로그인El día que recibió un correo anónimo, Mariana Fernández descubrió que el hombre con quien llevaba tres años casada le había sido infiel. No lloró. No hizo escándalo. Simplemente regresó al país para divorciarse. Con la intención de que todo terminara de la manera más sencilla y tranquila para ambos, contrató al abogado más caro de Monteluz: Rafael López, amigo de la infancia de su esposo, Alejandro García. Todos pensaban que Rafael era frío, distante e imposible de tratar. Sin embargo, frente a ella dejaba caer por completo aquella máscara de indiferencia. *** La noche en que terminó entrelazada con Rafael, Mariana creyó que seguía serena, dueña de sí misma y con el control absoluto de la situación. Lo que no sabía... era que Rafael había descubierto la trampa desde el principio. Y aun así, decidió entrar en ella por voluntad propia. Él mismo puso en manos de Mariana las pruebas de la infidelidad de Alejandro. Esperó en silencio durante tres largos años. Por fin había llegado la oportunidad de quedarse a su lado. —Mariana... ¿de verdad no te das cuenta de que estoy intentando conquistarte?
더 보기Mariana había bebido bastante. Estaba recargada en la silla, con las mejillas ligeramente sonrojadas y los ojos entreabiertos.Camila no estaba mucho mejor. Estaba ladeada en la silla, todavía con la copa en la mano, insistiendo en que abrieran otra botella.Las dos estaban mareadas y hablaban a ratos, sin mucha coherencia.Hace un momento, Mariana todavía se estaba riendo. Camila la había hecho reír tanto que terminó recargada sobre la mesa, con los hombros temblando.Camila también se reía. A medio ataque de risa, sacó el celular y dijo que iba a grabarla para enseñárselo al día siguiente, cuando ya estuviera sobria.De pronto, el celular vibró sobre la mesa.Mariana lo tomó y abrió la conversación con Rafael.La sonrisa todavía estaba congelada en su rostro, pero su mirada se quedó fija en aquella frase, inmóvil.Camila seguía hablando a su lado, pero ya no escuchaba nada.En esos tres años, nadie le había preguntado si estaba bien.Dinero no le faltaba.La familia García nunca
Camila asintió y volvió a maldecir:—Alejandro sí que se pasó. Anda coqueteando por todos lados, pero todavía quiere tenerte bien amarrada. ¡Qué cómodo le salió!Luego levantó la copa.—¡A beber! ¡Brindemos por adelantado por tu feliz divorcio!Mariana dejó el tenedor.—¡Está bien! De todos modos, me suspendieron. ¡Esta noche te acompaño a beber todo lo que quieras!Los ojos de Camila se iluminaron.—¡Eso!Levantó la copa para chocar con la de ella, pero no calculó bien la fuerza y salpicó unas gotas de vino. Las dos intentaron limpiar al mismo tiempo, sus manos chocaron y soltaron la risa juntas.Mariana se limpió las lágrimas que le habían salido de tanto reír y volvió a llenar ambas copas.La televisión seguía encendida, con imágenes silenciosas que parpadeaban una tras otra.Afuera, la noche era profunda. Dentro de la sala, de vez en cuando, se escuchaban risas y ruido.***Sierraclara.Rafael estaba de pie frente a la ventana del hotel. El pantalón de vestir envolvía sus largas
El estacionamiento estaba muy silencioso. Mariana mantuvo el rostro hundido entre los brazos.En su cabeza se repetía una y otra vez aquella frase de Alejandro: “Te amo”.Después de una amenaza, esas palabras resultaban asquerosas.De todo lo que Alejandro había dicho en su vida, esa era la frase más sucia.Mariana se incorporó y se miró en el retrovisor. Tenía el cabello algo desordenado y el maquillaje ligeramente corrido. Luego empezó a acomodarse el cabello frente al espejo, apartando los mechones sueltos detrás de la oreja.¿Qué clase de situaciones no había visto ya?Solo era un linchamiento en redes.Solo era Alejandro entrando en desesperación.Después de calmarse un rato, recuperó la tranquilidad y le devolvió la llamada a Alejandro.Mejor resolverlo todo de una vez.No podía seguir alargando esto.Marcó varias veces, pero Alejandro nunca contestó.Mariana pisó el acelerador y decidió volver primero a casa.***Camila estaba sentada con las piernas cruzadas en el sofá de la
Mariana enderezó la espalda.—Sí.—Mariana. No tengo forma de distinguir si lo que circula en internet es verdad o mentira, y tampoco pienso investigarlo. Tu vida privada no me importa. Pero...Ismael hizo una pausa y golpeó el escritorio con la palma, lleno de enojo.—Tú sales al aire en horario estelar. Representas la imagen de nuestro equipo. ¡Incluso representas la imagen de Revista Económica!—¿Qué clase de lugar es Revista Económica? Un lugar que exige profesionalismo y credibilidad. Pero tú, con una sola tendencia, tiraste por la borda la reputación que la televisora ha construido durante más de diez años.Mariana bajó la cabeza y no intentó explicarse.La opinión pública ya se había desatado. Ella sola no podía cerrar tantas bocas.Solo podía resolver el problema desde la raíz.Y más o menos ya imaginaba quién estaba detrás.Le había enviado el acuerdo de divorcio a Alejandro, y él no había respondido nada. Pero apenas terminó su transmisión, la noticia negativa explotó de in
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