Share

Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás
Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás
Penulis: Yolanda

Capítulo 1

Penulis: Yolanda
Valeria y Santiago llevaban cinco años en un matrimonio secreto, cumpliendo con las obligaciones conyugales, pero sin amor entre ellos. Más bien, debería decirse que ella ocultaba sus sentimientos hacia su esposo.

En la noche de fin de año, mientras la ciudad se cubría de nieve y por todas partes se escuchaba la alegría de las celebraciones de navidad, en el amplio conjunto residencial Las Palmas se encontraba Valeria sola. Se había preparado un plato de pasta, pero no había tocado nada de su comida.

El teléfono sobre la mesa de comedor reproducía una transmisión en vivo. En la pantalla se veían unas manos masculinas tomando un anillo de diamante para ponerlo con cuidado en el dedo anular de una mujer. En el video se escuchaba la voz suave de una mujer.

—Santiago, por favor, cuida de mí el resto de nuestras vidas.

Valeria fijó su mirada en el reloj que llevaba el hombre en la muñeca. Este era una pieza de edición limitada que servía como su marca distintiva. Entonces, una sensación agria se extendió por su pecho. La imagen se había detenido y sus ojos continuaban sin apartarse de la pantalla; solo podía confirmar una y otra vez lo que ya sabía de forma casi masoquista.

Hacía medio año que aquella mujer la había agregado a WhatsApp. Desde entonces, veía a su esposo en las historias de esa mujer. Después de cinco años de matrimonio, Valeria descubrió que su marido también podía ser tierno, romántico y atento.

La pasta, que antes soltaba un leve vapor por el calor, ya se había enfriado por completo. Quiso probarla y alzó el tenedor, pero sus brazos no tenían fuerza. Al igual que su matrimonio, no valía la pena seguir intentándolo.

Valeria cerró los ojos mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Después de un momento se levantó para regresar a su habitación. Allí se aseó, apagó las luces y se acostó.

Ya era muy tarde cuando escuchó los ruidos de alguien quitándose la ropa. Valeria estaba costada en la cama. Sabía que Santiago había regresado, pero mantuvo los ojos cerrados fingiendo estar dormida.

La cama se hundió y luego él la abrazó. Valeria puso una cara de desconcierto. Un momento después, su camisón fue levantado y una palma seca y cálida la tocó.

Ella se estremeció y abrió los ojos de golpe. Su cara masculina de rasgos definidos estaba muy cerca de ella. Sobre la nariz aún llevaba sus gafas plateadas. La pequeña lámpara de noche en la cabecera de la cama estaba encendida, proyectando una tenue luz naranja sobre los cristales. Tras los lentes, los ojos del hombre mostraban una mirada de deseo.

—¿Cómo es que regresaste tan pronto? —Preguntó Valeria con voz suave.

Santiago la miró, notando el enrojecimiento de sus ojos por haber llorado tanto. Entonces curvó ligeramente sus cejas.

—¿No me das la bienvenida?

Valeria lo miró a los ojos y dijo en voz baja: —No es eso, solo es que me sorprendiste.

Con la punta de los dedos acariciaba suavemente la cara de Valeria. Su mirada se oscureció y con voz grave le ordenó: —Quítame las gafas.

Valeria estaba confundida. Mientras, él continuaba tocándole la mejilla, ella contempló la cara que la había obsesionado durante años; pero en su mente solo estaba la imagen que había visto momentos antes en su teléfono. Por primera vez, ella, que siempre evitaba arruinar su estado de ánimo, le respondió con frialdad.

—No me siento muy bien.

—¿Te llegó el periodo?

—No, es solo que…

—Entonces, no arruines el momento. —La interrumpió, indiferente, sus ojos se llenaron de la densidad de la noche.

Valeria sabía que él no estaba dispuesto a dejarla ir. En su matrimonio, ella siempre había sido la parte que se humillaba y cedía. Sintió una punzada de dolor en el pecho y no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas.

El hombre tiró sus gafas a la mesita de noche, y sus manos sujetaron con firmeza los delicados tobillos de Valeria. La luz de la cabecera se apagó, dejando el dormitorio en completa oscuridad.

Los sentidos de ambos se amplificaron. Después de un mes sin verse, Santiago se mostró aterradoramente dominante. Valeria resistió, sin éxito. Al final solo pudo apretar los dientes y soportarlo.

Afuera la nieve caía con intensidad mientras el viento aullaba. No supo cuánto tiempo había pasado cuando quedó empapada en sudor, sintiendo cierta molestia en el abdomen.

Recordó que su menstruación se había retrasado. Aun así, logró decir: —Santiago, yo...

Pero el hombre, molesto por su distracción, se volvió más agresivo en sus movimientos. Los sonidos entrecortados de ella fueron ahogados por sus besos dominantes.

Cuando terminó, todavía no había amanecido. Valeria estaba exhausta hasta el punto de perder la conciencia. Tenía un dolor sordo en el abdomen que, aunque no era intenso, tampoco podía ignorar.

