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Capítulo 8: El Laberinto de Erebus

last update Veröffentlichungsdatum: 29.10.2026 00:49:57

Erebus no era un búnker. Era una ciudad subterránea. Los pasillos eran amplios y estaban iluminados por luces LED de un blanco frío e inquietante. Las paredes eran de acero pulido, y el aire tenía un zumbido constante de generadores y sistemas de ventilación. La temperatura era estable, casi agradable. Aquí no había rastro de la edad de hielo.

La señora Valmont caminaba frente a nosotros, con la espalda recta y paso firme. Detrás, dos nuevos guardias nos seguían, con sus rifles a punto. Aurelio
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    Corrimos por el pasillo lateral, dejando atrás los gritos y el caos de la sala de control. Aurelio me guiaba, su mano firme en mi brazo, su respiración agitada pero controlada."¿Qué has hecho?", jadeé, mientras esquivábamos a un guardia que corría en dirección opuesta."Saboteé el sistema de ventilación", dijo, sin soltarme. "Cuando me llevaron a la sala de control, me di cuenta de que el Arquitecto había dejado una puerta trasera en el sistema. Mi madre siempre decía que era un paranoico. No confiaba en sus propios sistemas de seguridad. Así que instaló un acceso manual.""¿Y tú sabías cómo usarlo?""Mi madre me obligó a memorizar los códigos de seguridad de Erebus cuando era niño", dijo, con una sonrisa amarga. "Para el caso de una emergencia. Nunca pensé que los usaría para sabotearlo."Llegamos a una intersección. Aurelio se detuvo, examinando las marcas en la pared. "Por aquí", dijo, señalando un pasillo estrecho. "Esto lleva a los conductos de ventilación. Si podemos llegar a l

  • EL INVERNADERO DE CENIZA   Capítulo 8: El Laberinto de Erebus

    Erebus no era un búnker. Era una ciudad subterránea. Los pasillos eran amplios y estaban iluminados por luces LED de un blanco frío e inquietante. Las paredes eran de acero pulido, y el aire tenía un zumbido constante de generadores y sistemas de ventilación. La temperatura era estable, casi agradable. Aquí no había rastro de la edad de hielo.La señora Valmont caminaba frente a nosotros, con la espalda recta y paso firme. Detrás, dos nuevos guardias nos seguían, con sus rifles a punto. Aurelio caminaba a mi lado, su rostro un poema de odio y dolor. No hablaba. No me miraba. Pero podía sentir su tensión, su rabia contenida."El Arquitecto diseñó esto hace décadas", dijo la señora Valmont, con un tono de orgullo maternal. "Un refugio para la élite. Para los que tenían la visión de prepararse para el colapso. Pero él no solo quería sobrevivir. Quería crear un nuevo orden. Un mundo donde los fuertes gobiernan y los débiles sirven.""Un mundo sin libertad", dije, en voz baja."Libertad es

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    La mujer del abrigo blanco no se movió. Permaneció en la entrada de Erebus, con las manos enguantadas a los costados y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Detrás de ella, dos guardias armados con rifles de asalto esperaban, sus rostros ocultos por cascos térmicos.Aurelio se quedó rígido a mi lado. Podía oír su respiración acelerada, el crujido de sus nudillos al apretar los puños. Lo miré de reojo. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos ardían con una furia que nunca le había visto."Mi querido hijo", repitió la mujer, con una voz suave y venenosa. "Pensé que tardarías más en llegar. Veo que la inútil de tu esposa te ha sido de utilidad después de todo."Avancé un paso, interponiéndome entre Aurelio y su madre. No iba a permitir que lo manipulara. "Señora Valmont", dije, con un tono helado. "Qué sorpresa. Los rumores de tu muerte fueron muy prematuros."Ella me miró, y por un instante, su sonrisa se tensó. "Valeria. La pequeña botánica. Debo admitir que subestimé tu ca

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