Héctor terminó la llamada, dejó el celular sobre el buró y apagó la luz.La habitación quedó sumida en la oscuridad y, con ella, también parecieron apagarse las intensas emociones de hacía un momento.Él se acostó boca arriba, cerró los ojos despacio y su respiración se fue calmando.Julieta, en cambio, no podía dejar de pensar en la voz de Sofía y era incapaz de tranquilizarse.***Cuando despertó al día siguiente, sentía todo el cuerpo acalorado y un peso encima.Al recuperar poco a poco la conciencia, lo primero que vio fue el rostro apuesto y sereno de Héctor.Se quedó desconcertada. Héctor la rodeaba por completo con los brazos y, además, le había echado una pierna encima, de modo que apenas podía moverse.Julieta forcejeó para librarse de su abrazo, pero Héctor la sujetaba con demasiada fuerza y no parecía dispuesto a despertar.Así que estiró la mano y le dio un fuerte pellizco en el muslo.Todavía dormido, Héctor frunció el ceño y abrió los ojos lentamente.Julieta dijo:—Suél
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