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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Desarrollo Femenino

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No Más Amor en Vano - undefined nobela & mga-kwento
Grace Rivera
Mi esposo, el jefe de la mafia, pierde a su primer amor por suicidio. Celeste Reyes no podía aceptar que se casara conmigo. Desde entonces, Darius Sterling la llora públicamente todos los días, y nos convertimos en esa clase de pareja que se desprecia más que a nadie. Sin embargo, cuando la familia Moretti de Eastbourne envía asesinos tras de mí, Darius recibe la bala que estaba destinada a mí. La bala estaba envenenada. Mientras yace débilmente en mis brazos, susurra: —Te he salvado la vida. Mi deuda con tu madre está saldada. En nuestra próxima vida, no volvamos a encontrarnos. Ya no quiero odiarte. Solo espero que siempre seas la chica de al lado. Ahora es mi momento de estar con Celeste. Y así como así, muere en mis brazos. Lloro con todas mis fuerzas, pero Darius no vuelve a mirarme. Solo entonces me doy cuenta de lo tonto e infantil que ha sido nuestro odio durante todos estos años. Más tarde, después de eliminar a los Moretti, me quito la vida por él. Sin embargo, cuando vuelvo a abrir los ojos, tengo 20 años, el año de nuestro compromiso. Rechazo el plan de mi padre de un matrimonio concertado y decido ir a New Verden a gestionar el negocio familiar. Esta vez, me mantendré lejos de Darius y le daré a él y a Celeste mis bendiciones.
Morí traicionada, renací para destruirlo - undefined nobela & mga-kwento
Lágrima de Papel
El mismo día que me tocó dar a luz, la alumna de mi esposo —embarazada y con el orgullo atravesado— decidió largarse sola a escalar la Cordillera de los Andes. Mientras él se la pasaba buscándola sin dormir, como un desesperado, yo estaba en el hospital, desangrándome en un parto complicado que me mandó directo a terapia intensiva. Cuando por fin abrí los ojos, lo primero que vi fue al médico entregándole a mi esposo el parte donde decía que mi vida estaba en riesgo... y él, en vez de acercarse a darme un poco de consuelo, me aventó en la cara los papeles del divorcio. —Camila es mi mejor estudiante —me soltó, serio—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo hace semejante locura. Tú vas a ser mamá, te toca aguantar. En esa vida no firmé. Apenas salí de la sala de partos, me fui directo a la universidad a denunciarlo por la relación que tenía con su alumna. A ella la terminaron sacando del posgrado, y la presión fue tan fuerte que un día se cortó la garganta delante de mí. Cuando él llegó, ya no había nada que hacer: dos vidas se habían ido de golpe. Él no dijo una sola palabra, organizó el entierro y después me trató como si nada hubiera pasado. Yo, ingenua, pensé que por fin la vida iba a darme un respiro. Pero el día que nuestra hija cumplió un año, él le pisó al acelerador y el carro en el que íbamos se fue directo al precipicio. Ese mismo día... se cumplía un año de la muerte de su alumna. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en la sala de partos, justo en el momento en que casi se me iba la vida.
Regreso a Hace Diez Años - undefined nobela & mga-kwento
Luna Vidal
Después de la muerte de su amada, Leandro Fuentes me odió durante diez años. Intenté acercarme a él de todas las formas posibles, pero él solo me lanzaba una sonrisa helada. —Si de verdad quieres agradarme... mejor muérete. Aquella frase me atravesó el pecho como una daga. Pero el día que un camión se lanzó contra mí, fue él quien dio su vida para salvarme, muriendo en un charco de sangre. Antes de cerrar los ojos para siempre, me miró profundamente y dijo, con voz entrecortada: —Si tan solo... nunca te hubiera conocido. En el funeral, la madre de Leandro, doña Eugenia, se aferraba a su retrato mientras las lágrimas le nublaban la vista. —¡Yo debí dejarlo estar con Clarisa! ¡Nunca debí forzarlo a casarse contigo! Su padre, don Ernesto, me fulminó con la mirada, y, con la voz cargada de rabia, añadió: —¡Leandro te salvó tres veces! ¡Era un hombre excepcional! ¡¿Por qué no moriste tú en su lugar?! Todos, absolutamente todos, lamentaban que él se hubiera casado conmigo. Incluso yo. Me echaron del funeral como si fuera una ladrona de paz. Sin rumbo, como un alma errante, caminé sin saber a dónde ir. Tres años después, un avance científico rompió las barreras del tiempo: se creó una máquina capaz de llevarnos al pasado. Y yo... yo volví. Esta vez, decidida a no volver a cruzarme con Leandro, a dejar que él y Clarisa estén juntos. Esta vez, haré feliz a todos... aunque eso signifique desaparecer de sus vidas.
