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Plot & Setting

31
Arrepentirse×
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Arrepentirse
Seducción
Liarse con alguien
18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
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Venganza
Matrimonio
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Despertar
Desarrollo Femenino
Ambiente Laboral
Amor Prohibido
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Redención
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Telepatía
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Viaje en el Tiempo
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Giro Inesperado
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Obsesivo
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Múltiples Perspectivas
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Independiente Arrepentirse Short Stories & Novels

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La Reencarnación De La Sanadora Imperial - undefined novels & stories
Crystal K
Nací sin espíritu de loba, una carencia que Arabella aprovechó para convertir mis años en la academia en un auténtico infierno. No fue sino hasta mi graduación que mi loba finalmente despertó, dotándome de un poder de curación excepcional; en ese momento, creí ingenuamente que mis pesadillas habían terminado. Fue entonces cuando conocí a mi compañero predestinado, Tristan, el Alfa imponente y poderoso que me prometió el cielo y las estrellas. Sin embargo, la misma tarde que planeaba anunciarle mi embarazo, la verdad me golpeó con una crueldad devastadora. Quien compartía mi lecho no era Tristan, sino su hermano gemelo, Ronan; aquel Alfa errante que años atrás había renunciado a la manada para arrastrarse entre los humanos. Se valió de un bloqueador de aroma para infiltrarse en mi habitación y embarazarme, orquestando un plan retorcido diseñado únicamente para pisotear mi dignidad en mi gran día. Buscaban venganza por Arabella, quien me había acusado falsamente de acosarla con tal de destruir mi reputación. Cegada por la rabia, irrumpí en el estudio dispuesta a desenmascararlos y exigir una disculpa; en lugar de eso, fui encerrada. Mediante un ritual de magia negra, me despojaron de mi loba para entregársela a Arabella. Sentí cómo drenaban mi esencia vital y arrebataban la vida de mi pequeño antes de que pudiera nacer, sumiéndome en una agonía que acabó por consumirme. De pronto, abrí los ojos. Me encontraba de nuevo en el día en que descubrí mi embarazo. Me llevé las manos al vientre mientras una lágrima recorría mi mejilla; esos miserables iban a arder por lo que me hicieron.
Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa - undefined novels & stories
Clara
Para devolverle a mi amor platónico el derecho de heredar su familia mafiosa, le di una de mis córneas. Sin embargo, cuando él recuperó la vista, mi familia prefirió que se casara con mi hermana mayor en lugar de conmigo. En mi vida pasada, intenté encontrarlo y explicarle todo, pero me rechazó. Por si fuera poco, mi familia me exilió y morí la noche de su boda con mi hermana. Y entonces, renací antes de mi exilio. Esta vez, decidí abandonar mi grupo mafioso y a mi amor platónico por voluntad propia... Pero, ¿aquel jefe mafioso despiadado? Él se derrumbó por completo.
Después de 99 decepciones, ya no quiero su amor - undefined novels & stories
Zafira
El día de mi boda, mi hermana menor regresó al país de improviso. Mis papás, mi hermano y mi prometido me dejaron sola y se fueron al aeropuerto a recibirla. Mientras ella subía a sus redes una foto grupal, presumiendo que todo mundo la adoraba, yo marqué una y otra vez: me colgaron todas las llamadas. El único que contestó fue mi prometido: —No hagas un drama; la boda se puede volver a celebrar. Ese día me convirtieron en el hazmerreír de la boda que tanto había esperado. La gente señalaba, se burlaba, y yo tragué en seco. Respiré hondo, arreglé todo yo sola y, en mi diario, escribí un número nuevo: 99. Era la decepción número noventa y nueve. Entendí que no iba a seguir esperando su amor. Completé la solicitud para estudiar en el extranjero y empaqué mi maleta. Todos creyeron que, por fin, me había calmado. No sabían que ya me iba.
