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Capítulo 2: El Precio de un Secreto

작가: MAINAUTHOR
last update 게시일: 2026-10-22 23:32:24

"Valeria... por favor... ábreme", jadeó su voz, apenas un susurro ronco que el viento casi se lleva.

No me moví. Lo observé a través de la grieta, sintiendo una oleada de emociones que no sabía si catalogar como satisfacción o repulsión. Estaba hecho un despojo. Su traje, que una vez fue impecable, ahora era una serie de harapos sucios y rasgados. La barba le cubría el rostro demacrado y sus ojos, antes llenos de arrogancia, ahora solo mostraban un miedo animal.

"¿Qué quieres, Aurelio?", dije, mi voz más firme de lo que esperaba. El viento la arrastró, pero él la oyó.

"Sabía que estarías aquí", dijo, con un hilo de voz. "Los rumores... el invernadero... el calor. Por favor. Estoy congelado. Me muero."

Me reí. Una risa amarga y hueca que no contenía ni un ápice de alegría. "Qué curioso. Ahora eres tú el que se está muriendo de frío. ¿Dónde está tu madre? ¿Dónde está tu ejército de sirvientes?"

"Se fueron", sollozó. "Cuando la comida empezó a escasear, cuando la calefacción falló... los sirvientes se rebelaron. Saquearon la mansión y se marcharon. Mi madre... ella... no lo logró. La gripe. O la neumonía. No lo sé. La enterré en el jardín."

Una parte de mí sintió un leve pinchazo de algo parecido a la compasión, pero la enterré rápidamente bajo capas de hielo y rencor. "Es una lástima. Parece que tus planes de dejar que los inútiles muéranos no funcionaron tan bien para ti."

"Valeria, lo siento", dijo, y las palabras sonaron tan falsas como siempre. "Me equivoqué. Mi madre me obligó. Yo... no quería hacerlo."

"Mentira", escupí. "Tú firmaste la orden. Lo vi. Ni siquiera pestañeaste. Para ti, yo era un estorbo. Un trámite. Ahora, lárgate. No tengo nada para ti."

Me di la vuelta para alejarme de la puerta. Que se congelara. Que se muriera. Sería la justicia poética perfecta.

"¡Espera!", gritó, su voz rota por la desesperación. "¡No es solo por refugio! ¡Tengo algo! ¡Un secreto! Algo que tu padre descubrió, algo por lo que lo mataron a él y a tu madre. ¡Algo que mi familia ha estado ocultando!"

Me detuve en seco. Mi padre. Mi madre. La versión oficial de sus muertes fue un accidente de tráfico en medio de un invierno temprano y brutal. Siempre sospeché que había algo más. Mi padre era un científico brillante, un investigador en el campo de la climatología. Había estado advirtiendo sobre la inminente edad de hielo durante años. Lo llamaban loco. Los Valmont, los que financiaban su investigación, fueron los primeros en ridiculizarlo.

Me giré lentamente. "¿De qué estás hablando?"

Aurelio se arrastró un poco más cerca de la puerta, la esperanza encendiendo sus ojos muertos. "El enfriamiento... no fue natural. No fue solo el sol. Fue un experimento. Un intento de modificar el clima. Algo salió mal. Tu padre lo sabía. Iba a exponerlo todo. Mi familia... ellos estaban involucrados. Lo silenciaron. El secreto está en tus manos... si me dejas entrar."

Mi corazón latía con fuerza. Una tormenta de pensamientos se desató en mi mente. ¿Era verdad? ¿Podía ser verdad? La idea de que la muerte de mis padres no fue un accidente, sino un asesinato, avivó una furia que ni siquiera el frío polar podía sofocar.

"¿Y por qué debería creerte?", pregunté, mi voz temblando, pero no por el frío.

"Porque es mi única carta", dijo, con una honestidad brutal. "No tengo nada más. Si muero aquí, el secreto muere conmigo. Y tú nunca sabrás la verdad. Nunca sabrás por qué tus padres tuvieron que morir. Déjame entrar, Valeria. Te lo contaré todo."

Lo miré. Un hombre que lo había tenido todo, ahora reducido a un mendigo que ofrecía un secreto como moneda de cambio. La idea de tenerlo bajo mi techo, de tenerlo en mi poder, era embriagadora. Pero no podía ser tan fácil. No podía ser solo "por favor" y "lo siento". Si iba a entrar en mi mundo, tendría que hacerlo bajo mis condiciones.

"Está bien", dije finalmente. "Puedes entrar."

Sus ojos se iluminaron. "Gracias, Valeria, gracias, te prometo que..."

"Silencio", lo corté. "No he terminado. Puedes entrar, pero no como mi esposo. No como un invitado. No como un igual. Si cruzas esta puerta, lo haces como mi sirviente. Trabajarás para mí. Harás lo que yo diga, cuando yo diga, sin preguntas. Tu vida me pertenecerá. ¿Entendido?"

Se quedó mirándome, atónito. El hombre que una vez me había despreciado, ahora tenía que aceptar ser mi propiedad. El orgullo luchó en sus ojos, pero el frío y la desesperación fueron más fuertes. Bajó la cabeza, derrotado.

"Entendido", susurró.

"Bien. Espera ahí."