Tras renacer, vi su inevitable caída - undefined nobela & mga-kwento
Redleaves
Nuestra manada fue disuelta a la fuerza tras ser acusada de provocar una guerra. El Consejo de Hombres Lobo emitió un nuevo decreto: todos los lobos jóvenes que no habían participado en el conflicto debían, en un plazo de un mes, someterse a una extracción de sangre directamente del corazón para detectar el gen de la agresividad. Quienes superaran el examen podrían unirse a una nueva manada, mientras que quienes no lo lograran serían condenados a vagar como lobos solitarios. De repente, Sophia, una loba de pelaje blanco, declaró que su padre era el presidente del Consejo. Prometió convencerlo para eximir a todos de la prueba y garantizar su aceptación en la manada Blackstone sin condiciones. Nuestros compañeros confiaron en ella sin dudar y, en lugar de someterse a la prueba, simplemente esperaron a que los guiara hasta la nueva manada. Yo insistí en que se hicieran el examen por precaución, pero eso solo enfureció a Sophia. Frente a todos, se burló de mí y aseguró que yo no sabía de lo que hablaba, que mi única intención era hacerlos sufrir innecesariamente. —Algunos podrían portar el gen de la agresividad. Si no superan la prueba, ¿vas a asumir la responsabilidad? En lugar de defenderme, mi novio, Silas, me acusó de actuar por puros celos. Me recriminó que no soportaba ver que a los demás les fuera bien. Sin más opciones, decidí informar al Consejo de Hombres Lobo sobre lo ocurrido. Sophia fue expulsada de inmediato por suplantación de identidad y por obstaculizar el proceso de fusión. Al perder la protección de la manada, murió en la inmensidad del bosque. En ese momento, todos aseguraron que había recibido lo que se merecía y me agradecieron por haberlos salvado. Pero después de que entramos en el nuevo territorio, Silas me apuñaló con una daga de plata y nadie hizo nada para ayudarme. —¡Lo único que teníamos que hacer era soportar un poco de dolor por la extracción de sangre! ¡Sophia perdió la vida por eso! Cuando volví a abrir los ojos, estaba de regreso en el día en que Sophia afirmó ser la hija del presidente.
Del amor viejo, al sendero limpio - undefined nobela & mga-kwento
Lira Dispersa
El autobús en el que viajaban mi suegra Carmen y mi hijo Nacho volcó en una carretera de montaña. El vehículo quedó colgado de un árbol al borde del abismo, a punto de desprenderse. Mi esposo Sergio Mendoza era el capitán del equipo de rescate más cercano, pero la policía descubrió que se había llevado a todo su equipo para acompañar al hijo de su primer amor, Camila López, a un acto escolar. En mi vida anterior, convencí a un amigo mío, Leo Méndez, de que me ayudara a ir al colegio y sacar a rastras a Sergio para que rescatara a Carmen y a Nacho. Pero Camila, avergonzada porque su hijo no ganó el primer puesto, cortó toda relación con él. Además, lo despidieron del equipo de rescate. Cuando Carmen y Nacho salieron del hospital, Sergio nos ató a Leo y a mí y nos arrojó por el acantilado. —¡Si no fuera por ustedes, no lo habría perdido todo! En esta vida, el hijo de Camila consiguió su primer lugar… pero a Sergio ya no le quedaba sonrisa alguna.
