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Capítulo 4

Author: Emma
last update publish date: 2026-09-27 15:20:13

A la tía Diane se le cayó la mandíbula. Siempre supo que la anciana jamás había querido a su sobrina desde su nacimiento por el odio que guardaba hacia la madre de esta. Pero ahora Sophia estaba desaparecida y Vivian no había sido del todo sincera con sus afirmaciones. ¿Acaso no debería haber un mínimo de empatía?

​—Madre, ¿cómo puedes decir algo así? —El ceño fruncido del senador Bennett se profundizó.

​—¿Y por qué no lo haría, eh? Sophia es una niña mimada y tú eres la razón por la que estamos en este lío —arremetió la anciana.

​—Madre, por favor —intentó suplicar Vivian mientras sonreía para sus adentros. Estaba agradecida de haberse ganado por fin a la anciana matriarca de su lado. ¿Quién decía que la paciencia no era una virtud?

​—Sophia es un amor y Richard tiene razón —dijo Vivian, sosteniendo la mirada sombría de su esposo—. No debí decir todas esas cosas. Fue insensible de mi parte.

​—¿Más bien realista, si me preguntas a mí? Y no supliques en su nombre, nuerita. Si él puede tratarte así, entonces no merece tu compasión. Alguien tiene que decirle la verdad aunque le duela.

​—Yo no trato mal a mi esposa, madre. —El senador Bennett se sintió profundamente herido por el comentario de su madre—. Solo estoy preocupado por mi hija desaparecida.

​—Al igual que yo y todos los presentes en esta habitación. —La anciana suspiró, sintiendo pena por la frustración de su hijo.

​—Richard, sé que amabas mucho a tu difunta esposa. Ella sacrificó tanto por esta familia que no hay duda de por qué elegiste favorecer tanto a Sophia. Eres un buen padre, pero también has cometido muchos errores con esa chica. La consentiste demasiado. A lo mejor está en algún lado pasándolo de lo más bien mientras nosotros estamos aquí dándonos cabezazos contra la pared. Esta familia no tolerará más sus excesos. Es hora de tomar una decisión difícil o lo haré yo. Si Sophia no aparece para esta boda, será desheredada y expulsada de esta familia.

​—¿Qué? Pero madre, ¿y si realmente fue secuestrada? No podemos sacar conclusiones basadas en sus errores pasados —dijo el senador Bennett, sintiéndose más deprimido que nunca.

​Aprovechando finalmente la oportunidad que se le presentaba, Vivian sugirió:

​—¿Y si Nora la sustituye temporalmente hasta que Sophia regrese?

​—¡Qué! —Todos en la habitación ahogaron un grito de asombro.

​—Qué generoso —la hermana de Vivian fue la primera en elogiarla.

​—Es muy desinteresado de tu parte, Gina —alabó el tío Frank.

​—Estoy seguro de que Sophia estará agradecida dondequiera que esté —asintió el tío Neil.

​—Bien dicho, tía —elogió uno de los primos paternos de Sophia a la esposa del senador.

​—Suena como un buen plan si Nora está dispuesta a ayudar a su hermana —la abuela Bennett se encogió de hombros.

​La única persona que no apoyaba esta idea descabellada era la tía Diane. Se opuso a la propuesta sabiendo cuánto lastimaría a su sobrina. Pero, por desgracia, ella era solo una persona en medio de tanta gente confabulando para robarle la herencia a su sobrina.

​El estado de ánimo decaído del senador comenzó a iluminarse al ver la posibilidad de que la boda aún se celebrara mientras buscaba a su hija.

​—¿Qué hay de Nora? ¿Aceptaría sustituir a su hermana?

​—No, no lo haré, papá. —Nora entró de repente en la habitación con Ryan siguiéndole los pasos—. Jamás le haría una cosa así a mi hermana —dijo antes de correr escaleras arriba, llorando.

​—Nora... —Ryan la llamó, pero Vivian lo detuvo.

​—Ryan, déjame a mi hija a mí. Yo hablaré con ella. Nora ama profundamente a su hermana y haría cualquier cosa a su alcance para hacer feliz a Sophia, incluso sacrificar su propia felicidad. Todo lo que tienes que hacer es aceptar esta propuesta y yo iré a hablar con mi hija. Ella me escuchará.

​—¡Sí, claro! —se burló la tía Diane, tomando su bolso de mano.

​—Diane, ¿a dónde vas? —preguntó el senador Bennett.

​—Si me disculpan todos, iré a buscar a mi sobrina —dijo Diane y salió del salón con la cabeza en alto.

​—¡Bruja amargada! —murmuró Vivian entre dientes.

​—Diane... —el senador Richard llamó a su cuñada.

