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Mga Maiikling Kuwento at Nobelang Matrimonio Romance

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Tres Horas para Ella, Diez Minutos para Mí - Romance nobela & mga-kwento
Mencía Zavala
Durante ocho años acompañé a mi esposo, el violonchelista Ethan Olvera, desde sus peores momentos —el aislamiento, la autodestrucción y varios intentos de suicidio— hasta verlo tocar en la Sala Dorada de Valdoria. Durante su año más difícil, Ethan ni siquiera podía sostener el arco con firmeza. Una y otra vez lo encontré encerrado en una habitación y me quedé a su lado mientras perdía el control y se derrumbaba. Compuso para mí su primera obra completa y la llamó "La persona que más amo". Me dijo que, mientras yo quisiera escucharla, la tocaría para mí toda la vida. Después llegó la fama. Su agenda se llenó de conciertos por todo el mundo y apenas le quedaban diez minutos a la semana para estar conmigo. Cuando por fin teníamos esos preciados diez minutos para estar juntos, le pedía que volviera a tocar "La persona que más amo". Pero él siempre cerraba los ojos, agotado. —Los conciertos ya me cansan bastante. No quiero seguir con la presión del trabajo cuando llego a casa. Me dolía verlo así, de modo que no volví a pedírselo. Hasta que un sábado me enviaron a Valdoria de improviso para hacer una entrevista. El concierto ya había terminado cuando escuché aquella melodía conocida en el auditorio. Entre el público solo quedaba su asistente, Marina Suárez, dormida en un asiento de la primera fila. Ethan estaba en el centro del escenario, tocando "La persona que más amo" una y otra vez para arrullarla. Alguien le recordó que debía descansar. Él la miró y respondió en voz baja: —No importa. A ella le gusta escucharla. Me quedé escuchándolo tocar para ella durante tres horas enteras después del concierto. Así que no estaba demasiado cansado, ni se negaba a llevarse trabajo a casa. Simplemente ya no quería tocarla para mí. No entré a pedirle explicaciones. Me di la vuelta y me fui. Había decidido aceptar el traslado a la sede de mi empresa en Monteliria por un período de tres años. Me quité el anillo de matrimonio que había llevado durante ocho años.
El Magnate y Su EX de las Cien Casas - Romance nobela & mga-kwento
Noa Ferrer
¿Hasta dónde puede llegar alguien con dinero? Mi esposo tenía tanto que, en Bruma, le decían Medio Bruma, ya que casi la mitad de la ciudad es suya. Llevábamos cinco años casados; cada vez que se iba a acompañar a su amor de toda la vida, me traspasaba una casa. Cuando a mi nombre ya había noventa y nueve, él notó que yo había cambiado. Ya no lloré ni supliqué, simplemente me limité a escoger la mejor mansión de la ciudad, preparé la escritura y esperé a que él la firmara. Cuando lo hizo, su voz se le ablandó al prometer: —Cuando regrese, te llevaré a ver los fuegos artificiales. Guardé los papeles y asentí. Lo único que no le conté fue que: lo que acababa de firmar esa vez no era una casa más, sino… nuestro acuerdo de divorcio.
De el silencio a la libertad - Romance nobela & mga-kwento
Ríoocaso
Sufro de afasia intermitente: cuando mis emociones se desbordan, pierdo la capacidad de hablar. Todos se burlaban de mí, llamándome la muda. Solo mis mejores amigos, Beatriz Chávez y Ramón Cruz, me protegían de todo eso. Cuando le declaré mi amor a Ramón, fue Beatriz quien leyó mi carta de amor en mi lugar. El día que él me propuso matrimonio, también fue ella quien respondió que sí por mí. Creí que eran las dos personas que mejor me entendían en el mundo, hasta que los preparativos de la boda hicieron cambiar por completo mi perspectiva. Yo quería una ceremonia tradicional, pero todo se modificó porque Beatriz dijo que prefería un estilo moderno. Yo soñaba con una vivienda en el centro de la ciudad, pero Beatriz se adelantó y habló por mí, afirmando que no me gustaba el bullicio y que era mejor mudarnos a las afueras. Sin dudarlo, Ramón compró de inmediato una casa en las afueras. El día de la boda, terminé de ponerme el vestido de novia y salí, sin embargo, encontré la casa completamente vacía. Llamé a Ramón por videollamada y me enteré de que toda la familia ya estaba en la ceremonia. Ramón me habló por el celular: —Aurora, no hace falta que vengas a la boda. Bea va a cumplir todo el protocolo en tu lugar. Mi madre también me suplicó desde el otro lado: —Aurora, es un evento muy grande. Si te da el ataque y no puedes hablar en medio de todo eso, nuestra familia no puede permitirse esa vergüenza. Beatriz intervino con una sonrisa tranquila: —Aurora, la boda no es más que una formalidad. Da lo mismo quién sea la novia. Yo también soy como la hija de nuestra mamá. En ese instante, después de años de silencios involuntarios, mi voz salió clara frente a todos. —Hagan la boda ustedes dos. Yo me retiro.