Renací: Intercambio de Boda - undefined nobela & mga-kwento
Zafira
Cuando renací, con los recuerdos de mi vida pasada bien presentes, lo primero que hice con mi prima Ofelia Pérez fue cambiarnos de novio. En mi vida pasada, Ofelia y yo nos casamos el mismo día. Ella, tan dulce y tranquilita, acabó casada con el comandante naval Ignacio Ramírez, frío y distante. Pero un día, Ignacio, por irse a celebrar el cumple de su amiga de la infancia, Liliana Flores, se le pasó su aniversario de bodas. Ofelia solo quería una explicación. Él, en cambio, soltó: —No tengo por qué sentirme culpable. Y desde ese día, se quedaron en la ley del hielo… por cincuenta años seguidos. Yo, con mi carácter explosivo, me casé con un contador de una fábrica de maquinaria, Fernando Aguilar. Él era calladito. Y aun así, todo el día me reclamaba que yo hablaba demasiado fuerte, que no sabía arreglarme, que no sabía "comportarme". Lo nuestro era pelear sin parar. No pasaban ni tres días sin un pleito… y a veces ni tres horas. Hasta que terminamos peleando tan feo que él mejor ni regresaba a casa. No llegamos ni al año de casados y ya estábamos divorciados. Y cuando volví a abrir los ojos, Ofelia y yo habíamos regresado al mismo día: el día de la boda…
Nunca Fui Su Prioridad - undefined nobela & mga-kwento
Aita Cabrera
Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.
La Bolsa de Sangre de la Familia - undefined nobela & mga-kwento
Lara Dimson
La mañana en que cumplí dieciocho años, me desplomé en el centro de curación de la manada después de donar sangre por nonagésima novena vez a mi hermana gemela, Maeve. Maeve estaba bajo una maldición desde que nació, y mi sangre la mantenía bajo control. Nuestro vínculo desde antes de nacer había sido lo único capaz de contener aquella magia oscura. Cuando desperté, la sanadora me dijo que había desarrollado anemia aplásica, una enfermedad rara que impedía que mi médula ósea produjera suficientes células sanguíneas. Años de donaciones constantes terminaron por deteriorar mi organismo, y mi loba, Aurora, estaba demasiado débil para combatir la enfermedad. Fui a contárselo a mi familia con la esperanza de que esta vez todo fuera distinto, pero los encontré en la pastelería mientras encargaban un pastel de cumpleaños personalizado en el que solo aparecería el nombre de Maeve. Olvidaron mi cumpleaños, a pesar de que éramos gemelas y nacimos con apenas cinco minutos de diferencia. Al principio, recibía cariño y elogios por mi sacrificio. Con el tiempo, donar sangre se convirtió en una obligación que todos esperaban que cumpliera. Mi familia ya había elegido a Maeve en lugar de a mí una y otra vez. Esta vez decidí elegirme a mí misma. Me quedaban dos semanas para irme a escondidas de la casa de la manada y salir de sus vidas. Dos semanas para prepararlo todo en silencio mientras ellos seguían sin sospechar nada. Creerían que por fin había aprendido que mi lugar era ser la reserva de sangre de Maeve. Pero jamás sospecharían que contaba los días para desaparecer de sus vidas para siempre. Para entonces, ya sería demasiado tarde.
Si volviera al pasado, tampoco te elegiría - undefined nobela & mga-kwento
Lisa
Fui sola al concierto de mi cantante favorito. En la parte de las dedicatorias, el corazón me latía con fuerza. Recé en silencio para que la suerte me escogiera a mí. Pero al siguiente segundo, en la pantalla gigante apareció mi esposo, que supuestamente estaba de viaje por trabajo, y a su lado estaba su primer amor, Patricia Castellón. —Quiero pedir una canción: "Volver al pasado", volver tres años atrás, cuando Nicolás jamás habría terminado con Patricia. El público estalló en aplausos y vítores, celebrando aquella historia de amor. Solo yo, entre la multitud, me quedé con el rostro empapado en lágrimas. En la siguiente ronda de dedicatorias, de pronto vi en la pantalla mi propia cara hinchada de tanto llorar. —Yo también quiero pedir "Volver al pasado", volver al momento en que nunca habría aceptado la propuesta de matrimonio de Nicolás Varas.
