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Penulis: G.o
last update Tanggal publikasi: 2026-09-08 16:09:52

CAPÍTULO CINCO

BESÉ AL MEJOR AMIGO EQUIVOCADO

ISLA

—Asher.

Susurré por lo bajo, sintiendo cómo la emoción desaparecía de mis huesos. ¿Qué demonios está haciendo aquí? ¿Vio quién me trajo?

Antes de que mis pensamientos pudieran ir más lejos, su voz atravesó el silencioso pasillo antes de que siquiera llegara a la puerta.

—¿Dónde demonios has estado?

Me detuve en seco.

Asher estaba a unos pasos de distancia, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa; no de una manera furiosa, sino demasiado tensa como para fingir que no estaba asustado. Tenía el cabello húmedo, como si acabara de salir del gimnasio, la sudadera con capucha medio abierta y los ojos recorriéndome como si hubiera aparecido de la nada.

—Yo… —Tragué saliva—. Salí.

—Eso es lo de menos —espetó, luego exhaló bruscamente y se pasó una mano por el rostro—. Tu compañera de habitación me llamó. Dijo que habías desaparecido y que no respondías el teléfono.

Esta vez, la culpa me golpeó con más fuerza que el miedo.

—No lo escuché —dije suavemente—. Tenía el teléfono en silencio.

Me miró durante un largo segundo y luego apartó la mirada como si no confiara en su tono.

—¿Desde cuándo empezaste a ir a fiestas? ¿Y qué pasó con tu toque de queda, Isla? ¡Ya pasó la medianoche!

—Lo siento.

Eso hizo que parte de su tensión desapareciera y soltó el aire.

Su mirada bajó brevemente antes de volver a subir.

—¿Quién te trajo?

Mi corazón dio un vuelco.

No puede saber que fue Noah.

—Un… amigo —dije rápidamente, luego me obligué a mantener la voz firme—. Alguien de la universidad.

Entrecerró un poco los ojos.

—¿Un chico?

Dudé durante medio segundo de más y él lo tomó como una respuesta.

—Isla, tú no puedes estar…

—Asher —lo llamé, interrumpiéndolo suavemente—. Estoy bien. Te lo prometo.

Volvió a estudiarme, buscando algo que yo no sabía qué era. Pero lo que fuera que vio debió satisfacerlo, porque finalmente sus hombros se relajaron.

—La próxima vez —dijo—, me lo dices. O contestas el teléfono.

—Lo haré.

Asintió y luego se hizo a un lado para que pudiera abrir la puerta.

—Come algo antes de ducharte y dormir.

Sonreí débilmente.

—Sí, papá.

Resopló a pesar de sí mismo.

—Buenas noches, Isla.

—Buenas noches.

Esperó hasta que estuve dentro antes de alejarse.

Sonia estaba sentada con las piernas cruzadas sobre su cama cuando entré, con el teléfono en la mano y los auriculares sobre la cabeza.

—Oh —dijo lentamente, apartándose los auriculares—. Así que estás viva.

Dejé mi bolso.

—Hola para ti también, y gracias por abandonarme en una fiesta a la que tú me invitaste.

—No me vengas con «hola» —espetó—. ¿Sabes lo loca que me vi llamando a tu hermano a medianoche?

—Lo siento —dije de nuevo, esta vez más bajo.

Se suavizó un poco.

—Intenté comunicarme contigo. Como… muchas veces. Y estaba preocupada.

—Lo sé. No lo escuché.

Me miró antes de que una sonrisa burlona se dibujara en sus labios.

—Entonces… ¿era un chico el que te trajo?

Me quedé paralizada, con los ojos muy abiertos.

—¿Viste eso?

—Amiga —se rio—, tengo ojos.

—No fue nada.

—Eso dicen todos.

Se recostó.

—Me abandonaste en una fiesta de fraternidad y regresaste resplandeciente. Merezco detalles.

—No hay detalles.

No me creyó. Pero lo dejó pasar.

Los días pasaron demasiado lentamente para mi gusto.

Rowan me evitaba como si hubiera imaginado el beso, Ellis me observaba como si intentara resolver un rompecabezas y Noah sonreía como si supiera algo que yo no.

Dejé de ir tanto a la pista de hielo y me quedé en mi habitación, y así fue también hoy hasta que alguien llamó a mi puerta.

Fruncí el ceño, mirando la hora antes de abrirla y concluyendo que era Sonia.

Pero Sonia no llama a la puerta.

Me levanté de la cama y caminé hacia la puerta para abrirla.

Me quedé paralizada.

Ellis Grant estaba allí, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta y una expresión tan sorprendida como la mía.

—Oh —dijo—. Tú vives aquí.

—Tú… —Parpadeé—. ¿Qué haces aquí?

Soltó una risita.

—Visitando a mi hermana.

Mi confusión debió ser evidente porque inclinó la cabeza.

—¿Sonia?

La confirmación en su rostro fue todo lo que necesité y la habitación comenzó a dar vueltas.

—¿Sonia es tu hermana?

—Por desgracia —dijo con una sonrisa—. ¿También te roba los bocadillos?

Me reí antes de poder evitarlo.

—Ella roba cualquier cosa.

—Eso tiene sentido.

—Ella no está aquí —dije, haciéndome a un lado—. Pero puedes… esperar. Si quieres.

Dudó solo un segundo antes de asentir.

—Claro.

Entró y su colonia invadió todo el espacio.

¡Dios! Huele a madera de cedro.

Se sentó en el borde de la cama de ella mientras yo me acomodaba en la mía, y un silencio incómodo se instaló entre nosotros. Intentaba concentrarme en la película que estaba viendo mientras fingía que no podía sentir su mirada sobre mí.

Al menos hasta que su voz volvió a captar mi atención.

—¿Qué estás viendo?

—Una película estúpida.

—¿Te importa si me uno?

Me encogí de hombros.

—Es terrible; la odiarías.

—Perfecto.

Se levantó de la cama de Sonia antes de que pudiera protestar más y luego se acomodó a mi lado.

Estábamos más cerca de lo necesario, nuestros hombros rozándose mientras su rodilla chocaba con la mía.

En algún momento, su risa se suavizó y su brazo quedó apoyado detrás de mí. No me estaba tocando, pero era suficiente para hacerme consciente de que su mano descansaba detrás de mí.

Y eso me desestabilizó de una manera extraña.

Me volví completamente consciente de él y de la forma en que su atención se sentía diferente. Sus ojos se encontraron con los míos por quinta vez y, a diferencia de las otras veces, no apartó la mirada.

Sus ojos azul océano se clavaron en los míos y quise ahogarme en ellos.

—Isla —dijo en voz baja.

—¿Sí?

—He querido hacer esto desde hace un tiempo.

Antes de que pudiera preguntar qué, su mano rozó suavemente mi mandíbula e instintivamente me incliné hacia su toque, justo cuando sus labios se acercaron a los míos.

El calor llenó mi pecho y mis pensamientos se quedaron completamente en blanco.

El beso fue suave y cuidadoso, nada parecido al fuego de Rowan, pero se prolongó.

No sé cómo ni cuándo, pero nuestro beso avanzó hacia algo más y nuestra ropa comenzó a desaparecer.

Ellis te hacía olvidar de esa manera, y yo no estaba preparada para que me sacaran del abismo en el que estaba cayendo.

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