Siete días con él, toda una vida sin mí - Romance nobela & mga-kwento
Sandra P.
A mi esposa, Waverly Gardner, le gustaba verme celoso. Decía que cuanto más me molestara que otros hombres se le acercaran, más claro quedaba que yo la amaba. Por eso, cada año, el día de nuestro aniversario de bodas, hacía que su mejor amigo, Tobias Lawson, ocupara mi lugar como esposo durante unos días. Mientras tanto, ella y sus amigos apostaban cuántos días aguantaría aquella situación. La primera vez que hicieron aquel juego, Tobias se puso mi traje hecho a la medida sin pedirme permiso y posó para unas fotos con Waverly. Le ordené que se lo quitara de inmediato, pero ella me besó y se echó a reír. Según Waverly, mi reacción demostraba que yo no podía vivir sin ella. La segunda vez, Waverly le cedió nuestro dormitorio principal a Tobias y me mandó al cuarto de invitados. Le exigí a Tobias que se fuera de la casa en ese momento, pero ella abrió la puerta y me aseguró que él solo iba a quedarse una noche. El año anterior había llevado a Tobias a una cena con los Gardner y le había dado mi asiento de siempre. Hasta les pidió a sus padres que lo trataran como a un yerno. Solo me sujetó para detenerme cuando me levanté de la mesa para irme. —Xavier, ¿de verdad tienes que armar un escándalo por cómo lo tratan mis padres? —me reprochó sin soltarme. Pero ese año, Waverly y Tobias fueron más lejos. Él entró en nuestra casa arrastrando sus maletas y sacó un juego de llaves nuevas. —Waverly me dijo que podía ocupar tu lugar como esposo durante siete días. No te vas a enojar conmigo, ¿verdad, Xavier? —me preguntó delante de todos, con las llaves en la mano. —Si de verdad me ama, se va a poner celoso —aseguró Waverly con una sonrisa mientras le pasaba un brazo por los hombros. Todos esperaban que yo explotara como en los años anteriores y que ella, entre risas, diera por terminado el juego. Pero esa vez volví a mi cuarto y empecé a empacar mis cosas. Antes de irme, puse mi anillo de bodas y la llave de la casa en la mano de Waverly. —Siete días me parecen pocos —le dije con calma—. Tobias puede quedarse con mi lugar de esposo para siempre.