Sin Familia, Decían: Regresé Como Reina - undefined novels & stories
Rosemary
La noche de mi fiesta de compromiso, Luca Moretti se acercó a mí acompañado de su amor de la infancia. —Clara se manchó el vestido por accidente —dijo—. Préstale el tuyo por un rato. Luego añadió: —Todos saben que tú eres la protagonista de esta noche. No importa lo que lleves puesto. Ni siquiera me molesté en protestar. Para entonces, Clara ya tenía mi vestido en sus manos. Me quedé detrás de la puerta trasera, entreabierta, con un vestido negro prestado, mientras sus amigos reían y bebían whisky. —Luca, ¿tu verdadera prometida no se va a enojar? —preguntó alguien. Él apenas levantó la vista de su vaso. —Anna va a convertirse en una Donna. Tiene que aprender a comportarse con clase. Otro hombre soltó una carcajada. —Además, es huérfana. ¿Adónde podría ir sin ti? Luca sonrió. —Ella no puede dejarme. En realidad, no sabían que nunca había sido huérfana. Durante cinco años había ocultado el apellido Valenti porque quería que Luca me amara por quien era, Anna, no por ser la hija de los Valenti. Mi padre era el Jefe Supremo de la mafia, el hombre ante quien todos rendían cuentas en las reuniones de la Alta Mesa. Esa noche, dejé el anillo de esmeralda de los Moretti junto al libro de visitas y llamé a casa. —Papá, no voy a casarme con Luca. No vengas a Chicago.
¡Ni en esta vida! ¡Te suelto ya! - undefined novels & stories
Gordocabeza
Renací. Volví a los 18 años, justo antes del examen de admisión a la universidad. Era el año en el que Diego Alonso más me amaba, y también el último. Porque ya había conocido a su verdadero amor, Valeria Reyes, la mujer por la que se enamoraría de verdad. Por ella, fue capaz de todo, al punto de que me pidió ser su novia, solo para distraerme de mis estudios. Así que en lugar de la universidad de élite en la que hubiera podido entrar, terminé en una simplemente ordinaria. Hasta fingió un accidente para retenerme y que me perdiera el concurso; todo para que Valeria ganara esa medalla de oro. En otra ocasión, cuando Valeria perdió mucha sangre, él me manipuló para que donara una cantidad excesiva. Esto arruinó mi salud para siempre, dejándome con dificultades para quedar embarazada. Al final, Diego se vio forzado a casarse conmigo, pero pasaba los días sumido en la depresión, obsesionado con las fotos de su amor. El día que supo que Valeria se casaba, me abandonó sin piedad y se quitó la vida por amor. En esta vida, por fin estoy despierta. No volveré a amarlo. Solo quiero ser egoísta, y amar únicamente a mí misma. Entonces cuando Diego me preguntó con arrogancia: —Renata, ¿quieres ser mi novia? Yo, tranquilamente, negué con la cabeza. —No.
El Segundo Adiós Es Para Siempre - undefined novels & stories
Eucaliptol Sureño
Tres años después de fingir mi muerte, mi esposa y mi hija aparecieron en la puerta de mi casa. Para que se fueran, tomé un cuchillo y amenacé con quitarme la vida. Entonces, mi hija de siete años acercó la mano al respirador de mi padre. Claire Harrison estaba a su lado y, con la voz temblorosa, me lanzó un ultimátum: —Wesley, o ves morir asfixiado a tu padre, o vuelves a ser mi esposo. Tú decides. Temblaba de rabia, pero dejé el cuchillo y volví a casarme con ella. Al regresar a aquella mansión que tan bien conocía, me convertí en el perfecto «esposo y padre abnegado» de la familia Harrison. Cuando mi hermano de crianza necesitó compañía porque se sentía desanimado, me fui de casa y reservé una habitación en un hotel. Terminé con una úlcera perforada; me operaron y no la llamé ni una sola vez. Cuando mi hija insistió en comer solo lo que preparaba su tío, fui directamente a casa de Dylan y lo traje a vivir con nosotros. Incluso el día de mi cumpleaños, Dylan rompió a llorar de repente y dijo: —Te envidio tanto, Wesley. Tienes una esposa y una hija maravillosas. ¿Y yo? Ni siquiera he recibido nunca un regalo de cumpleaños decente. No lo dudé: me quité la pulsera de cuentas de ónix de la muñeca y se la puse en la mano. Las cuentas de un negro intenso brillaban sobre su piel pálida. Pero a Claire se le enrojecieron los ojos. Me agarró de la muñeca y dijo con la voz tan afilada como una cuchilla: —Wesley, ese era el amuleto de amor que conseguí después de recorrer de rodillas todo el desierto de Mojave, rezando por nuestro amor.
