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ผู้เขียน: George
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-18 00:20:21

¿De este mundo tan grande, por qué tenían que ser ellos otra vez los que aparecieran frente a mí?

—¿Jenna? ¿Todavía no lo superas? —Aurel sonrió de lado, mirando el carrito de compras en sus manos con intención burlona.

A su lado, Dexter parecía volverse aún más soberbio. El tipo ni siquiera podía ocultar el brillo de satisfacción en sus ojos.

—Ya déjala, amor. Qué lástima —interrumpió Dexter con ligereza, acariciando el vientre de Aurel que empezaba a abultarse. Dibujó una sonrisa dulce, esa misma sonrisa que antes me fascinaba, pero que ahora solo veía como una máscara de podredumbre. Este tipo de verdad no tenía ni un ápice de culpa—. Se va a avergonzar más.

—¿Tan superficial es su pensamiento? —los corté con cinismo, reprimiendo la ola de calor que recorría todo mi cuerpo—. ¿Después de la villa en Santa Elena, ahora este centro comercial también les pertenece?

Aurel negó lentamente con la cabeza, haciendo un gesto con los labios mientras fingía simpatía.

—No es eso. Solo me sorprende. ¿A poco la prometida anda de compras sola? Qué lástima me da.

Solté una risa fría.

—¿Por qué tendría que darte lástima? Mi novio está preparando una fiesta espectacular para nuestra boda. Además, ya no tarda en venir por mí.

Aurel y Dexter se miraron entre sí y soltaron una carcajada llena de desdén. El sonido de sus risas puso a prueba el último remanente de mi paciencia.

—Si no me creen, es su problema. No me importa —agregué con voz plana.

—¿No te importa o tu príncipe es imaginario? —soltó Dexter con una mueca burlona—. ¿A poco ya no te alcanzó para rentar al gigoló de esa noche? ¿Apenas te arrepentiste de haberme dejado?

Me dieron ganas de callarle la boca a ese maldito en ese mismo instante. Pero discutir con ellos no llevaría a nada. ¿Debería llamar a Arlo? Mi orgullo me pesaba. Apenas hacía unas horas le había gritado y le había pedido que dejara de meterse en mi vida. Pero esta situación de verdad me estaba acorralando.

Con los dedos temblando un poco, saqué el teléfono y dejé de lado mi orgullo con tal de salir de esta apurada situación. Le marqué a Arlo.

Una llamada... no contestó. Dos llamadas... puro silencio.

La desesperación empezó a apoderarse de mí. Sin pensarlo dos veces, mis dedos escribieron un mensaje rápido:

Por favor ven al Centro Comercial Flores ahora mismo si quieres que firme ese contrato de matrimonio.

—Ya, Jenna. Mejor guarda bien tu dinero para sobrevivir —soltó Aurel, riéndose mientras mostraba sus verdaderas intenciones—. Es muy pesado mantener a un hombre. Y más siendo solo una chica de orfanato que no tiene a nadie. Ay, perdón... no fue mi intención ofenderte.

Dexter amplió aún más su mueca, disfrutando cómo Aurel me pisoteaba.

Yo me mantuve tranquila. Siempre era lo mismo desde que estábamos en la preparatoria. Cada vez que Aurel quería provocar un conflicto, terminaba sacando a relucir mi pasado, algo que en realidad ya todos sabían. Sin embargo, parecía que no se quedaría a gusto si no lo repetía mil veces.

Esta vez, ya basta. Por primera vez, decidí no quedarme callada y destapar su pasado, que era muchísimo peor.

—¿De verdad te sientes mucho mejor que yo, Rel? —respondió con calma, mirándola fijamente a los ojos—. ¿La hija de una amante? ¿Ya se te olvidó cuando corrieron a tu mamá de la casa de ese millonario por metiche? Solo era una sirvienta, pero qué agallas para andar de coqueta con el patrón. Ups. No tenía intenciones de sacarlo a flote, pero tal parece que de tal palo, tal astilla: a las dos les fascina quedarse con lo ajeno. Por suerte, lo que me quitaste esta vez no vale absolutamente nada.