Mi esposo eligió a su hija adoptiva, yo me fui - Romance nobela & mga-kwento
Alyssa J
Damien y su exesposa se divorciaron hace cinco años, y luego él se casó conmigo. Cuando nos casamos, él tenía una hija adoptiva de 13 años llamada Lily. Después de nuestro matrimonio, Damien me trató excepcionalmente bien y yo siempre traté a Lily como si fuera mi propia hija; incluso cuando en ocasiones ella mostraba hostilidad hacia mí, no me importaba. Eso es normal en una chica adolescente, después de todo. Hasta que mi padre fue accidentalmente atropellado por un coche y quedó en estado vegetativo. Fue allí que, por casualidad, escuché una conversación entre Damien y su asistente. —Jefe, no lo entiendo. ¿Por qué bloquear la craneotomía? —preguntó el asistente, sonando confundido—. Los médicos dicen que hay una alta probabilidad de que él pueda recuperarse. ¿Por qué insiste en un tratamiento conservador? —Él no puede despertar —la voz de Damien estaba contenida por el dolor—. Vio el rostro de Lily. Me cubrí la boca con la mano, clavando las uñas profundamente en mi carne. Lily es la hija adoptiva de Damien y de su difunta exesposa, Sarah. Sarah murió salvando a Damien, por lo que él siempre ha tratado a Lily con una mezcla de culpa y total indulgencia. Damien continuó, con un tono increíblemente conflictivo: —¡Pero Lily no lo hizo a propósito! Solo tiene trece años… Si obtiene antecedentes penales, su vida se acabará. El único deseo de Sarah antes de morir fue que yo cuidara de Lily y la viera crecer sana y salva. No puedo renunciar a ella. El asistente guardó silencio durante unos segundos. —¿Y qué hay de su esposa? —Voy a compensarla por esto —la voz de Damien se suavizó—. Le proporcionaré la vida más próspera y conseguiré la sala privada más grande junto con los mejores cuidadores para su padre, quien sufrió el accidente automovilístico. No me importa cuánto cueste. Mi corazón se hundió por completo. ¿Solo porque te sientes culpable con Sarah y Lily vas a sacrificar a mi padre? Con las manos temblorosas, guardé la grabación que tomé y le pedí a mi abogado que preparara los papeles del divorcio. Sin embargo, cuando desaparecí por completo de su vida, el una vez poderoso CEO se volvió loco.
Mi menstruación expuso todo - Romance nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Desaparecida en el fuego - Romance nobela & mga-kwento
Bollo Arrocero
En el quinto año de matrimonio, Julieta Torres se quejaba de que la vitamina C que su esposo le había comprado sabía demasiado amarga. Con el frasco en la mano, fue al hospital. El médico lo revisó y dijo: —Esto no es vitamina C. —¿Perdón, puede repetirlo? —preguntó Julieta. —Lo repita cuantas veces lo repita, es lo mismo —señaló el frasco—. Esto es mifepristona. Si la tomas en exceso no solo causa esterilidad, también daña seriamente el cuerpo. La garganta de Julieta se sintió como si algo la obstruyera, y sus manos, aferraban el frasco con fuerza. —Eso es imposible, este medicamento me lo dio mi esposo. Se llama Bruno Castro, también es médico en este hospital. La mirada del doctor hacia ella se volvió extraña, cargada de un matiz difícil de explicar. Al final, sonrió levemente. —Señorita, mejor vaya a consultar a psiquiatría. Todos aquí conocemos a la esposa del doctor Castro, y hace apenas un par de meses dio a luz a un bebé. No se haga ilusiones, muchacha, no tiene caso.
Ahora Lloras, Pero Yo Ya No Te Amo - Romance nobela & mga-kwento
Patricia Muñoz
Con ocho meses de embarazo, Rosalía Flores fue al centro comercial a comprar lo necesario para el parto y volvió a ser agredida por Cecilia Contreras, que la acusó de ser la amante de su esposo. Para proteger al bebé que llevaba en el vientre, no pudo defenderse. Cecilia la jaló del cabello, le dio varias bofetadas y estuvo a punto de arrancarle la ropa. Cuando ya no pudo soportarlo más, llamó a la policía. Las llevaron a la estación, donde ambas aseguraron ser la esposa de Andrés Juárez. Los agentes no tuvieron más remedio que llamarlo para comprobarlo. Al enterarse de que Andrés iría en persona, Cecilia sacó un espejo para retocarse el maquillaje y miró a Rosalía con absoluta seguridad. —¿Crees que Andrés dirá que yo soy su esposa para protegerme? Yo creo que sí.