La vi arrepentirse diez años después - undefined novels & stories
Abrazo de Verano
Después del SAT, me topo con una publicación en internet, en la que alguien pregunta: «Si pudieras volver a elegir, ¿qué carrera escogerías esta vez?» Sin perder tiempo, miro los comentarios los cuales están repletos de personas que desearían haber elegido otra carrera, cada una cargando con sus propios arrepentimientos. Sin embargo, hay una respuesta que destaca entre todas las demás: «Yo elegiría Literatura. Así, él y yo no nos habríamos perdido los cuatro años que debimos pasar juntos por culpa de ese lastre indeseado». Suelto una risita y estoy a punto de seguir deslizando la pantalla cuando, de repente, me fijo en la foto de perfil y el nombre de usuario. Son idénticos a los de Winter Andersen, mi amor de la infancia. Entro en el perfil y compruebo que todo coincide a la perfección con su cuenta actual, salvo por un detalle: la edad que aparece es diez años mayor. Siento que el corazón se me hunde hasta el estómago, cuando comprendo que esta tiene que ser su cuenta en el futuro. Con razón soy el único que celebra cuando nos admiten en la misma carrera. Con razón ella se queda ausente durante tanto tiempo después de ver a mi mejor amigo, Simon Brown, recibir su carta de admisión del Departamento de Literatura. Resulta que yo soy ese lastre indeseado, el responsable de tantos de sus arrepentimientos y decepciones. «Si es así», pienso, mientras en silencio le doy a «aceptar» en la oferta de admisión escrita por completo en un idioma extranjero. Con esto, pretendo poner fin a este error con diez años de anticipación.
La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre - undefined novels & stories
Daisy
Para prepararme para el papel que me esperaba, oculté la verdad… que era la única hija de un Rey Alfa. En mi primer año en la manada Luna Oscura, me enamoré de Leo —el hijo menor del Alfa— en el instante en que lo vi. Fueron tres años de amor. Aquel hombre frío y despiadado me consentía hasta el exceso. Y aun así… nunca aceptó realizar conmigo la ceremonia de marcaje. Más tarde descubrí la razón: su manada jamás me consideró digna. Después de todo, la manada Luna Oscura era la más poderosa de los Territorios del Norte, y a sus ojos, yo no era más que una loba errante sin nombre, proveniente de una manada insignificante. A medida que los susurros sobre la diferencia entre nuestros rangos se hacían cada vez más fuertes, decidí contarle la verdad sobre mi linaje. Pero entonces Leo empezó a desaparecer… día tras día. Hasta que, en la noche noventa y nueve de su ausencia, vi una historia en la red social de su amor de infancia. Un árbol de Navidad… decorado con juguetes sexuales. El texto decía: "Leo me lo prometió… la noche de nuestra ceremonia de marcaje, vamos a probarlos todos." Antes de que pudiera siquiera asimilarlo, mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje directo. De la misma mujer. "¿Tienes idea de cuánto me necesita Leo? Cada año, en tu cumpleaños, en cada aniversario… espera a que te duermas y luego viene a pasar la noche conmigo." "Una loba de sangre noble como yo es la única digna de ser su compañera. Tú no eres más que un estorbo entre un Alfa y su Luna." Me quedé mirando las palabras en la pantalla, con el pulgar suspendido en el aire. “¿Debería enfurecerme? ¿Debería derrumbarme?”, me pregunté. Nada… no sentía nada. Solo un vacío, justo donde antes estaba mi corazón. Bien. Este amor contaminado… este hombre… Ya no significaban nada para mí. Cerré los ojos y extendí mi mente a través del enlace mental, buscando a mi padre, el Rey Alfa. "Papá, acepto volver a casa… y heredar el trono."
