MasukUna grieta profunda surcó la frente de Kane mientras se levantaba y abandonaba en silencio la habitación de Sophia, cerrando la puerta sin hacer ruido tras de sí.
—Estoy perfectamente bien, mamá. No tienes de qué preocuparte —dijo Kane, sustituyendo su aura inicialmente fría y despiadada por un tono suave y afectuoso al responderle con calma a su querida madre.
—¿Quién dice?
«Aquí vamos de nuevo». Kane se masajeó la frente con leve frustración, lamentando al instante no haberle dejado una nota de voz a su aprensiva madre.
—Kane Mitchell, ¿tengo que recordarte que eres el único hombre en mi vida? ¿Acaso pretendes abandonarme como lo hizo tu padre? Se suponía que regresarías a casa anoche después de tu viaje de cuatro días. Hice que los chefs prepararan tu plato favorito, pero nunca apareciste. Sin llamadas, sin mensajes de texto, sin nada. Me quedé despierta hasta tarde esperándote, muerta de miedo. Tu número no estaba disponible y, en un momento dado, lo apagaste. Llamé a Oliver y no tenía nada que decirme. Llamé a la oficina, pero tampoco apareciste a trabajar esta mañana. Incluso intenté marcarle a Derek y tampoco daba señal. Dime, ¿quieres que me dé un ataque de hipertensión?
—Mamá, vamos. No hables de muerte, por favor. Sabes cuánto te quiero. Lo eres todo para mí —dijo Kane con un tono ligeramente dolido.
—¿Entonces me prometes que jamás volverás a darme un susto así?
—Lo siento, mamá.
—Está bien, pero tendrás que sobornarme para que te perdone.
—Ponle precio. Estoy dispuesto a comprarte todo lo que el dinero pueda pagar.
—¿Cualquier cosa?
—Sí, mamá. Lo que sea que el dinero pueda comprar.
—Mmm... Te tomaré la palabra. Pero mientras tanto, dime, ¿por qué no volviste a casa anoche?
—Surgió un pequeño inconveniente, pero lo estoy resolviendo.
—¿Es grave?
—No, mamá. No es nada por lo que debas preocuparte.
—¿Estás en la ciudad?
—No, mamá, pero tampoco estoy muy lejos.
—Dime dónde estás y me iré para allá en este instante.
—Qué... —Kane dejó escapar una leve risa.
—No me hagas perder el tiempo, jovencito. Envíame la dirección. Te llevaré la cena, ya que te has saltado tres comidas. Es tu sopa de fideos con pollo picante favorita.
—Mamá, sabes que soy un hombre hecho y derecho, ¿verdad? —El ceño fruncido de Kane se transformó lentamente en una sonrisa. No había pensado en la comida durante todo el tiempo que estuvo cuidando de Sophia, pero la sola mención de su plato favorito hizo que su estómago rugiera levemente.
—Para mí no, cariño. Siempre serás mi bebé, incluso cuando tengas tus propios hijos.
—Ejem... —Kane casi se atraganta con su propia saliva ante la mención de la palabra «hijos». Podía adivinar hacia dónde se dirigía la conversación y no estaba de humor para eso.
—Mamá, me tengo que ir. El deber me llama. Te veo esta noche.
—Kane...
—Te lo prometo. Te quiero. —Kane finalizó la llamada, sonriendo ante las inagotables tácticas de su madre para que sentara cabeza.
De vuelta en la habitación VIP, los dedos de Sophia comenzaron a moverse lentamente a su costado. El monitor cardíaco aceleró su ritmo mientras ella hacía un gesto de dolor y se estremecía, luchando por entreabrir sus débiles pestañas.
El olor a antiséptico, desinfectante y un perfume masculino ligeramente fuerte pero atrayente golpeó sus fosas nasales altamente sensibles. También podía oír los pitidos de varios dispositivos médicos, indicándole que probablemente estaba dentro de un hospital.
A medida que su visión borrosa se ajustaba lentamente a la claridad de la luz de la habitación VIP, Sophia intentó tragar saliva, pero sintió como si diminutas agujas le perforaran los suaves músculos de su garganta reseca.