El Borracho que Me Hizo Su Reina - Romance nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Invité a mis compañeros a un bar para divertirnos, pero al momento de pagar descubrí que no tenía saldo suficiente. Desesperada, caminé hacia el reservado VIP donde estaba sentado aquel hombre guapísimo. —Cúbreme la cuenta. Luego te transfiero. El hombre me miró con una frialdad fingida. —Señorita, ¿nos conocemos? Le arrebaté la copa de la mano. —No. Pero pregúntale a tu guardaespaldas cuántas veces me ha pedido ayuda por tu culpa. Ya te he sacado de apuros varias veces. ¿Tanto te cuesta devolverme el favor aunque sea una vez? El hombre puso cara de no entender nada, pero el guardaespaldas que estaba a su lado se llevó una mano a la cara. —Señor, es verdad. Cada vez que usted se emborracha, no deja que nadie se le acerque. Solo a ella la deja acercarse. Para poder llevarlo a casa, he tenido que llamarla varias veces y pedirle ayuda.
Mi Bastardo Inocente - Romance nobela & mga-kwento
Grin
Rebeca, la amiga de toda la vida de mi prometido, resultó que estaba embarazada, por lo que, Héctor, para salvar su reputación, decidió casarse con ella. Cuando, sin poder creérmelo, le pregunté qué iba a pasar con nuestro bebé y conmigo, Héctor me respondió con una calma que me dejó aterrada: —Mira, Gabriela, Rebeca no es como tú. Ella solo me tiene a mí en el mundo. No soportaría el escándalo ni los chismes por un embarazo así. Lo que él parecía olvidar era que yo tampoco tenía a nadie más en el mundo, y que nosotros dos también esperábamos un hijo sin estar casados. Tiempo después, mientras todo el mundo se burlaba y decía que el hijo que yo esperaba era un bastardo fruto de la infidelidad... Héctor, junto a Rebecca, se limitaba a observarlo todo con una indiferencia hiriente. Fue entonces cuando comprendí que, incluso en el amor, hay niveles. Así que tristemente decidí abortar a nuestro hijo, que de por sí no era ningún bastardo, para así dejarle el camino libre a él y a su «inmenso amor» por ella.
El Hockeyista Fingió Amarme y Elegí a Su Rival - Romance nobela & mga-kwento
Miss Sunny
—Su matrimonio era un recuerdo de cincuenta dólares, señorita Vance. Y su esposo ya estaba casado con otra persona. En un solo instante, en la oficina de inmigración, mi vida como esposa de la superestrella de la NHL, Liam Sterling, se evaporó. Nuestra boda secreta en Las Vegas había sido un fraude, y Liam ya estaba legalmente casado con su "representante", Sophia. Pero la crueldad no terminó ahí. Liam esperaba que yo adoptara al "huérfano de un héroe de guerra", un niño que en realidad era el hijo secreto de Sophia y él. No quería una esposa. Quería a una doctora de equipo de clase mundial para salvar su carrera y a una niñera gratis para criar al hijo de su verdadera esposa. Liam cometió un error fatal: olvidó que yo era la única que podía mantenerlo en el hielo. Firmé un contrato récord con los Titans, sus rivales más fuertes. Mientras la rodilla de Liam se hacía pedazos durante los playoffs, yo estaba en el banquillo del enemigo, sanando al único hombre que podía destruirlo. ¿Él quería una niñera? Estaba segura de que tendría su peor pesadilla.
Noventa y nueve veces te perdoné - Romance nobela & mga-kwento
Simp-pático Inocente
¿Cuánto me llegó a amar mi esposa? En aquel entonces, me pidió noventa y nueve veces que nos casáramos. Fue recién a la centésima cuando su insistencia terminó por conmoverme. El día de nuestra boda, le regalé noventa y nueve vales de reconciliación. Prometimos que, mientras le quedara uno solo, yo nunca me iría de su lado. Tras cinco años de casados, ella canjeaba un vale cada vez que salía a ver a su alma gemela. Al usar el número noventa y siete, ella notó de pronto que algo en mí había cambiado. Ya no había lágrimas ni escenas, ya no le suplicaba que se quedara a mi lado. Una vez, mientras ella perdía la cabeza por atender a su joven y mimado secretario, le pregunté en voz baja: —Si te vas con él, ¿puedo cobrar un vale de reconciliación? Se quedó pasmada un segundo y, extrañamente, cedió: —Está bien. Total, apenas habremos usado unos sesenta. Úsalo si quieres. Asentí y la dejé irse. No se imaginaba que era el noventa y siete. Ni que solo nos separaban dos vales del final.