La Luna que se negó a arrodillarse - undefined novels & stories
Cléo
Le di tres años de mi vida, solo para que me trataran como a una simple sustituta… peor que a un perro. Cuando su llamada “luz blanca de luna” regresó, me apartó sin dudarlo. Está bien. Acepté la alianza familiar y me casé con el Alfa más poderoso del Norte. ¿Ahora se arrepiente y me ruega que vuelva? Demasiado tarde. Confabularon contra mí con aconita, queriendo que muriera en un sucio sótano. Pero mi compañero —el verdadero Rey del Norte— arrasó con toda la hacienda solo para salvarme. Intentaron robar mi linaje alfa con magia oscura. Los hice saborear el exilio, convertidos en renegados, despreciados por todos. ¿Y él? Se arrodilló ante mí, suplicando por perdón. Yo me refugié en los brazos de mi compañero y lo vi ser desterrado para siempre. —Ángel —le dije con frialdad—. —Abre los ojos. Yo soy la única Luna del Norte.
La hermana que desecharon - undefined novels & stories
Mira
—Dominic, Julian, ¿adivinen qué deseo pedí? Sobre la mesa había un pastel barato que había comprado en oferta. Cerré los ojos y pedí un deseo. Cuando los abrí, las dos sillas frente a mí seguían vacías. Entonces lo recordé: mis hermanos ya no me querían. Cuando tenía diez años, Dominic y Julian trajeron a Leah Morgan a casa. Era la hija de su difunto mentor, el profesor Andrew Morgan, y me pidieron que la tratara como a una hermana de verdad. Pero, poco a poco, Leah me fue arrebatando todo el cariño que me tenían. La inseguridad se apoderó de mí y terminé volviéndome competitiva. Pensaba que, si me esforzaba lo suficiente, tal vez me querrían un poco más. En la final de un concurso de piano, Leah rompió a llorar después de perder contra mí. —Para mí, tocas mejor que Heather, ¡por mucho que ella se esfuerce! —la consoló Dominic. Obtuve el primer puesto en mi escuela y gané una beca, lo que dejó a Leah fuera de la lista de candidatos. Julian hasta obligó a la escuela a investigar si yo había hecho trampa. Durante la fiesta de mis dieciocho años, Leah cayó a la piscina desde el balcón del segundo piso. Luego me señaló y gritó: —¡Heather me empujó! Mis hermanos estaban furiosos. Sin mostrar la más mínima compasión, me dejaron tirada en la zona más peligrosa de la ciudad. —Te consentimos demasiado tiempo, Heather. Por eso te volviste tan competitiva. Ya es hora de que aprendas a controlar tus celos. Incluso enviaron a unos matones hasta la puerta de mi casa para que me acosaran y me robaran el poco dinero que lograba ganar. Creían que así aprendería la lección. Lo que no sabían era que había recibido un correo en el que me ofrecían una beca completa para estudiar en la Universidad de Zúrich. Estaba a punto de irme a Suiza y no pensaba volver jamás.