El rostro de Aurel se puso pálido de pura rabia, mientras que Dexter apretó la mandíbula con fuerza. Su ego claramente quedó herido por mi contraataque, algo que jamás se esperaron.

El nudo de emociones que me oprimía el pecho se alivió un poco. Sin intenciones de esperar a Arlo, sabiendo que era imposible que viniera, mi lógica me dijo que pusiera pies en polvorosa. Pensé que podría librarme sola de esto, sin su ayuda... una ayuda que a final de cuentas solo me arrastraría a nuevos problemas.

Sin embargo, justo cuando me di la vuelta para irme, sentí un golpe fuerte de lado.

—¡Ay!

Aurel se aventó a propósito contra mí, chocando con bastante fuerza.

—Perdón —susurró despacito. Enseguida se acomodó la ropa mientras ocultaba una sonrisa mañosa.

Un mal presagio me invadió de golpe. Aunque la coraje me hervía, me aguanté las ganas de empujarla de regreso. Había un bebé inocente en su vientre y mi conciencia me impedía ser mala persona. Volteé a otro lado e intenté caminar con tranquilidad hacia la salida de la tienda.

¡BIP! ¡BIP! ¡BIP!

De repente, la alarma antirrobo sonó con fuerza, rompiendo la calma y jalando las miradas de decenas de personas hacia mí.

Me quedé helada. El guardia de seguridad de la tienda se puso frente a mí para taparme el paso. La alarma venía directamente de la bolsa que traía colgada.

Me quedé en shock. ¡Juro que no me robé nada!

Al voltear hacia atrás, vi a Aurel parada junto a Dexter con una ligera sonrisa de victoria.

Maldita sea. Esa mujer me acababa de poner una trampa.

—Señorita, disculpe. Sonó la alarma. Tenemos que revisar su bolsa —dijo uno de los guardias con firmeza, cortándome el paso.

Solté un bufido lleno de coraje, intentando defenderme ante las miradas de juicio de los demás clientes.

—¡Yo no me robé nada de aquí! ¡Ella fue la que metió algo en mi bolsa! —señalé directamente a Aurel.

En un segundo, la cara de Aurel cambió a una de víctima. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras negaba despacio con la cabeza. Una actuación impecable, mucho mejor que la de una actriz profesional. La gente a nuestro alrededor de inmediato empezó a verme con feo modo.

El guardia no lo pensó dos veces y revisó mi bolsa. Al momento, sacó una cajita con un reloj de hombre... un reloj de lujo idéntico al que le iba a regalar a Dexter.

Apreté los puños. Esos dos se habían puesto de acuerdo para ponerme la trampa. No sé en qué momento los dedos mañosos de Aurel metieron eso en mi bolsa cuando me chocó, pero su jugada le salió de maravilla.

—Escuché que mantiene a un tipo. ¡A lo mejor el reloj es para su novio! —soltó Aurel a propósito alzando la voz, echándole más leña al fuego con la gente.

—¡Yo no me robé nada! —afirmé con firmeza, tratando de controlar mi respiración.

—Disculpe, señorita. Va a tener que acompañarnos a la oficina de monitoreo. La evidencia está en su bolsa, deje de poner excusas —sentenció el guardia con frialdad.

Carajo. Empecé a maldecir por dentro cuando dos guardias me agarraron de los brazos. Intenté zafarme, pero la fuerza de una mujer no era rival para el agarre de ellos. La gente en el centro comercial fue abriendo paso, viéndome cómo me llevaban como si fuera una delincuente.

—¡Espérense! ¡¿A dónde se llevan a mi prometida?!

Una voz grave de barítono resonó entre la multitud desde atrás.

El corazón se me saltó del pecho. Dudé por un segundo, pensando que ya estaba alucinando por el deseo de que alguien me rescatara de este desastre.

—Por favor, suéltenla.

Me di la vuelta rápido. Esa voz no era ninguna ilusión. Arlo de verdad estaba ahí parado.

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