Tras renacer, la impostora elige al vampiro - undefined nobela & mga-kwento
Nata Suave
El mundo humano fue invadido por vampiros y hombres lobo. Mis padres nobles, para complacerlos, nos entregaron a mí y a la falsa heredera en matrimonio. En mi vida pasada, la impostora Serafina eligió al hombre lobo: fuerte y leal. Yo, en cambio, escogí al vampiro: elegante y noble. La noche de luna llena, el hombre lobo en celo devoró a Serafina hasta los huesos. Y yo, tras recibir el Abrazo del vampiro, obtuve la inmortalidad. Pero mis padres, ciegos de dolor, me drogaron y me arrojaron a la cama del hombre lobo. Entre garras y colmillos, morí desgarrada. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en el día del sorteo. Esa vez, la impostora volcó la urna y, entre mimos, gritó que quería al vampiro: —Hermana, esta vez la inmortalidad será mía. Yo no puse objeción y acepté al hombre lobo brutal. Renacida, Serafina seguía siendo igual de estúpida, creyendo que la felicidad se consigue a costa de un hombre. Pero lo que yo deseo... es liberar a toda la humanidad.
Mal Amar, Eterno Lamento - undefined nobela & mga-kwento
Mantecaito
Cuando yo estaba embarazada de cuatro meses, mi esposo médico me dejó plantada 16 veces cuando íbamos a registrar nuestro matrimonio. La primera vez, su amante, la enfermerita Lucía, se desmayó por la sangre durante una cirugía. Esperé todo el día frente a la oficina de registro. La segunda vez, recibió una llamada de Lucía. Me abandonó en el puente elevado solo para comprarle toallas sanitarias. Cada vez que intentábamos registrar el matrimonio, su amante encontraba una nueva excusa. La última vez, escuché que él estaba enfermo. Corrí al hospital bajo la lluvia torrencial, solo para descubrir que era la Lucía quien estaba enferma. Él permaneció a su lado sin moverse, mientras me mentía descaradamente por teléfono. En ese momento, comencé a odiarlo. Decidí abortar y marcharme. Pero él recorrió medio mundo, persiguiéndome hasta otro país, solo para suplicarme perdón.
Poción de amor - undefined nobela & mga-kwento
Fresjita
En mi vida pasada, a escondidas vertí una Poción de Amor en la copa de mi compañero destinado, Jason Green, el Alfa de mi manada, y, tal como esperaba, se enamoró de mí. Celebramos la ceremonia de vínculo más grandiosa en la historia de la manada y nos convertimos en la pareja que todos envidiaban. El efecto de la Poción de Amor duraba siete años, pero yo, ingenua, creí que eso bastaría para ganarme su corazón de verdad. Pero Lilian Foster, la amiga de la infancia de Jason, cambió su propia lengua con una bruja del mercado negro a cambio del antídoto. En cuanto la verdad salió a la luz, el amor en los ojos de Jason se volvió un odio que me atravesó hasta los huesos. Sin perder tiempo, me vendió al mercado negro como sujeto vivo para experimentos y me obligó a beber un Frasco de Hechizo Corrosivo. Se me pudrió todo por dentro y morí de puro dolor. Ahora, he vuelto atrás en el tiempo, sosteniendo una vez más esa misma botella de Poción de Amor. Sin embargo, esta vez no dudé y me la bebí toda de un solo trago. «Jason, no volveré a rogar por tu amor. Me amaré a mí misma», me juré. Por eso , no pude evitar sorprenderme cuando fue él quien acabó arrepintiéndose.
Descubrí el Fraude de mi Matrimonio - undefined nobela & mga-kwento
Eternity
Cuando Adriano Morelli se dio cuenta de que no le había pedido ni un centavo para los gastos de la casa, me llamó por primera vez en meses. —Serafina — dijo, con esa voz suave y paciente que usaba para dominarme —. Ya arreglé lo de la clínica. Estás en prioridad de nuevo. ¿Lo ves? Cuando dejas de complicar las cosas y aprendes cómo funciona esta familia, yo me encargo de que estés bien. Siempre sonaba más amable cuando me recordaba quién tenía el poder. Lo que él no sabía era que, para cuando su nombre iluminó mi pantalla, los documentos de divorcio ya estaban redactados. A los ojos del mundo, lo tenía todo: un penthouse vigilado, chofer personal y ropa de diseñador. Pero, sobre todo, tenía el apellido del hombre más temido de la ciudad. Sin embargo, nada me pertenecía. Cada centavo de las tarjetas estaba monitoreado y el efectivo debía ser aprobado. El personal no se movía sin la venia de Viviana Costa; sus órdenes siempre iban antes que las mías. Mi presupuesto, mi agenda y hasta el acceso a la oficina de la familia... todo pasaba por sus manos. Adriano lo llamaba conveniencia. Tres días antes, me habían llevado de urgencia a una clínica privada. La sangre empapaba mi vestido mientras un médico me explicaba que aún había posibilidades de salvar al bebé, siempre y cuando se pagara el depósito de emergencia. Llamé a Adriano hasta que me temblaron las manos. Viviana atrasó la transferencia. Primero dijo que no tenía autorización; luego, que el monto era demasiado alto; después, que Adriano estaba en una reunión y no se le podía interrumpir por algo que tal vez no fuera grave. Para cuando el dinero llegó, ya era tarde. Había perdido a mi bebé. Me quedé con Adriano por dos razones: lo amaba y creía que me elegiría por encima de todo. Me equivoqué en ambas. Nuestro hijo murió primero. Mi matrimonio murió con él.