Déjame y cría a su bebé - undefined novels & stories
Lía Vallejo
Mi esposo, Cesare Ferrante, el Don más temido de la familia, siempre había detestado a los niños. Pero todo dio un giro cuando mi hermanastra, Bianca Moretti, se instaló en la casa de al lado con su bebé de seis meses. De pronto, mi esposo se obsesionó con ese niño. Él mismo le preparaba los biberones, le cantaba canciones de cuna y lo llevaba a todas partes. Cada día regresaba a casa agotado al amanecer, pero su cara brillaba de alegría, como si ese bebé ocupara toda su alma. Me volví invisible para él. Hace tres días, un auto me cerró el paso y me sacó de la carretera hasta que terminé estampada contra la mediana. Sentía la sangre caliente escurriéndome por la frente mientras la vista se me nublaba. Desesperada, llamé a Cesare cincuenta y cinco veces. No se dignó a contestar ni una sola vez. En su lugar, prefirió presumir una foto del bebé en sus redes: "¡Mi angelito sonrió hoy!" No aguanté más. Esta noche, en el banquete familiar, con todos los miembros de la familia sentados a la mesa, levanté mi último brindis y posé la copa. —Quiero el divorcio. El silencio fue instantáneo. Todos se quedaron de piedra. —¿Te volviste loca? —gritaron mis padres al mismo tiempo. Cesare me apretó la muñeca, sin poder creerlo. —Giulia, ¿hablas en serio? ¿Me pides el divorcio solo porque estaba pendiente del bebé y no te contesté? ¿Vas a armar este lío por celos de un niño de seis meses? No le sostuve la mirada. En su lugar, me quedé fija viendo la marca de un beso, clara y reciente, detrás de su oreja. —Como amas tanto a ese niño —dije con calma—, te lo voy a poner fácil. Ve a ser su padre.
Su cuerpo anhelaba el mío, su corazón me eligió - undefined novels & stories
Crispy Coco
Mi matrimonio con Dante Moretti sorprendió a todos. Tengo un temperamento explosivo y nunca doy marcha atrás. Tras tres años de matrimonio, todo el submundo de Chicago sabía que estábamos siempre a punto de cortarnos el cuello. Excepto en la cama. Allí, nuestros cuerpos simplemente encajaban. El único momento en que no estábamos en guerra era cuando estábamos enredados en las sábanas, perdidos en una tormenta de besos desesperados y placer puro. Innumerables veces me dijo que estaba obsesionado con mi cuerpo, siempre justo en el momento en que se hundía en mí. Pensé que era su forma de decir que se estaba enamorando. Todo eso se derrumbó en una subasta, cuando me arrebató la reliquia de mi madre solo para dársela a ella: una chica de aspecto frágil llamada Ava. Fue entonces cuando me mostró una crueldad que nunca había visto. —Es hora de que pongas los pies en la tierra, Elara —había dicho, con la voz fría como el hielo—. Casarme contigo y acostarme contigo... todo fue solo para mantener la paz entre nuestras familias. Ava es a quien quiero proteger. Pero el día que finalmente me fui de Chicago, el día que anuncié nuestro divorcio al mundo... Ese Don de la mafia, frío y calculador, me persiguió como un hombre poseído.
Destrozando a los Hermanos Mafiosos - undefined novels & stories
Peachy
Mi mejor amiga, Chloe, y yo nos casamos dentro de la mafia. Contrajimos matrimonio con dos hermanos. Yo me casé con el monstruo, Don Adriano. Ella se casó con su rebelde hermano menor, Lorenzo. Fue un matrimonio concertado. Yo no esperaba nada de él. Sabía que su corazón pertenecía a su amor de la infancia, Isabella. Entonces murió mi padre. Desde ese momento, mi hermano autista, Leo, se convirtió en mi mundo, por lo que le cedí todo el imperio naviero de mi familia a Adriano. Él me abrazó esa noche. Me besó las lágrimas de los ojos. Juró que nos protegería a ambos para siempre. Y yo le creí. Ese fue mi error. Hace tres días, una familia rival nos atacó. Dejaron a Leo desangrándose en mis brazos. Lo llevé rápidamente a nuestro hospital privado, pero estaba vacío. No había ni un solo médico de guardia. Llamé a Adriano, pidiendo ayuda a gritos. Y entonces descubrí que él había enviado a todos los médicos a la villa de Isabella. —Se acerca una tormenta e Isabella le tiene pánico a los truenos. El estrés podría desencadenarle una afección cardíaca. No puedo arriesgarme. Tu hermano solo tiene un rasguño. Cúralo tú. Mañana me ocuparé de eso. Colgó. Mientras Isabella dormía tranquila en sus brazos, yo perdí a mi hermano. Lloré toda la noche, abrazada al cuerpo frío de Leo. Cuando desperté, le dije a Chloe que quería el divorcio. Ella me abrazó, sollozando. Me dijo que también iba a dejar a Lorenzo. Los hermanos Moretti no supieron nada hasta que les entregaron los papeles del divorcio. Entonces se volvieron locos.