Al escuchar el sonido del teléfono, se esforzó por mantener la conciencia y abrir los ojos. Con su visión borrosa, pudo ver al hombre caminando hacia la ventana para responder la llamada. La habitación estaba demasiado silenciosa, por lo que pudo escuchar vagamente una voz femenina del otro lado de la línea.

Él consoló a quien estaba al teléfono, ignorando por completo a la mujer que estaba a su lado. Poco después se escuchó el sonido del motor del carro. Santiago se había ido.

*

Al día siguiente cuando despertó, el lugar a su lado estaba frío. Valeria se dio la vuelta y se tocó el vientre. Ya no le dolía.

El teléfono sonó: era Fiona, la madre de Santiago.

—Ven aquí de inmediato. —Le dijo con un tono que no aceptaba un no por respuesta.

Ella respondió con un murmullo y Fiona colgó.

Durante los cinco años de matrimonio con Santiago, Fiona siempre la había tratado con desprecio. Valeria ya estaba acostumbrada. Después de todo, los Rodríguez eran la familia principal de las cuatro más poderosas de San Aurelio. Aunque ella había nacido en el seno de la familia Núñez, era una hija abandonada que no recibía favor alguno.

Su matrimonio con Santiago había surgido de una transacción. Cinco años atrás, su madre había matado a su padre en un acto de legítima defensa durante un episodio de violencia doméstica, pero fue acusada de exceso en la defensa. Su hermano se había aliado con la abuela y toda la familia Núñez para acusar a su madre, buscando la pena de muerte.

La familia materna de su madre, los Vargas, también pertenecía a una de las familias más poderosas de San Aurelio. Pero después del incidente declararon que no tenían relación con ella. Cuando Valeria defendió a su madre, sufrió represalias brutales por parte de ambas familias. En un momento de desesperación, su mentor le recomendó buscar a Santiago.

En términos de poder, los antecedentes de los Rodríguez eran algo que ni los Vargas ni los Núñez unidos podían hacer tambalear. En términos legales, hasta ese momento Santiago no había perdido ningún caso.

Él logró conseguir una sentencia de cinco años para su madre, y según el acuerdo, Valeria se casaría en secreto con él.

Según lo que Santiago le había contado, los padres biológicos de su hijo adoptivo, Nicolás, habían muerto en un accidente. Como él y el padre de Nicolás eran buenos amigos, había decidido adoptar al bebé.

Ya habían pasado cinco años y, en un mes más, su madre saldría de prisión por finalizar su condena. El matrimonio había tenido un precio establecido desde el principio: cada uno obtenía lo que necesitaba y así ninguno salía perdiendo.

Lamentablemente, sabía desde el comienzo que ese matrimonio no tenía nada que ver con el amor y que no sabía cuándo terminaría. Pero ella ya había entregado silenciosamente su corazón.

Valeria apartó esos pensamientos, se levantó y entró al baño. Mientras se bañaba, otra vez, sintió molestias en el vientre y esa sensación de inquietud volvió a surgir en su corazón.

Ella y Santiago casi siempre tomaban precauciones, excepto por aquella vez hace un mes, cuando él había bebido demasiado. Aunque al día siguiente ella había tomado la píldora, los anticonceptivos de emergencia tenían posibilidad de fallar.

Para salir de dudas, mientras conducía hacia la casa de los Rodríguez, se detuvo frente a una farmacia, bajó del carro y compró una prueba de embarazo.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 640

    Dentro del probador, Valeria tenía un montón de lencería en los brazos, completamente congelada en su lugar. El probador de apenas un metro cuadrado se sentía apretado incluso para una sola persona. Y para colmo, el probador conectaba con el ático de arriba, que era una bodega.Se escucharon pasos acercándose. Valeria sintió algo, levantó la mirada y una figura apareció frente a ella.El hombre estaba completamente de negro, con una gorra bien baja y casi medio rostro cubierto por una mascarilla negra. Los únicos ojos visibles eran alargados y profundos. Con sus piernas largas, bajar las escaleras de caracol le tomó solo dos pasos.En el momento en que él apareció, Valeria entendió al instante la intención de Naia. Se quedó mirando fijamente al hombre frente a ella. Por un momento, el tiempo pareció detenerse.Seguía disfrazado como Alonso. Ella sabía que para el mundo exterior Santiago todavía tenía que ser un muerto. Solo que no entendía qué significaba que viniera a verla así disfra

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 639

    Al final, Leonel aceptó lo que Valeria le pidió.Pero con la condición de que esperara a recuperarse un poco más.Además, aunque saliera, tenía que ir acompañada.Valeria no quería que Carla la acompañara.Naia se ofreció de voluntaria.Valeria aceptó a regañadientes.Tres días después, Naia acompañó a Valeria a salir.El destino era el centro comercial más grande del centro de la ciudad.Ese día Leonel tenía asuntos importantes y no podía acompañarlas, así que mandó a Enzo con un grupo de hombres vestidos de civil para que las protegieran discretamente.Al llegar al centro comercial, Valeria y Naia tomaron el elevador al tercer piso, al área de ropa.Naia quería ver ropa de bebé.Valeria fue arrastrada por ella para ir juntas.Enzo y varios hombres las vigilaban de cerca todo el tiempo, sin alejarse mucho.Naia escogió varios conjuntitos de bebé y le pidió a Valeria que la ayudara a decidir.—Valeria, ¿cuál te parece mejor?Valeria miró esa ropita tan pequeña y sintió su corazón ablan