Ladeando la cabeza y humedeciéndose los labios secos, su mirada se posó en una botella de agua a medio llenar que estaba sobre la mesa de noche. Intentó estirarse para tomarla, pero su cuerpo no cooperó. Sentía los brazos pesados y las piernas no le respondían.
«Mierda», exclamó Sophia en su fuero interno. Notó que había una silla arrimada junto a su cama y pudo percibir la fragancia masculina flotando en el aire. Ese aroma no le resultaba familiar.
Esta persona era un amigo o un enemigo, y Sophia decidió inclinarse por lo segundo debido a su reciente experiencia.
«¿Será que esta persona estuvo detrás del secuestro? ¿Acaso está esperando pacientemente a que despierte para torturarme?». Sophia comenzó a entrar en pánico. Intentó incorporarse y armarse con lo que pudiera encontrar, pero su cuerpo destrozado se negó a obedecerle. Estaba a punto de apoyarse en el soporte del suero cuando sus oídos captaron el sonido de alguien acercándose a la puerta.
«¡Mierda!». Sophia volvió con dolor a su posición original, cerrando los ojos y reprimiendo su respiración agitada.
Kane abrió la puerta en silencio y se escurrió hacia dentro sin hacer el menor ruido. Caminó hasta la cabecera de la cama y estaba a punto de sentarse cuando notó algo diferente en la belleza dormida.
Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y el monitor de frecuencia cardíaca marcaba ahora más pulsaciones por minuto.
Mirándola fijamente a pesar de sus ojos cerrados y escuchando su respiración, se dio cuenta de que se estaba forzando a permanecer inmóvil.
«¿Así que la pequeña zorra astuta ya está despierta y finge estar inconsciente? —Kane se rió para sus adentros, encontrando su comportamiento tan tierno como molesto—. Estoy seguro de que dos pueden jugar a este juego de apariencias».
Kane inhaló aire y se acomodó pausadamente en la silla junto a su cama, con una sonrisa maliciosa curvando la comisura de sus labios. Levantó la mano izquierda, consultó la hora en su reloj de pulsera de cuero personalizado y luego volvió a fijar su mirada fría en ella.
«Uno, dos, tres, cuatro... treinta, treinta y uno... ¿acaso este imbécil no va a decir nada?», maldijo Sophia en su corazón, mientras sus mejillas comenzaban a ponerse rojas por la falta de oxígeno. Podía notar que quienquiera que estuviese sentado a su lado la estaba observando fijamente, y cualquier movimiento que hiciera ahora —ya fuera inhalar o exhalar— la delataría. Así que aguantó la respiración.
«... Cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve...». Sophia abrió un ojo solo para asegurarse de que no se estaba imaginando a un desconocido en su mente.
—¡Te atrapé! —Una sonrisa traviesa se dibujó en la comisura de los labios de Kane.
—¡Imbécil! —Sophia inhaló y exhaló bruscamente, llenándose los pulmones de aire codiciosamente mientras miraba con furia al hombre deslumbrante sentado a su lado.
—¡Imbécil! —La sonrisa desapareció de golpe de los ojos de Kane, siendo reemplazada por algo mucho más letal. Nadie se había atrevido jamás a usar palabras tan vulgares con él. Y sin embargo, esta mujer desagradecida que no lo merecía, a quien él había arriesgado el cuello para salvar, acaba de llamarlo imbécil.
Kane simplemente no sabía cómo reaccionar. Sintió la tentación de agarrarla del cuello y desencajarle la mandíbula, pero sabía que no podía obligarse a hacer semejante atrocidad, especialmente en su estado.
Apretando ambos puños, se levantó y estaba a punto de marcharse cuando Sophia le gritó.
—Oye, tú...
Kane se detuvo en seco, pensando que ella se había dado cuenta de su error y estaba a punto de disculparse y suplicar clemencia. Pero para su sorpresa, ella repitió la misma palabra prohibida, y esta vez con muchísima firmeza.
—... imbécil, ¿piensas dejarme así? ¿No me vas a decir quién eres o por qué me quieres muerta?