Firmó nuestro divorcio sin leerlo - undefined nobela & mga-kwento
Jazmín
Al tercer día de que Grant, mi esposo y director ejecutivo de nuestra empresa, me aplicara la ley del hielo, aprobó un acuerdo inmobiliario propuesto por su asistente, Vanessa. Era una inversión destinada a generar pérdidas. Él esperaba que yo irrumpiera en su oficina y lo obligara a retirar su aprobación. No lo hice. Una semana después, regresó de un viaje de negocios. Cuando vio que yo no había discutido ni armado ningún escándalo, me miró, por primera vez en meses, satisfecho. Entonces, le dio mi puesto a Vanessa. Esperaba que eso, por fin, me hiciera perder el control. Tampoco ocurrió. Organicé todos los archivos de cada proyecto y los dejé cuidadosamente sobre el nuevo escritorio de Vanessa. Después, Grant borró mi nombre de una propuesta que yo había redactado y puso el de Vanessa en su lugar, solo para que ella cobrara el bono. Tampoco protesté por eso. Vanessa sonrió con ironía y le dijo: —¿Ves? Te dije que no convenía enfrentarte directamente a Evelyn. Ignórala lo suficiente y acabará cediendo. Le aterra perderte. Por eso, por fin está aprendiendo cuál es su lugar. Grant se creyó cada palabra. Incluso la felicitó por ser tan astuta. Esa noche me llamó a su oficina y me prometió un aumento, devolverme mi antiguo puesto y llevarme, por fin, de luna de miel a Europa, un viaje que llevaba tres años posponiendo. Era el primer gesto amable que tenía conmigo desde hacía mucho tiempo. Él esperaba que llorara de felicidad. No lo hice. Porque siete días antes, mientras se apresuraba a aprobar aquel negocio inmobiliario de Vanessa, destinado a fracasar, Grant había firmado, sin leer, el acuerdo de divorcio escondido entre los documentos. Solo que aún no lo sabía.
La Princesa que los Abandonó - undefined nobela & mga-kwento
Jojo
Soy Elara, la única hermana de Ronan, el Alfa de la manada de Mooncrest. Desde que nací, Cassian, nuestro Delta, Orion, nuestro Gamma, y Nikolai, nuestro Beta, habían jurado que morirían antes de permitir que alguien me hiciera derramar una sola lágrima. Cuando quise alcanzar la luna, me construyeron una torre para intentarlo. Cuando el río estaba congelado en pleno invierno, me cargaron en sus espaldas para evitar que mis pies tocaran la nieve. Yo era su princesa, la loba a la que malcriaban en exceso, a la que protegían hasta de su propia sombra y amaban con locura. Y, por supuesto, yo también los amaba. Estaba tan segura de que alguno de los tres terminaría siendo mi compañero destinado. Entonces, Dana llegó a Mooncrest. Una loba forastera. Audaz. Hermosa. Intocable. Ninguna broma le hacía gracia y ninguna mirada lograba sonrojarla. En su primer día en el territorio, desafió a los guerreros de nuestra manada uno por uno en la arena de combate. Después de eso, todo se quebró. Cassian empezó a quejarse de mí y me llamó «cachorra malcriada». La primera vez que me abandonó temblando en medio de una tormenta solo para acompañar a Dana a casa, Orion y Nikolai se le echaron encima. —Cassian, la estás eligiendo a ella por encima de Elara —le advirtieron con dureza—. No vengas a llorar cuando te arrepientas. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Orion también se involucrara con ella. La noche de mi fiesta de cumpleaños, miré al único lobo que seguía a mi lado, Nikolai, con los ojos ardiendo por las lágrimas contenidas. —Nikolai... ¿esto es mi culpa? —le pregunté. Él me rodeó con sus brazos y me besó el cabello con ternura. —Ni lo pienses. Son unos idiotas. No tienen idea de lo que se están perdiendo. Pero unas horas más tarde, vi cómo él mismo colocaba la corona de piedra lunar, que me había prometido meses atrás, sobre la cabeza de Dana. Todo para hacerla sonreír. Esa fue la última vez que lloré por ellos. Con los ojos enrojecidos y el corazón roto, caminé hacia donde estaba Ronan. —Mooncrest celebrará el Rito de Selección para enviar a una loba a Frostfang en tres días —le exigí—. Y esa voy a ser yo.
