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Miranda inmediatamente lo abrazó.—¡Tom!Él sonrió.—Estoy muerto de miedo.—No tienes nada que temer. Ella te ama.—¿Crees que dirá que sí?—Estoy segura.Miranda lo miró emocionada.—Hazlo durante el bautizo.Tom respiró profundamente.—¿Crees que sea buena idea?—Será perfecto.***Finalmente llegó el día.El bautizo de Phoenix se celebró en un hermoso salón decorado con flores y detalles elegantes.Toda la familia estaba presente.También habían acudido amigos cercanos y algunos socios importantes de la familia.Phoenix, vestido de blanco, dormía tranquilamente en brazos de Joaquín.Después de la ceremonia, anunciaron oficialmente su nombre completo:Phoenix Joaquín Kirland.Los aplausos llenaron el salón.La celebración continuó con una gran fiesta.Mientras todos conversaban y disfrutaban de la comida, Casandra decidió ir al baño para retocarse el maquillaje.Habían pasado seis meses desde que comenzó a estudiar arte.Aquella experiencia había transformado su vida.Se sentía dif
Dos días después del nacimiento, Miranda y Joaquín finalmente regresaron a casa.Para Miranda, volver significaba comenzar una nueva etapa.Ya no eran solamente Joaquín, ella y las gemelas.Ahora había un nuevo integrante en la familia.Joaquín llevaba al pequeño en sus brazos mientras Miranda caminaba a su lado, todavía recuperándose del parto.Las enfermeras le habían recomendado descansar todo lo posible, así que él prácticamente no se separaba de ella.Apenas entraron en la casa, escucharon unos pasos apresurados.—¡Papi!Las gemelas aparecieron corriendo.Las dos habían estado esperando aquel momento durante días.Querían conocer a su hermanito.—¿Ya llegó? —preguntó Mariana emocionada.—¡Quiero verlo! —añadió Marina.Joaquín sonrió y levantó ligeramente al bebé.—Aquí está.Las niñas se acercaron.Sin embargo, la emoción inicial desapareció de sus rostros casi inmediatamente.Ambas se quedaron observando al recién nacido con absoluta perplejidad.Mariana inclinó la cabeza.—¿Pap
Entraron finalmente en la sala de parto.Miranda apenas podía concentrarse en lo que ocurría a su alrededor.El dolor se había vuelto cada vez más intenso.Las contracciones llegaban una detrás de otra, sin darle demasiado tiempo para recuperarse.Respiraba profundamente, intentando recordar todo lo que le habían explicado los médicos.—Tranquila, Miranda —dijo una de las enfermeras—. Respira despacio. Lo estás haciendo muy bien.Pero Miranda apenas podía escucharla.Otra contracción atravesó su cuerpo.—¡Ah!Apretó con fuerza la mano de Joaquín.Él estaba junto a ella.No pensaba separarse ni siquiera un segundo.—Estoy aquí, mi amor.Miranda cerró los ojos.—Me duele mucho…Joaquín sintió un nudo en la garganta.Quería quitarle aquel dolor, cambiar de lugar con ella, soportar cada una de aquellas contracciones en su propio cuerpo.Pero no podía.Lo único que podía hacer era acompañarla.—Ya falta poco. Tú puedes hacerlo.El equipo médico se preparó.La doctora revisó a Miranda y fin
Los meses avanzaron rápidamente.Casi sin que Miranda pudiera darse cuenta, su embarazo llegó a una etapa en la que su vientre ya era imposible de ocultar.Joaquín había estado a su lado durante todo ese tiempo.No había una sola consulta médica a la que faltara.Quería escuchar cada latido, conocer cada resultado y asegurarse personalmente de que tanto Miranda como el bebé estuvieran bien.Se había vuelto especialmente atento con ella.Cumplía cada uno de sus antojos, incluso los más extraños.Una noche, cerca de la medianoche, Miranda despertó con un deseo repentino.—Quiero helado.Joaquín abrió los ojos con dificultad.—¿Helado?—De capuchino.Él miró el reloj.Era pasada la medianoche.—Está bien.—No, olvídalo —dijo Miranda, sintiéndose culpable—. Es demasiado tarde.Pero Joaquín ya se había levantado.—No importa.Tomó las llaves del automóvil y salió.Veinte minutos después regresó con el helado que Miranda había pedido.Ella lo recibió con una sonrisa.—Estás loco.—Por ti, s
Miranda sintió que un miedo profundo le recorría todo el cuerpo.No era una simple sorpresa.Era terror.No podía ser ella.No después de todo lo que había ocurrido.“No… ese hijo… ¡no! Es imposible. Ella tomó la medicina. Yo misma sé que la tomó. Entonces… ¿cómo puede estar embarazada?”, pensó, sintiendo que el corazón comenzaba a golpearle con fuerza.Durante unos segundos, Miranda dejó de escuchar todo lo que ocurría a su alrededor.Solo podía mirar a aquella mujer.Su rostro. Su cabello. La forma de caminar.Todo coincidía. Todo.—¿Miranda?La voz de Casandra la hizo reaccionar.Miranda parpadeó varias veces.Si realmente era Liliana, entonces había demasiadas cosas que explicar.Miranda negó rápidamente con la cabeza.—Lo siento —dijo, intentando sonreír—. Me pareció ver a una persona conocida, pero… no, no es ella.Casandra siguió mirando hacia la calle.—¿Estás segura?—Sí —respondió Miranda demasiado rápido—. Seguramente me confundí.La mujer continuó caminando hasta desaparece
Casandra intentó detenerlo, pero Horacio siguió besándola durante unos segundos más, como si hubiera olvidado todas las razones por las que aquello no debía estar sucediendo.Casandra sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho.No sabía qué hacer. Una parte de ella quería quedarse allí, aferrarse a aquel instante y fingir que, por una vez, Horacio la estaba mirando como una mujer y no como la sustituta de alguien más.Pero la realidad seguía allí.Y era demasiado dolorosa para ignorarla.Casandra apoyó una mano sobre su pecho y consiguió separarse.—Tienes que detenerte.Horacio se quedó inmóvil.Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Él la observó fijamente, como si intentara descubrir qué estaba pensando.Finalmente, obedeció.Se recostó sobre la cama y dejó escapar un suspiro.—Está bien —murmuró—. Solo… déjame quedarme aquí.Casandra lo miró con cierta sorpresa.Esperaba que insistiera. Que volviera a acercarse. Que intentara convencerla.Pero Horaci







