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CAPÍTULO 2: El negocio perfecto

作者: Gaela Nakpil
last update 公開日: 2026-09-11 03:35:20

—¿Sigues aquí?

Alexander ni siquiera levantó la mirada de la pantalla. Llevaba más de una hora revisando

los informes financieros del trimestre y todavía tenía varios documentos pendientes sobre el

escritorio.

—Tengo trabajo, Nicolás. Si viniste a buscarme para salir, tendrás que hacerlo sin mí.

Nicolás soltó una risa y se acercó al pequeño bar junto a la ventana. Se sirvió un poco de

whisky antes de acomodarse frente al escritorio.

—Tienes una obsesión y sigues llamándola trabajo. No es lo mismo, amigo mío.

Alexander continuó leyendo los documentos como si no hubiera escuchado.

—Si tienes algo que decirme, dilo de una vez. No tengo toda la noche.

—Eso es precisamente lo que me preocupa. Llevas seis años diciendo que no tienes tiempo

para nada que no sea la empresa.

Alexander finalmente levantó la mirada.

—No empieces.

—No he dicho su nombre.

—No hace falta. Sé perfectamente de quién estás hablando y ya te dije que no quiero hablar

de ella.

Nicolás bebió un sorbo de su whisky y lo observó durante unos segundos. No era la primera

vez que intentaba hablar con Alexander sobre aquel tema, pero cada vez que mencionó el

nombre de Sofía, la expresión de su amigo cambiaba por completo.

—Yo tampoco quiero hablar de Sofía. Estoy hablando de ti. Ella se fue hace seis años y,

que yo sepa, se llevó sus maletas, no tu vida entera.

Desde entonces no has vuelto a una fiesta, no has salido de vacaciones y ni siquiera te has

acercado a otra mujer. Empiezo a pensar que, además de llevarse sus maletas, también se

llevó tu virilidad.

La mirada de Alexander se volvió peligrosa.

—Cuidado con lo que dices. —Digo lo que todos pensamos y nadie se atreve a decirte en la cara. Para castigarte así,

mejor le hubieras dado la oportunidad de explicarse, pero como siempre te ganó el orgullo.

Alexander cerró la computadora y se recostó en su silla. Durante unos segundos

permaneció en silencio, observando a Nicolás con una expresión que dejaba claro que su

paciencia estaba llegando al límite.

—¿Terminaste?

—Casi. Solo quería comprobar cuánto tardabas en enfadarte. Ahora que ya tengo la

respuesta, podemos hablar de algo que sí puede

interesarte.

—Entonces habla.

La sonrisa de Nicolás cambió. Dejó el vaso sobre la mesa y sacó una carpeta de su maletín.

—SWR Technologies.

Alexander tomó la carpeta y comenzó a revisar los documentos.

—¿La compañía de ciberseguridad?

—La misma. Han desarrollado una tecnología que podría cambiar por completo el mercado.

Se llama Nexus y combina sistemas de cifrado con un procesamiento de datos que ninguna

de las compañías que hemos estudiado ha conseguido replicar.

Alexander pasó varias páginas mientras Nicolás continuaba explicando los detalles.

—Tres de las empresas tecnológicas más importantes del país intentaron comprar los

derechos y las rechazaron. Ni siquiera aceptaron negociar una venta parcial.

—¿Quién está detrás de Nexus?

—Ahí es donde la historia se pone interesante.

Nicolás señaló una de las hojas.

—La patente original pertenece a Giuliana Bianchi.

Alexander detuvo el movimiento de sus manos.

—La princesita Bianchi.

—Exactamente. Le dicen así por su apellido, pero se lo ganó de verdad cuando empezó a

destacar en tecnología siendo apenas una niña. A los catorce años ya había creado

sistemas que dejaron impresionados a ingenieros con décadas de experiencia. Alexander volvió a mirar el informe. El nombre de Giuliana Bianchi aparecía varias veces

acompañado de cifras, patentes y contratos que convertían aquella empresa en una

oportunidad demasiado grande para ignorarla.

—¿Y ahora?

—Desapareció.

—¿Desapareció cómo?

—De la vida pública. No concede entrevistas, no aparece en conferencias y nadie ha

conseguido una fotografía reciente de ella.

Algunos dicen que vive fuera del país; otros creen que simplemente decidió desaparecer y

dejar que su empresa hablara por ella.

Alexander cerró la carpeta lentamente.

—Pero SWR sigue creciendo.

—Y bastante. Por eso quiero que consigamos ese contrato antes de que otra compañía se

nos adelante.

—Quiero una reunión con ellos.

Nicolás sonrió.

—Sabía que dirías eso. También supuse que querrías el contrato de distribución.

—No me conoces tan bien como crees.

—Te conozco demasiado bien. Cuando ves una oportunidad de negocio, no la sueltas hasta

conseguirla.

Alexander ignoró el comentario.

—¿Puedes conseguir la reunión?

—Puedo intentarlo, pero no será sencillo. Hay empresas con mucho más dinero que

nosotros intentando acercarse a ellos desde hace meses.

—Entonces tendremos que encontrar otra manera.

Nicolás se quedó observándolo con una sonrisa divertida.

—Por eso hice algo mejo.

—¿Qué hiciste?

Nicolás sacó su teléfono del bolsillo y lo dejó sobre el escritorio. —Conseguí el número de teléfono de Giuliana Bianchi.