Kane sintió una tormenta voraz gestándose en sus venas marcadas. Estaba apretando los dientes con tanta fuerza que la mandíbula comenzó a dolerle. Su mirada oscurecida se giró lentamente para cruzarse con la desafiante de Sophia, mientras pensaba en formas de castigarla por semejante falta de respeto. No le importaba que lo confundiera con el villano.
En este preciso momento, quería ser ese villano y mucho más.
Regresando lentamente a la cabecera de la cama, dando pasos pausados e intimidantes como un señor de la oscuridad a punto de reclamar a su víctima indefensa, la mano derecha de Kane se extendió lentamente hacia el cuello de ella.
Los ojos avellana de Sophia se abrieron de par en par, presos del pánico. Podía sentir su corazón golpeándole desbocado contra el pecho mientras se hundía más en la suave cama. Sentía que el cuerpo le fallaba mientras se agarraba con fuerza al borde de la cama, deseando no haber hecho enfadar al hermoso demonio que tenía enfrente. Pero en medio de su terror, lo reconoció.
—Kane...
Kane no anticipó este giro de trescientos sesenta grados en su personalidad. Un segundo atrás era tan vil como una cobra escupidora pidiendo la muerte, y en ese instante su voz era tan suave como la de una paloma, pronunciando su nombre con la melodía más cautivadora.
—Te conozco. Eres Kane Mitchell —repitió Sophia, mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
Kane se sintió debilitado. Retiró la mano hacia su costado, cerrando el puño.
—¿Por qué? —preguntó Sophia, considerándolo todavía como el enemigo y el hombre detrás de su secuestro—. ¿Por qué lo hiciste?
—¿Hacer qué? —retumbó la voz de Kane, recuperándola por fin, incapaz de soportar la picadura de sus insultos y acusaciones.
Sophia se estremeció ante la ferocidad de su voz. Sin embargo, esto no le impidió hacer frente a sus temores. Se le rompía el corazón y el cuerpo le dolía enormemente mientras miraba con furia al hombre responsable de su miseria.—¿Vas a negar que me mandaste secuestrar, torturar y casi matar?—¡Qué! No te des tanta importancia, Sophia —dijo Kane entre dientes apretados—. No eres tan especial y yo no soy tan descuidado. Reserva tu rabia para quienes te traicionaron; estoy seguro de que vas a necesitar todas las fuerzas que tengas.Con esas frías palabras, Kane se alejó de su lado y salió enfurecido de la habitación VIP, dando un portazo tan fuerte que hasta las bisagras se quejaron amargamente.Minutos después, un grupo de médicos y enfermeras entró a la habitación VIP para examinar a Sophia.Sophia sintió un gran alivio al ver esos rostros amables. No puso ninguna objeción mientras el médico jefe le examinaba los signos vitales, asegurándose de que estuviera sanando bien y no su
Una grieta profunda surcó la frente de Kane mientras se levantaba y abandonaba en silencio la habitación de Sophia, cerrando la puerta sin hacer ruido tras de sí.—Estoy perfectamente bien, mamá. No tienes de qué preocuparte —dijo Kane, sustituyendo su aura inicialmente fría y despiadada por un tono suave y afectuoso al responderle con calma a su querida madre.—¿Quién dice?«Aquí vamos de nuevo». Kane se masajeó la frente con leve frustración, lamentando al instante no haberle dejado una nota de voz a su aprensiva madre.—Kane Mitchell, ¿tengo que recordarte que eres el único hombre en mi vida? ¿Acaso pretendes abandonarme como lo hizo tu padre? Se suponía que regresarías a casa anoche después de tu viaje de cuatro días. Hice que los chefs prepararan tu plato favorito, pero nunca apareciste. Sin llamadas, sin mensajes de texto, sin nada. Me quedé despierta hasta tarde esperándote, muerta de miedo. Tu número no estaba disponible y, en un momento dado, lo apagaste. Llamé a Oliver y