Error de Conexión: Seduciendo al Don - undefined nobela & mga-kwento
Echo
Llevaba tres meses viéndome con un tipo llamado «Rex». Un completo desconocido al que solo había conocido por internet. Estábamos en lo más intenso, en esa fase de luna de miel en la que cada noche mi teléfono explotaba de mensajes que me aceleraban el pulso. «Te extraño, preciosa». «Anoche volví a soñar contigo. Estabas encima de mí, suplicándolo». Estaba a punto de proponerle que por fin nos viéramos en persona. Pero entonces me envió una foto, una toma casual de su escritorio, y vi algo familiar: el escudo de la familia criminal Falcone. Y yo trabajo para una empresa que pertenece a los Falcone. Durante tres meses, había estado sexteando con un hombre peligroso, un hombre hecho dentro de la mafia, que podía haber estado justo delante de mis narices. Y justo cuando estaba tratando de averiguar quién era, los vi. Los gemelos negros de ónix hechos a medida que yo había elegido para «Rex»... en las muñecas de mi jefe, Marco.
Renacida: Elegí el Esposo de Mi Hermana - undefined nobela & mga-kwento
Fríen
Al renacer en el día de la elección de esposo para mi hermana mayor y para mí, descubrí que podía escuchar los pensamientos de los demás. Escuché a mi hermana decir en su mente: “Esta vez, tengo que conseguir al buen marido primero.” Ansiosamente, se llevó a mi esposo amable de la vida anterior y me dejó con el hombre violento que la maltrataba. Sonreí. ¿Acaso creía que el hombre con el que me casé antes era un buen tipo?
El Príncipe Vampiro Me Traicionó - undefined nobela & mga-kwento
Bagel
En nuestro quinto aniversario de bodas, me acurruqué entre los brazos de mi esposo vampiro, Alaric, y le ofrecí el cuello para que siguiera besándome con ternura. Aguanté la respiración mientras buscaba a tientas en el bolsillo el cristal de la prueba de embarazo. Emitía un brillo tenue, pero el resultado era claro: positivo. Había guardado la noticia como la última sorpresa de la noche. Íbamos a tener un hijo mitad vampiro. Entonces Roman, el confidente de Alaric, habló en la lengua antigua de los vástagos. —Alteza, ¿y qué hay de Elise, su hermosa amiga de la infancia? —preguntó Roman con una sonrisa pícara—. ¿Esa vampira de sangre pura lo deja satisfecho? Alaric se rio con ganas y sentí su pecho vibrar contra el mío. No pude evitar estremecerme. —Es como el fuego: salvaje y ardiente —respondió Alaric en esa misma lengua—. Cuanto más fuerte la muerdo, con más ansias se entrega. Alaric seguía pasando un dedo sobre las marcas de sus mordidas en mi cuello, aunque su mirada se había perdido en algún punto del lugar. —Solo asegúrense de que esto no salga de aquí —les advirtió—. Estaría acabado si mi querida esposa se enterara. Los miembros del clan se rieron entre dientes y alzaron sus copas llenas de sangre, prometiendo guardar el secreto. Me quedé rígida entre los brazos de Alaric. Todos parecían haber olvidado que mi familia pertenecía a la nobleza humana. Durante generaciones, sus miembros se habían casado con vástagos, así que yo dominaba su lengua antigua. Había entendido cada palabra. Me obligué a conservar la calma y mantuve mi sonrisa de anfitriona perfecta, aunque la mano con la que sujetaba la copa empezó a temblarme. Alaric debía de creer que, si descubría la verdad, me pondría a llorar y le exigiría una explicación por tratarme así, como ya había hecho otras veces. Lo que no sabía era que todo había cambiado. Para mí, nuestro matrimonio ya había terminado. Dejé la copa sobre la mesa, saqué el teléfono y le envié un mensaje a mi padre: «Papá, perdí la apuesta. Vuelvo a casa para hacerme cargo del patrimonio familiar».