Cerré la grieta y fui a buscar algo de cuerda. Mientras lo hacía, una idea tomó forma en mi mente. No iba a ser suficiente con tenerlo limpiando y cocinando. Necesitaba un seguro. Un recuerdo tangible de su rendición. Volví a la puerta, la abrí y lo enfrenté. El viento aulló entre nosotros.

"Antes de que entres", dije, sosteniendo un trozo de carbón que había sacado de un fuego extinguido. "Voy a dictar los términos de tu servicio. Y tú los vas a escribir."

"¿Escribir? ¿Dónde?"

"En el único lugar que siempre estará contigo", dije, señalando su pecho desnudo bajo la camisa rota. "En tu piel. Un recordatorio permanente de lo que eres. Ahora, abre la camisa."

Su rostro palideció aún más, si eso era posible. Pero no protestó. Se desabrochó la camisa con dedos temblorosos, exponiendo un pecho pálido y huesudo. Me acerqué y, con el carbón, comencé a escribir sobre su piel, justo encima del corazón. Las palabras eran claras y directas: "Propiedad de Valeria. Sirviente por contrato. Si rompe el pacto, su vida no vale nada."

Cuando terminé, lo miré a los ojos. "Ahora, repite después de mí: 'Yo, Aurelio Valmont, acepto ser el sirviente de Valeria. Mi vida le pertenece. Mi lealtad es suya. Si la traiciono, acepto cualquier castigo que ella considere oportuno, incluida la muerte'."

Lo repitió, su voz apenas un murmullo, pero lo suficientemente alto como para que el viento se lo llevara. Lo agarré del brazo y lo arrastré dentro, cerrando la puerta de un golpe. Estaba temblando incontrolablemente, pero ya no solo por el frío. La adrenalina de mi nueva realidad me recorría las venas.

Lo dejé caer cerca de la rejilla de calor y me dispuse a buscar un poco de sopa caliente. Se la llevé y se la entregué. La bebió con avidez, sin decir una palabra.

"Ahora", dije, sentándome en una silla frente a él, "el secreto. Habla."

Aurelio dejó el cuenco vacío a un lado. Me miró, y por un instante, vi algo más que desesperación en sus ojos. Vi miedo. Un miedo profundo y antiguo.

"El experimento", comenzó, su voz aún ronca. "Se llamaba 'Proyecto Génesis'. No era para detener el calentamiento global. Era para crear un invierno permanente. Un arma. Un arma de destrucción masiva. Y fue probada. En una pequeña región de Siberia. Pero algo salió mal. El efecto se descontroló. En lugar de una región, congeló el planeta. Tus padres... tu padre lo descubrió. Tenía pruebas. Iba a filtrarlas a la prensa. Por eso lo mataron."

Me quedé helada. "¿Y quién? ¿Quién ordenó el experimento?"

"El consorcio. Las familias más ricas del mundo. Ellos construyeron búnkeres. Se prepararon. Pero subestimaron la velocidad del colapso. Sus búnkeres están ahí fuera. Llenos de suministros, de tecnología. Y yo sé dónde están. Conozco las ubicaciones. Pero necesito tu invernadero para sobrevivir el tiempo suficiente para llegar a uno."

"¿Y qué gano yo con eso?"

"Mi conocimiento. Mi acceso. Podemos ir a un búnker. Tú y yo. Juntos. Hay suficiente para ambos. Y podemos encontrar a los responsables. Vengarnos. Por tus padres."

La idea de la venganza era tentadora. Pero no confiaba en él. Lo miré, arrodillado en el suelo, con mi nombre escrito en el pecho. El hombre que me había traicionado, ahora me ofrecía una alianza. Era peligroso. Pero también era la oportunidad de mi vida. Un búnker lleno de suministros podría asegurar mi futuro durante años. Y la venganza... la venganza era un premio aún más dulce.

"Está bien", dije. "Pero si intentas algo, Aurelio, si me mientes, si me traicionas de cualquier forma, no serás mi sirviente. Serás mi enemigo. Y te prometo que te arrepentirás de haber sobrevivido a la ventisca."

Él asintió, sus ojos brillando con una mezcla de esperanza y temor. "Lo entiendo."

Me levanté. "Bien. Descansa. Mañana, empezarás a trabajar. Y luego, hablaremos de los búnkeres."

Me dirigí a mi habitación, una pequeña oficina que había acondicionado. Justo cuando iba a cerrar la puerta, su voz me detuvo.

"Valeria... lamento lo de tus padres. De verdad."

No me giré. "No te creo. Y aunque te creyera, no cambia nada. Duerme. Mañana hay mucho trabajo."

Cerré la puerta y me apoyé contra ella. Las rodillas me temblaban. La magnitud de lo que acababa de descubrir era abrumadora. Un arma climática. Mis padres asesinados. Un consorcio de élite. Y yo, Valeria, la "inútil", tenía en mi poder al hombre que podía guiarme hacia la verdad.

Pero mientras me acostaba, un pensamiento me heló más que el viento exterior. Aurelio había dicho que el secreto estaba a salvo conmigo. Pero si él sabía todo esto, ¿qué le impedía a él o a otros como él matarme para silenciarme? El secreto no era mi salvación. Era mi sentencia de muerte. Y ahora, con Aurelio bajo mi techo, yo también estaba en su punto de mira. La pregunta era: ¿quién vendría primero a buscarnos?

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