Por fin me liberé de 10 años de pasado - Romance nobela & mga-kwento
Dolores Molina
Durante un evento de duración limitada, mi prometida y el tipo tóxico que se negaba a dejarla ir fingieron ser pareja. Habían acordado mantener la farsa durante una semana, pero él no dejaba de provocarla, empeñado en convertir aquel juego en una cuestión de orgullo. —Valerie, no me digas que ahora te dio miedo. ¿Qué tal si subimos la apuesta de verdad? Dijimos que jugaríamos a esto de por vida. ¡El primero que se eche para atrás es un cobarde! Todos creían que Valerie terminaría abandonando el juego por mí. Sin embargo, ella apretó los dientes y se negó a ceder. Lejos de poner fin a aquella farsa, decidió llevarla todavía más lejos y convirtió su relación fingida en un matrimonio de mentira. Durante las siguientes cinco Navidades, Valerie fue a pasar las fiestas con Grayson Huntington en lugar de acompañarme a mí. Este año no fue la excepción. Me quedé mirando otro mensaje de mi madre. Mamá: «¿Puedes traer a Val a casa esta Navidad? Me temo que el próximo año ya no estaré aquí para verla». Apreté el celular con fuerza. Aquellas palabras me pesaban más que las otras veces, porque sabía que mamá no me estaba pidiendo simplemente que llevara a Valerie a casa para las fiestas. Quería volver a verla mientras todavía tuviera tiempo. Cuando levanté la vista, Valerie acababa de entrar, cargada de regalos navideños. Sin percatarse de mi expresión, dejó las compras a un lado y empezó a comparar algunas prendas, sosteniéndolas frente a su cuerpo mientras pensaba en voz alta. —¿Qué tipo de ropa crees que le gustaría a la mamá de Grayson? Al ver que no le respondía, murmuró para sí misma: —Olvídalo. Mejor le pregunto directamente a Grayson. Después, se marchó tan absorta en sus compras que ni siquiera pareció notar mi silencio. La seguí con la mirada mientras se alejaba, entretenida con los preparativos para pasar otra Navidad con él. Entonces desbloqueé el teléfono y abrí una conversación que llevaba mucho tiempo sin tocar. Me quedé mirando la pantalla unos segundos antes de escribir: «¿Sigue en pie lo que me dijiste aquella vez? Ven conmigo a casa esta Navidad».
Dieciséis Viajes, Una Traición - Romance nobela & mga-kwento
Josefina Salas
Durante los cuatro años de universidad, al inicio y al final de cada semestre, Gael Montenegro compraba los boletos de tren para mí y para mi mejor amiga, Micaela Rojas. Siempre decía que los había comprado demasiado tarde y que por eso nunca había conseguido tres asientos juntos. En cuanto recibíamos los boletos, Micaela lo regañaba en nuestro grupo de chat: —Gael, ¿se puede ser más inútil? Compraste tres boletos y acabamos en tres vagones distintos. La próxima vez, aunque tengas que viajar de pie, te quedas al lado de Luciana. Si no, yo misma voy a hacerte pagar. Él le respondía de inmediato: —¿Y tú quién eres para decirme qué hacer? Aunque tuviera que pasar todo el viaje de pie junto a Luciana, no sería asunto tuyo. Yo les creí. Incluso aquella vez que pasé seis horas sola en clase económica, con fiebre y llamándolo más de diez veces en plena noche sin que contestara, pensé que se había quedado dormido en otro vagón. Todo cambió durante el viaje de fin de carrera, cuando un pasajero me pidió que intercambiáramos asientos. Me abrí paso por los vagones hasta el lugar que me había cedido y encontré a Micaela con mi abrigo puesto y la cabeza apoyada en el hombro de Gael, mientras ambos compartían un par de audífonos. Al verme, Gael solo se quitó uno de los audífonos y se enderezó. —Antes de que digas algo, siempre hemos respetado los límites. Te lo oculté porque sabía que te pondrías nerviosa si descubrías que íbamos a pasar seis horas sentados juntos. Micaela dio unas palmaditas en el asiento a su lado. —Soy tu mejor amiga. ¿No prefieres que sea yo quien se asegure de que tu novio respete los límites, en vez de que viaje junto a una desconocida? En ese momento, una empleada del tren se acercó sonriendo y les entregó dos etiquetas de equipaje a juego, pensadas para parejas. —El sistema muestra que, durante los últimos cuatro años, viajaron juntos dieciséis veces y siempre tuvieron asientos contiguos. Por eso quisimos darles este recuerdo. Solo después de decirlo reparó en mí. Consultó de nuevo los datos de la reserva y preguntó: —¿Ella también es amiga de ustedes? Veo que su boleto forma parte de la misma reserva. Qué curioso… En cada reserva de tres boletos, a ella le tocó sentarse sola. El vagón quedó en silencio. Al ver que Gael evitaba mi mirada, por fin lo entendí. Ellos jamás habían viajado separados.
