POV de Julián Martinez El cepillo de cerdas duras pasaba una y otra vez sobre el lomo de Centella. A sus casi veinte años, el azabache ya no era el corcel brioso que devoraba los potreros de la hacienda, pero yo lo cuidaba como si fuera de oro.Era el caballo de Antonia.Cada cana en el hocico del animal y cada cicatriz en su pelaje me recordaban a ella. Me recordaban a la niña consentida de la casa grande que aprendió a galopar a mi lado, y a la muchacha de dieciséis años con la que me había entregado por primera vez entre los cristales del viejo vivero de flores, antes de que el mundo y la clase social nos destrozaran. Me recordaba a la mujer arrogante que, siete años atrás, empacó sus maletas para irse a estudiar al exterior, dejándome clavado en la tierra con mi orgullo hecho pedazos.Hoy, a sus veintitrés años, ella regresaba convertida en una heredera inalcanzable. Y yo, a mis veinticinco, seguía siendo el mismo peón humilde oliendo a sudor y paja.El sonido de unos pasos
Last Updated : 2026-10-13 Read more