Ya que No me Quieres, Entonces Adiós - undefined nobela & mga-kwento
Fresjita
La novena ceremonia de unión entre el Rey Alfa, Thorne Ravencrest, y yo, finalmente ha llegado. Sin embargo, una vez más, no logré convertirme en su Reina Luna. No porque él rompiera su promesa, sino porque no estoy lo suficientemente calificada. Los Ancianos dejaron muy claro que, cada Reina Luna reconocida por la Diosa de la Luna, a lo largo de la historia debe cultivar 365 Flores de Luz de Luna, utilizando su propia esencia de sangre. Pero cada año, en la víspera de la ceremonia, sin importar cuánto cuidado tenga, siempre falta una flor. Este año, casi me desangré por completo y apenas logré cultivar el número correcto. Extasiada, voy a buscar a Thorne, queriendo sorprenderlo. A través de la puerta entreabierta de la sala del trono, escucho a su Beta decirle: —Rey Alfa, Sera lo ha estado esperando por ocho años. ¿Alguna vez se unirá a ella? Thorne sacude la cabeza. —Le prometí a Willow que este año tampoco podemos unirnos. Su Beta vacila. —¿Y si Sera realmente logra cultivar suficientes Flores de Luz de Luna? Thorne se queda en silencio por un momento y luego aplaude. Un lobo de las sombras aparece y se funde en la oscuridad. Poco después, el lobo regresa con una Flor de Luz de Luna entre sus mandíbulas. Él desgarra la flor hasta hacerla trizas y deja escapar un suspiro. —Sera tiene sangre de sobra. Olvida un año; ella podría seguir cultivando flores por otros diez años y estar bien. Pero Willow ha sido envenenada con acónito. Soy todo lo que le queda, y ella me quiere a su lado en sus últimos días. No soporto rechazar a Willow, lo que significa que Sera simplemente tendrá que esperar un poco más. Me muerdo el labio con fuerza, apenas capaz de creer lo que escucho. Así que las Flores de Luz de Luna que desaparecían misteriosamente siempre fueron destruidas por él. Convertirme en Reina Luna ha sido mi sueño desde la infancia. Pero si él nunca tuvo la intención de unirse a mí, entonces es hora de que lo deje.
Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel - undefined nobela & mga-kwento
Ana S. Flores
El día de la sentencia, mi prometido Diego González me tomó de la mano, sollozando, y me pidió que dejara de defender mi inocencia y firmara un acuerdo de culpabilidad. —Clara, sé que tú no hiciste nada… pero Isabella está esperando un hijo mío. No puedo permitir que ella vaya a la cárcel. Hazlo por tu bien, por favor —suplicó, con lágrimas que le empañaban la mirada. Sin dudarlo ni un instante, firmé el acuerdo. En mi vida anterior me negué a cargar con la culpa de Isabella García y, por eso, no solo terminé tras las rejas: la furia de Diego envió gente a torturarme hasta dejarme estéril. Esta vez me propuse complacerlo. A la mañana siguiente, los noticieros reventaron con la primicia de que yo había robado secretos comerciales de la Corporación López. Para colmo, Isabella se presentó como testigo. —Sí, fue ella; la vi con mis propios ojos infiltrarse en la compañía —declaró ante las cámaras. Pero aquella tarde, cuando inició la audiencia, el demandante Santiago López, director general de la corporación, retiró la acusación. Bajo la mirada atónita de la prensa, sacó un anillo, se arrodilló y me preguntó: —Clara, ¿en esta vida aceptarías casarte conmigo?
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