Alexander miró el teléfono unos segundos antes de extender la mano.

—Dámelo.

Nicolás lo retiró justo antes de que pudiera tomarlo.

—Primero admite que, por una vez, mi existencia resulta bastante útil.

—Nicolás, llevo años soportando tus estupideces. No abuses de mi paciencia.

Nicolás soltó una carcajada y finalmente dejó el teléfono frente a él.

—Llámala. Si conseguimos hablar directamente con Giuliana, quizá tengamos la

oportunidad de cerrar el negocio antes que todos los demás.

Alexander tomó el teléfono y observó aquel número desconocido en la pantalla.

No sabía quién era Giuliana Bianchi ni qué clase de mujer encontraría al otro lado de

aquella llamada. Lo único que sabía era que Nexus podía convertirse en uno de los

negocios más importantes de Sterling Company en los últimos años.

Y Alexander nunca había sido un hombre dispuesto a dejar escapar una oportunidad.

— — —

—Mamá, vas a llegar tarde otra vez.

Sofía levantó la mirada de la pantalla de su computadora y encontró a su hijo frente a ella,

con la mochila puesta y los brazos cruzados.

—¿Desde cuándo eres tú quien controla mi horario?

—Desde que prometiste que hoy ibas a llevarme al colegio.

Mia, sentada en el sofá con una taza de café, soltó una carcajada.

—Tiene razón. Ese niño ya aprendió a reclamarte las promesas.

—No lo animes —respondió Sofía, cerrando la computadora con un suspiro—. Dame cinco

minutos.

—Eso dijiste hace veinte minutos.

—Es que esto no se cierra solo, Giorgio. Hay tres empresas esperando que les confirme la

implementación esta semana. —Las empresas pueden esperar. Yo no.

Mia casi escupió el café. Se limpió con el dorso de la mano, todavía riendo.

—Ese niño te va a manejar mejor que cualquier junta directiva.

– Y tú tienes la culpa por consentirlo tanto. No siempre tienes que ser la tía perfecta.

Sofía sonrió a pesar de sus regaños. No podía estar más agradecida con ella. Cuando se

fue del país, Mia había dejado todo para acompañarla. Había sido su mejor amiga durante

los momentos más difíciles y también había estado a su lado durante el parto, gritándole a

todo pobre médico que pasaba por la sala que hiciera algo porque Sofía estaba sufriendo

demasiado.

Desde entonces, Mia había tratado a Giorgio como un hijo. Incluso había sido ella quien

terminó eligiendo su nombre y quien lo había mimado tanto que, algunas veces, Sofía

pensaba que tenía una pequeña copia de Mia frente a ella.

—Está bien, pequeño jefe. Vamos.

—¿Y el chocolate que prometiste para el recreo?

—Giorgio...

—Fue una promesa, mamá.

Mia soltó otra carcajada.

—Dale el chocolate, Sofía. No puedes negociar con un ejecutivo de seis años.

Sofía negó con la cabeza, abrió uno de los cajones y sacó el chocolate que había comprado

la tarde anterior.

—Toma. Pero no le digas a nadie que gano todas las juntas de informática, pero pierdo

todas contigo.

—Trato hecho.

Giorgio tomó su mochila y se acercó a la puerta, pero antes de salir, el teléfono de Sofía

emitió una notificación.

El nombre que apareció en la pantalla hizo que se quedara completamente inmóvil.

Alexander Sterling.

Durante unos segundos, Sofía no pudo apartar la mirada del teléfono. Habían pasado seis

años desde la última vez que había visto aquel nombre aparecer frente a ella y, aunque se había repetido cientos de veces que ya no significaba nada, su cuerpo reaccionó antes que

su razón.

Sus dedos temblaron cuando finalmente abrió el mensaje.

Señorita Giuliana Bianchi, soy Alexander Sterling, presidente de Sterling Company. Me

interesa conversar con usted sobre una posible alianza comercial. Estoy interesado en

Nexus y estoy dispuesto a ofrecerle un acuerdo muy beneficioso.

Sofía leyó el mensaje dos veces. No podía creer que, después de seis años, Alexander

hubiera conseguido encontrarla precisamente por aquello que había construido lejos de él.

Mia nota el cambio en su expresión.

—¿Qué sucede?

Sofía apagó la pantalla.

—Nada.

No quería explicarlo todavía. Había pasado demasiado tiempo construyendo una nueva vida

como para permitir que un simple mensaje del pasado alterara todo lo que había

conseguido.

Volvió a mirar el teléfono y comenzó a escribir.

Sus dedos todavía temblaban, pero cuando envió la respuesta, cada palabra sonó tan firme

como si nunca hubiera dudado.

No tengo interés en hacer negocios con usted, señor Sterling. No vuelva a contactarme.

Pensó que con eso terminaría la conversación.

Pero el teléfono volvió a vibrar casi de inmediato.

No acostumbro aceptar una negativa sin conocer las razones. Si las condiciones de mi

propuesta no son de su agrado, estoy dispuesto a negociarlas. Nexus es demasiado

importante para dejar pasar una oportunidad como esta.

Sofía observó la pantalla en silencio.

Alexander Sterling seguía creyendo que podía conseguir todo lo que se proponía.

Pero esta vez no sabía con quién estaba tratando.

Y, sobre todo, no sabía que la mujer detrás de Nexus era la misma esposa a la que había

expulsado de su vida seis años atrás.

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