Extorsión al hombre equivocado: su Don. - undefined novels & stories
Peachy
Esa camarera VIP, nueva en el club, insistía siempre en que fuera yo quien la atendiera. Como era buena para el negocio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, un fin de semana, alrededor de las dos de la madrugada, mientras descansaba en la cama de mi penthouse, me llamó y comenzó a darme órdenes a los gritos. —Estoy en la suite «Paraíso». Sube ahora mismo con una botella y atiéndeme como corresponde. Tuve que aguantarme la risa. Esa mujer actuaba de una forma realmente absurda. —Son las dos de la mañana. ¿Me estás ordenando qué hacer? No soy tu guardaespaldas ni tu proveedor personal. Ella resopló con una voz que destilaba arrogancia. —Mi primo es el gerente del club. Deberías sentirte honrado de atenderme. Ah, y por cierto, aún no has pagado la tarifa de protección de este mes. Más te vale moverte y venir ya, o le diré a mi primo que te arroje al río Chicago. Vaya. Parecía ignorar un detalle bastante importante: todos los muelles del río Chicago, sin excepción, me pertenecían.
El Alfa De Las Dos Lunas Llenas - undefined novels & stories
Apples
Tenía nueve meses de embarazo cuando el Consejo de Lobos envió un reporte de recursos a las habitaciones de la Luna. En él aparecían los gastos mensuales de mi compañero. Durante dos años seguidos, mi compañero del destino, el Alfa de la manada, le había estado entregando en secreto a una loba acceso al territorio, protección y suministros. Sin falta, cada mes. El primer registro era de hace dos años, el mismo mes en que perdí a mi primer cachorro. De pronto apareció una notificación: una solicitud de contacto. El nombre decía: “La compañera del Alfa”. Me sentía extrañamente tranquila; puse una mano sobre mi vientre abultado y acepté. Me escribió. “Ya viste el reporte, ¿no?” No le respondí; en su lugar, abrí su perfil. La publicación más vieja era del 21 de abril de hace dos años. Una loba aparecía apoyada en el pecho de un Alfa. Le habían recortado la cara en la foto, pero la marca en su hombro era clara. La reconocí: era la marca de Alfa de mi compañero. El texto decía: “Gracias por elegirme en mi noche de mayoría de edad”. El 21 de abril. Esa fue la noche en que me quedé desangrándome en la sala de curación, perdiendo a mi bebé. Él me había dicho que estaba fuera por asuntos de la manada. Seguí revisando sus fotos. Entrenaba libremente en áreas exclusivas para Alfas. Usaba recursos reservados para su Luna. La cuidaban como si ya fuera la pareja que debía estar a su lado. Cada publicación transmitía el mismo mensaje: él la eligió a ella. Fijado hasta arriba había un reporte médico: estaba embarazada del cachorro del Alfa. Dejé el celular y regresé a nuestra recámara. Entonces me llegaron más cosas: fotos y videos. Me los mandó a propósito, para presumir que el amor del que yo antes estaba tan orgullosa ya no era para mí. Me senté despacio mientras sentía a mi cachorro moviéndose dentro de mí y dolor me recorría. Solo entonces lo entendí: me había traicionado por completo. No quiero un amor así. No me quedaré en esta manada. Cuando nazca mi cachorro, me iré y me llevaré a su heredero conmigo. Que el Alfa busque en cada territorio, y aunque recorra cada frontera y destruya la manada por arrepentimiento, nunca nos va a encontrar.