​—Ya veo de dónde hereda mi nieta toda su arrogancia. Esa familia es simplemente insoportable. Déjala que se vaya. —La abuela Bennett atravesó su bastón para bloquearle el paso a su hijo.

​Un destello de placer y victoria cruzó por los ojos manipuladores de Vivian al intercambiar miradas rápidas con su hermana menor.

​—No todos estarán de acuerdo con esta idea. Pero llega un momento en que debemos tomar decisiones difíciles para salvar la imagen de la familia —dijo la abuela Bennett con voz solemne—. Hoy es el día de tomar una de esas decisiones difíciles. Así que, si alguno de los presentes en esta habitación se opone a este arreglo matrimonial excepto el novio, ahora es el momento de irse.

​Se hizo un silencio absoluto en el salón, ya que nadie se opuso a la matriarca de la familia.

​—Espléndido. —La anciana sonrió—. Richard, puedes tomar el control.

​Richard dejó escapar un largo suspiro.

​—Está bien, mamá.

​Dió unos pasos hacia Ryan y le dio una palmadita en el hombro.

​—Ryan, ya te veo como a mi yerno. Sé que amas a mi hija Sophia, pero en este momento no tenemos idea de dónde está. Temo que haya tenido algún problema. Pero tengo la esperanza de que la encontraremos. La decisión depende enteramente de ti ahora. No te obligaré a casarte con Nora en lugar de su hermana. Pero si haces esto por mí y por Sophia, te estaré eternamente agradecido.

​Ryan bajó la cabeza, sumido en sus pensamientos. Había demasiado en juego y no podía permitirse defraudar a su familia.

​—Está bien, hagámoslo, tío.

​—Perfecto. —Vivian no pudo evitar sonreír ante el éxito de su plan.

​—Si me permiten preguntar... —Rita se aclaró la garganta evitando el contacto visual con el senador—. ¿De quién será el nombre que figurará en el acta de matrimonio, el de Nora o el de Sophia?

​—El de Sophia, por supuesto —respondió Vivian en tono de reproche.

​—Rita... —El senador Bennett apretó el puño.

​—Es solo una pregunta inofensiva. —Rita sonrió con timidez.

​—Sí, Nora solo está sustituyendo a su hermana. Así que es justo que el nombre de Sophia esté en el certificado de matrimonio —coincidió el tío Frank con Vivian.

​—Entonces está resuelto. —La anciana abuela aplaudió con alegría.

​—Solo queda hablar con nuestra nueva novia. Iré por ella. —Vivian se dirigió al dormitorio de su hija.

​Inmediatamente después de entrar en su dormitorio, Nora cerró la puerta tras de sí. Su corazón martilleaba desbocado contra su pecho mientras se apresuraba a entrar en su vestidor y salía con un teléfono móvil pequeño.

​Marcando el único número guardado en la agenda, se llevó el teléfono a la oreja derecha y habló con frialdad.

​—Vera, dime que ya encontraron su cadáver.

​—Aún no, Lady N —respondió una voz femenina al otro lado de la línea.

—¿Qué carajos están esperando? ¿Más dinero? ¿O quieres que esa perra de m****a arruine todos mis meses de planificación? —preguntó Nora, caminando de un lado a otro en su habitación. Pequeñas gotas de sudor ya se le formaban en la frente al considerar todas las posibilidades de que Sophia apareciera milagrosamente en la mansión.

​—No, Lady N. Tuvimos algunos inconvenientes antes. Pero ya tenemos la situación bajo control. Le puedo asegurar que no está en esta ciudad. Nuestro equipo de ataque ya se infiltró en la base de datos de la Interpol. Nos mantendrán al tanto de toda la información necesaria para rastrearla. Si aparece en nuestro radar, la eliminaremos.

​—Aún no me impresiona un carajo, Vera. —El rostro de Nora se contorsionó, con la rabia hirviendo en su voz. Su máscara inicial de vulnerabilidad había sido reemplazada por la de una criminal despiadada dispuesta a causar estragos—. Les di un trabajo simple y fracasaron miserablemente. Dime, ¿qué tan difícil puede ser eliminar a una simple muerta de hambre? Se la entregué en bandeja de plata y se las arreglaron para arruinarlo todo. Se supone que debería estar preparándome para mi boda, pero aquí estoy, estresándome por su estupidez. —Nora dejó escapar un suspiró de frustración, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.

​—Lady N, sé que metimos la pata, pero le prometo que lo arreglaremos.

​—Más les vale, o buscaré a alguien más para que se encargue de ustedes también —siseó Nora y cortó la llamada. Estaba a punto de sentarse en su cama cuando escuchó pasos que se aproximaban.

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