Inna subía las escaleras con pasos torpes y el cuerpo pesado, apoyándose en la pared hasta llegar a su puerta, pero justo cuando estaba a punto de entrar, la habitación de enfrente se abrió de golpe, haciéndola dar un respingo por el susto. Evitando mirar a Nikolai, quien mostraba un semblante de pocos amigos, murmuró: —Buenos días... —¡Qué buenos días ni qué nada! ¡Mira la hora que es! —exclamó él, furioso, mientras le plantaba el reloj de pulsera casi en la nariz—. De todas formas ya llegamos tarde a la empresa, así que mejor ni vamos. ¿Y qué me ves? ¡Tú tuviste la culpa por no despertarme! Demasiado mareada como para arrastrarlo al corporativo y sabiendo que no lograría hacerlo cambiar de opinión, se limitó a asentir antes de girar la perilla y entrar a su cuarto. Nikolai alcanzó a notar un enorme hematoma en su codo y estuvo a punto de reclamarle algo, pero la mujer cerró la puerta a sus espaldas sin fuerzas, dejándolo estático frente a la madera, apretando los puños con frustr
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-17 Mehr lesen