Mi Novio Me Entregó a Su Primo Mafioso - undefined novels & stories
Peachy
Tomé una bala por mi novio, Leo. Cuando desperté, decidí jugar un pequeño juego. Le dije que tenía amnesia. Quería ver qué haría. En lugar de preocuparse, vi un brillo de emoción en sus ojos. Acto seguido, introdujo a su primo, Dante, el líder de la familia. —Él es tu prometido, Dante. Llevan dos años comprometidos. Dante, el hombre que supuestamente me odiaba, ahora me miraba como si fuera su razón de vivir. —Sí —dijo—. Soy tu prometido. Bien. Seguiría el juego. Necesitaba saber qué tramaba Leo. Esa noche lo vi por las grabaciones de seguridad en la mansión de Dante. Leo, en la cama con otra mujer, la besaba como si se estuviera muriendo de hambre. Se movía dentro de ella. Y hablaba mal de mí. —Que mi primo cuide a Bella un tiempo. Es tan pesada. Tú eres lo que realmente necesito, Scarlett. Mi corazón se hizo pedazos. Me había pasado a otro hombre. Solo para poder follar con libertad. Bien. Si era un juego, dos podían jugar. Conseguiría un nuevo prometido. Me puse el vestido de novia. Besé a Dante... un beso profundo, devorador, justo delante de Leo. Y entonces, por fin, él estalló. Enloqueció. Me dijo que se había equivocado y me suplicó que volviera con él.
Ya no más la esposa secreta del Don - undefined novels & stories
Liora Z
Me casé en secreto con Don Matteo. Cada vez que se acostaba con su amor de la infancia, me prometía una boda de verdad, frente a las Cinco Familias. Durante cinco años, Matteo me lo prometió noventa y nueve veces. Y noventa y nueve veces, me dejó plantada en el altar. La primera vez, el gato de exposición premiado de Cecilia murió. Para consolarla, pospuso la boda por tres meses. Yo me quedé sola en el altar, con los ojos enrojecidos, intentando calmar a los ancianos de la familia. La segunda vez, Cecilia hizo un berrinche en un casino y destrozó un jarrón antiguo valorado en cien millones. Él desvió el jet privado destinado a la boda y voló toda la noche para ir a arreglar su desastre. Y así cada vez, justo antes de nuestra boda, su amor de la infancia tenía algún tipo de emergencia. Yo lloré. Grité. Incluso llegué a apuntarle con un arma a la cabeza. Pero Matteo solo me empujaba contra la pared y me hacía callar con un beso frío y rudo. —Ella es solo un polvo. Tú eres la señora Falcone. Ten un poco de maldita clase. Después de la vez número noventa y nueve, finalmente me harté. Deslicé los papeles sobre la mesa. La tinta aún estaba fresca, con el sello de la familia Falcone estampado al final. —Nuestro matrimonio, nuestra alianza… se terminó.
Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió - undefined novels & stories
Yolanda Beltrán
El día que cumplí veintiocho años, la empresa de mi padre entró de repente en una grave crisis. Y quien estaba detrás de todo resultó ser Santiago Vega, mi esposo, con quien llevaba diez años de relación. Fui a buscarlo para exigirle una explicación, pero los sorprendí juntos en una situación íntima: Santiago y Daniela Cruz, a quien yo siempre había conocido como su hermanastra. —Dani, sé que no ha sido fácil pasar diez años fingiendo ser mi hermana. En cuanto me haga con la empresa de los Navarro, voy a dejar a Valentina de una vez por todas. —Qué bien, Santi. Por fin nos llegó nuestro momento. Valió la pena que desde la preparatoria te la pasaras detrás de ella, complaciéndola en todo. Fue entonces cuando entendí la verdad. Daniela nunca había sido su hermana. Era su verdadera pareja, y yo no había sido más que el medio que Santiago necesitaba para conseguir lo que quería. Todo lo que habíamos vivido durante esos diez años había sido un engaño. Abrí el diario en el que había escrito nuestra historia durante todos esos años y, desesperada, dejé una última frase: "Santiago, tardé diez años en descubrir quién eres en realidad. Si pudiera volver atrás, no querría conocerte nunca..." Apenas terminé de escribir, apareció una frase nueva en la página. "¿Quién eres? ¿Por qué estás escribiendo en mi diario? Santiago es el chico que me gusta. ¿Qué relación tienes con él?"
La decisión de Donna - undefined novels & stories
Null
Mi esposo, Dante, es el Don más intocable de la familia Vance en Nueva York y tiene una regla inquebrantable: después de las nueve de la noche, si está fuera por asuntos de la familia, no responde ninguna llamada. Yo siempre entendí su devoción por la familia, por lo que durante cinco años hice todo lo posible por no molestarlo nunca. Hasta anoche, cuando conducía sola cerca de los muelles y terminé entrando en una emboscada de hombres armados de una familia rival. En medio del pánico, llamé a Dante, rogándole que me salvara. El teléfono sonó durante lo que pareció una eternidad y, cuando por fin se dignó a responder, su voz sonó helada como un témpano de hielo: —Nora, llevamos mucho tiempo casados. Como Donna de la familia Vance, deberías conocer las reglas. Dicho esto, cortó, sin darme tiempo a pedirle ayuda. Esa noche, apenas logré escapar con vida de la lluvia de balas. Pasé la noche en el hospital. Pero, cuando llegué a casa, a la mañana siguiente, lo único que recibí fue una mirada llena de reproche. Dante me acusó de haber interrumpido un acuerdo crucial de transporte de la familia y de haber enviado una falsa señal de auxilio. Sabía cuánto trabajaba, así que me tragué mi dolor. Pero, más tarde, cuando usé su ordenador, por accidente vi su registro de llamadas. Un contacto lo había llamado casi todas las noches. Siempre… después de las nueve. Siempre… Durante cinco años completos. Conocía ese número. Pertenecía a Alexa, la Capo de la familia Vance. La mujer que todos en la familia habían considerado durante años como la única verdaderamente adecuada para estar con Dante. En ese momento, todo el dolor que había reprimido durante tanto tiempo volvió de golpe. Después de calmarme, tomé mi teléfono y encontré una invitación que había recibido unos días antes para una exposición internacional de arte y, sin pensarlo más, pulsé «aceptar». En tres días, desaparecería por completo de su mundo.
El Juguetito De Mi Esposo - undefined novels & stories
Crystal K
Mi mejor amiga, Maya, voló desde Miami para la semana de mi despedida de soltera. Eran mis últimos días de libertad. Insistió en organizar una noche de chicas para celebrar y pidió toda mi comida favorita a domicilio. Me pidió que le cuidara el celular y esperara un momento. Entonces, la pantalla se iluminó. Era un mensaje de un hombre. Una foto sin camisa. “Mi arma está lista para ti esta noche”. Llegó otra foto vibrando. Juguetes sexuales. Accesorios de bondage que parecían sacados de una película. Sentí que la cara me ardía. El corazón me latía descontrolado contra las costillas. Acababa de tropezarme con su vida secreta. Pero la siguiente imagen me cortó la respiración. Era un primer plano del pecho del hombre. Tenía una cicatriz que yo conocía mejor que mi reflejo. Era de mi prometido, Luciano Carbone.
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