo de Queenie descansaba de manera peligrosa cerca de su entrepierna… Él ni siquiera se había apartado… sino que solo la miraba con ternura. No hice ningún escándalo. Solo le di «me gusta» a su publicación y luego le envié un simple mensaje: «Terminamos.» Pero como siempre… lo ignoró. Después supe que, al ver mi mensaje, él se limitó a comentar: —Vivienne no puede vivir sin mí. Solo está haciendo un berrinche. Si la ignoro un par de días, volverá arrastrándose. Es fácil de contentar. Lo que él no sabía… era que yo solo era fácil porque lo amaba. Pero ahora que decidí irme, no hay vuelta atrás… No importa lo que haga.
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Los billonarios del atardecer

Los billonarios del atardecer

—¿Quieren decir... que no les importa compartirme? ¿Los tres?—No, Simone, cariño. Si eso significa que podemos estar contigo, a los tres nos parece bien —dijo Nick.Apenas puedo creer lo que oigo. ¿Cómo he tenido tanta suerte? ¿Una estrella del baloncesto, un actor famoso y un gurú de la tecnología?Simone, ¡estás viviendo la mejor vida!Simone es nueva en el bufete Owens y tiene que demostrar su valía vendiendo casas en Sunset Strip, Hollywood. Pero cuando la chica desagradable de la oficina, Crystal, empieza a rumorear que Simone se acuesta con todos sus clientes, bueno, tiene razón... ¡en cierto modo!Michael, Nick y Christian quieren comprarle casas a Simone, pero también quieren más. La quieren a ella, y ya que todos son felices compartiéndola, ¿por qué debería elegir a uno?Pero su trabajo es importante para ella. ¿Será capaz de salvar su reputación y conservar a todos sus hombres?"Los billonarios del atardecer" es una obra de Scarlett Rossi, autora de eGlobal Creative Publishing.
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Le cedí el Alfa a mi hermana… y se arrepintió

Le cedí el Alfa a mi hermana… y se arrepintió

En mi vida pasada, Leon, el Alfa que se suponía que completaría conmigo la ceremonia de marcado, cambió de repente a su compañera elegida por mi hermana menor, Rose, justo el día del ritual. Al verlos a los dos comportarse con tanta intimidad, una oleada de humillación me barrió por dentro. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dar un paso al frente y exigir una explicación, la manada fue atacada por sorpresa. Los tres morimos en el motín. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día de la ceremonia de marcado. Esta vez, decidí cumplirles el deseo. Después de liderar a los miembros para sofocar el motín que habría ocurrido en mi vida pasada, dejé la manada y me adentré en la sociedad humana. Creí que en esta vida jamás volvería a cruzarme con ellos. No obstante, tres años después, el día de un banquete de cumpleaños, me reencontré inesperadamente con Rose y Leon. Rose se acurrucaba con timidez en los brazos de Leon, y me saludó con una expresión de sorpresa fingida. —¡Claire! ¿Qué haces en un banquete tan grandioso como este? ¿No te habías ido a vivir a la sociedad humana? Cuando guardé silencio, Rose se burló de mí con una risita. —¿No me digas que no pudiste sobrevivir en la sociedad humana y ahora quieres volver a la manada? Leon me miró de reojo, con un asco que ni siquiera intentó ocultar. —Jamás aceptaría dejar que regreses a la manada, ni aunque te arrodillaras a suplicármelo. Pero, pénsandolo bien, como mi esclava todavía calificas. Podríamos volver a como era antes. Sonreí, apenas. Yo estaba allí porque mi compañero era el nuevo Ultima de la Alianza de las manadas de lobos. Y ese exquisito banquete de cumpleaños había sido preparado especialmente para mí.
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Esa Mirada Fue Suficiente

Esa Mirada Fue Suficiente

En la reunión familiar, mi esposo, el Don de la mafia, le dirigió apenas una mirada a su secretaria. Eso bastó para que me diera la vuelta y me fui, cancelé la celebración de nuestro aniversario de bodas y decidí que ya había terminado con él, por lo que me apresuré a firmar los papeles de divorcio que había preparado hacía mucho tiempo. Cuando Matteo Santoro vio el acuerdo, me llamó de inmediato, con la voz tensa, por la furia apenas contenida. —¿Qué intentas hacer esta vez? ¿De verdad es solo por haber mirado a Elena? —Sí —respondí—. Porque la miraste.
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La Diosa Que Durmió En Su Sombra

La Diosa Que Durmió En Su Sombra

Durante cinco años, mi pareja destinada, el Alfa Killian, ha usado mi cuerpo para sobrevivir a sus ansias de intimidad. Pero jamás me ha marcado. Durante cinco años, he tenido que tragarme los supresores a la fuerza para ocultar nuestro vínculo ante el mundo. Hasta ahora. Esta noche, al terminar, me ordenó que asistiera a la ceremonia de luna llena. Llegué a pensar que por fin estaba listo para reclamarme. Para convertirme en su Luna. Pero solo rio con gusto y me dio la noticia. —Celebraré mi unión con Vivian. La hija de un Alfa. Una sangre pura. ¿Y yo? Yo no era más que su sucio secretito. El remedio para sus periodos de celo. Se alejó sin decir más. Me sequé las lágrimas, regresé a mi departamento y tiré todos mis supresores de esencia a la basura. Mi mejor amiga pensó que me había vuelto loca. —¿Estás segura? El Alfa te odiará —me advirtió. Negué con la cabeza. —No importa. Voy a borrarlo de mi vida. Entonces, acepté la invitación del Alfa Adrian, un rival que venía de Europa. En siete días, me iría para siempre.
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Mi Prometido Me Dejó Por Su Prima Viuda

Mi Prometido Me Dejó Por Su Prima Viuda

En medio de la fiesta de compromiso, cuando la torre de champán ya iba por la mitad, el celular de Marcos Harrison sonó. Me miró fijo y soltó, serio: —Tengo que irme. Lilia se desmayó en el aeropuerto. —Si te vas, lo nuestro se acaba —le respondí con firmeza. De todos modos, se fue... justo frente a doscientas personas. Cargó a Lilia Harrison en brazos —llevaba el abrigo que yo le había regalado— y se fue en mi auto. Al día siguiente recibí un correo: "Lilia se mudará a mi departamento. Me necesita. Ojalá lo entiendas. Cuando se recupere, tú y yo nos casamos. Confía en mí." Me quedé mirando la pantalla y, sin darme cuenta, solté una carcajada. Al final, no era a "quien lo amaba" a quien quería, sino a "quien lo necesitaba". Y yo, por ser tan autosuficiente, no le servía. Esa noche busqué un número en la agenda: el de alguien a quien jamás tomé en serio, pero que me había esperado por veintitrés años. Llamé. —Mañana a las siete, en el restaurante frente al mar.
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