Mientras Kane permanecía al lado de Sophia esperando pacientemente a que recuperara el conocimiento, Derek se convirtió en sus ojos y oídos en el mundo exterior del hospital.Siguiendo las estrictas instrucciones de su jefe, Derek contrató los servicios de un equipo fantasma compuesto por un rastreador, un hacker y un cazador feroz.Este letal equipo recibió dos datos fundamentales para llevar a cabo su misión: el número de matrícula del BMW en fuga y la ubicación del lugar del accidente. Financiados y dejados en libertad de acción, se lanzaron a la caza de los tres sospechosos criminales responsables del estado casi fatal de Sophia.En cuestión de horas, el BMW abandonado fue rastreado hasta Redgate City, a 100 km al norte del condado de Preston.Tras una investigación más profunda, el rastreador descubrió que no eran los únicos que buscaban a los criminales fugitivos. Otro grupo, igualmente bien financiado, estaba tras la pista de su objetivo.Cambiando las tornas sobre los seg
Pensando que era Ryan, Nora corrió velozmente hacia su vestidor y escondió el teléfono. Luego se dirigió a toda prisa hacia su peinador, tomó su barra de mentol para lágrimas, se la aplicó debajo de los ojos y corrió de regreso a la cama, casi tropezando en el camino. Se arrojó sobre el colchón justo a tiempo cuando la perilla de la puerta giró.—Vete, Ryan. Quiero estar sola —dijo Nora con voz fingidamente quebrada mientras la puerta se abría. Estaba de espaldas a la entrada, por lo que no pudo ver la sonrisa astuta que se dibujaba en el rostro de su madre.—Te mereces un premio Óscar a la mejor actriz de Hollywood, cariño —la elogió Vivian tras cerrar la puerta y echar el cerrojo.—Mamá... —Nora se giró de lado, un poco decepcionada al ver a su madre—. Pensé que era Ryan —se lamentó, bajando de la cama.—Tenías que haber visto a ese cachorro enamorado a punto de correr tras de ti si no lo hubiera detenido.Una fina sonrisa cruzó los labios de Nora mientras tomaba un pañuelo de
A la tía Diane se le cayó la mandíbula. Siempre supo que la anciana jamás había querido a su sobrina desde su nacimiento por el odio que guardaba hacia la madre de esta. Pero ahora Sophia estaba desaparecida y Vivian no había sido del todo sincera con sus afirmaciones. ¿Acaso no debería haber un mínimo de empatía?—Madre, ¿cómo puedes decir algo así? —El ceño fruncido del senador Bennett se profundizó.—¿Y por qué no lo haría, eh? Sophia es una niña mimada y tú eres la razón por la que estamos en este lío —arremetió la anciana.—Madre, por favor —intentó suplicar Vivian mientras sonreía para sus adentros. Estaba agradecida de haberse ganado por fin a la anciana matriarca de su lado. ¿Quién decía que la paciencia no era una virtud?—Sophia es un amor y Richard tiene razón —dijo Vivian, sosteniendo la mirada sombría de su esposo—. No debí decir todas esas cosas. Fue insensible de mi parte.—¿Más bien realista, si me preguntas a mí? Y no supliques en su nombre, nuerita. Si él puede
Dentro del amplio salón principal, algunos miembros de la familia, vestidos ya con ostentación para la ocasión, se sentaban en pequeños grupos cuchicheando entre sí.—¿Dónde está la novia? —era la pregunta en boca de todos.Mientras algunos parientes lejanos hacían un esfuerzo activo por obtener información sobre la desaparecida Sophia, otros simplemente se regocijaban en su repentina ausencia, haciendo suposiciones y falsas acusaciones.Se veía a varios hombres con trajes negros de vestir, que resultaban ser detectives, desplazándose de un lado a otro, hablando con distintos miembros de la familia y recopilando información.—Papá, ¿qué vamos a hacer? —Nora no podía contener las lágrimas que brotaban de sus ojos enrojecidos—. Han pasado más de catorce horas desde la última vez que vi a Sophia. Tengo mucho miedo.El acongojado padre estrechó a su segunda hija entre sus brazos.—No lo tengas, mi amor. Tu hermana aparecerá. Mantengamos la fe.—¿Y si...—Chist... nada de «y si».