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 638

    —Solo controlarla.Valeria lo miró fijamente.—Pero no puedes curarla del todo, ¿cierto?Leonel se quedó callado.—Da igual.Valeria se llevó la mano a las sienes que le dolían un poco.—Tengo sed.—Ahora te traigo agua.Leonel se paró de inmediato a traer agua. Sostuvo el vaso con una mano y con la otra ayudó a Valeria a sentarse, dejándola recargarse contra él.Ella no quería estar pegada a él, pero de verdad no tenía ni una pizca de fuerza.Leonel, para que no se fuera a ahogar, hasta le puso un pitillo.Valeria tomó algunos sorbos y su garganta seca y rasposa por fin se sintió mejor.—Tengo ganas de tomar sopa.Valeria lo pidió directamente.Que quisiera comer era buena señal.Leonel la recostó otra vez en la cama, se levantó y dejó el vaso en la mesa.—Voy a decirle a Clara que la prepare.—Leonel, quiero salir.—Apenas estás mejorando, no te conviene que te dé el aire.—No hablo de ahorita.Valeria lo miró, tranquila.—Digo que quiero salir afuera, ir de compras, dar un paseo, lo

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 637

    Leonel estiró la mano para agarrar la de Valeria.—Mientras esté aquí, no voy a dejar que te pase nada.Valeria reprimió las ganas de quitarle la mano, su expresión era indiferente.—Leonel, no eres Dios. En este mundo cada persona tiene su propia cruz que cargar. No necesitas ocultármelo, la vida y la muerte son destino, puedo aceptarlo.El tono de Leonel se puso más pesado.—Ya te lo dije, no voy a dejar que te pase nada.Valeria hizo una pequeña sonrisa.—Por cómo hablas, siento que no me queda mucho tiempo.Leonel se quedó paralizado y luego apretó fuerte los labios.Valeria conocía las habilidades médicas de Leonel. En el pueblo antiguo, cuánta gente venía de lejos buscando tratamiento. Él era el último discípulo de Pedro, además tenía talento natural. Muchas enfermedades complicadas y raras, él las podía curar.Valeria tenía una vaga sospecha en su corazón, pero no preguntó más.—¿El asunto de la boda se va a posponer?Valeria le quitó la mano mirando a Leonel con voz tranquila.

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 636

    Al final no terminaron de tomar las fotos de los diez vestidos de novia. Cuando iban por el tercer vestido, Valeria se desmayó.Cuando Leonel la agarró, notó que estaba hirviendo de fiebre. La levantó en brazos y se fue hacia la casa rodante.Ya adentro de la casa rodante, le chequeó el pulso. Ella estaba quieta en sus brazos, con las mejillas rojas por la fiebre.El pulso hizo que Leonel se pusiera serio.Volvieron a la hacienda privada de Santa Catalina. Leonel entró a la casa con Valeria desmayada en brazos.En la sala, Naia estaba mirando tele. Cuando los vio, enseguida se paró a recibirlos.—¿Qué le pasó a Valeria?Leonel ni la miró ni le contestó, se fue directo hacia el segundo piso.Naia, preocupada por Valeria, los siguió por las escaleras.Leonel acostó a Valeria en la cama, se volteó y al ver a Naia, con cara seria, le ordenó:—Dile a Clara que suba.—Ok.Naia llamó a Carla para que subiera.Leonel dijo:—Ayúdenme a quitarle el vestido de novia.—¡Por supuesto!Leonel se dio

  • Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás   Capítulo 635

    Ese era un mundo que Valeria no podía imaginar en absoluto. También era un mundo que nunca sería reconocido por la gente.***La ropa de ambos quedó completamente arruinada por la sangre.Leonel llamó a las estilistas. Cuando una de ellas entró y vio la escena, quedó atónita.—Ayuden a mi esposa a cambiarse a un nuevo vestido de novia.La voz de Leonel era gélida. Al ver a la estilista dudar si hablar o no, su expresión se ensombreció.—Cierren la boca y hagan su trabajo.—Sí.La estilista bajó la cabeza evitando la mirada de Leonel y ayudó a Valeria a entrar al vestidor.Otra estilista entró cargando un botiquín de primeros auxilios.—Señora Sanz, el señor Sanz me pidió que primero le curara la herida.Valeria estaba sentada frente al espejo de maquillaje, con las manos firmemente entrelazadas. Debido a la agitación emocional, aún temblaba sin parar.Lo que la estilista dijera, ella no lo escuchaba.—¿Señora Sanz?La estilista habló de nuevo. Las pestañas de Valeria temblaron, levantó

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status