Adiós al amor que perdí hace ocho años - Romance nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Hace ocho años, le rompí el corazón al único hombre que he amado. Ahora, tras pasar casi una década en el extranjero, Liam Hayes por fin volvía a casa. Y no venía solo: traía a su nueva novia para presentarla a su familia. Ese mismo día, el hospital me dio su veredicto final. El cáncer había ganado. Ya no quedaba nada por intentar, ningún tratamiento que probar. Me enviaron a casa sabiendo que mis días estaban contados. Cuando el señor Liam me vio en el hospital, mientras mi madre me ayudaba a subir a una silla de ruedas, una sonrisa gélida curvó sus labios. —Ocho años —dijo, con una frialdad que calaba los huesos—. ¿Y en esto te convertiste? ¿Ya ni siquiera puedes caminar sola? El desprecio se filtraba en cada una de sus palabras. Yo solo tiré de la manga de mi abrigo hacia abajo, ocultando las marcas de los pinchazos de las agujas en el dorso de mi mano. —No es nada —respondí en un susurro—. Me caí y me fracturé un hueso. Eso es todo. Él soltó una carcajada seca y amarga. —En ese caso, ya que me voy a casar pronto, ¿por qué no vienes a la boda? Serías la dama de honor perfecta para mi prometida. Le sonreí, fingiendo que sus palabras no me estaban desgarrando el alma. —Te lo agradezco, pero no podré. Estoy a punto de irme a un lugar muy, muy lejano. Luego, le di una palmadita en la mano a mi madre, pidiéndole en silencio que me sacara de ahí y me llevara a casa.
Noventa y Nueve Brazaletes de Esmeralda y un Divorcio - Romance nobela & mga-kwento
Victoria Guerra
Cada vez que mi esposo me era infiel, me regalaba un brazalete de esmeralda. En cuatro años de matrimonio, reuní noventa y nueve brazalete. Lo perdoné tantas veces. Esta vez se fue de viaje tres días. Al volver, me trajo una con esmeraldas AAAA, valuado en millones. Entonces lo supe: era hora de pedir el divorcio.
Después de Siete Hijos, Lo Abandoné - Romance nobela & mga-kwento
Isabella Solís
Cuando Jaime Rosales llevó al hospital a su séptima amante para que yo atendiera el parto, sus amigos apostaron a ver cuántos segundos tardaría yo en armar un escándalo. Sin embargo, ni siquiera cuando el llanto del recién nacido resonó en la sala de partos, nadie me oyó alzar la voz. —Jaime, ya es el séptimo. ¿No crees que esta vez Camila sí se enojó de verdad y decidió no volver a hablarte? Él respondió con indiferencia: —Ella no puede darme herederos sanos y yo necesito herederos para mi fortuna. Tarde o temprano iba a tener hijos con otras mujeres. Mejor que sean varios de una vez; así tendrá que aceptarlo. En ese momento salí con el bebé en brazos y, con la serenidad que exigía mi trabajo, anuncié: —Felicidades. Es un niño. Pesó tres kilos ochocientos gramos y tanto él como la madre están bien. Jaime sonrió, tomó al pequeño en brazos y me tendió un convenio de divorcio. —Fírmalo. Es solo una farsa para darle gusto a Valentina. Insistió en que me divorciara de ti antes de aceptar tener otro hijo conmigo. Si vuelve a quedar embarazada, tendremos ocho hijos. Pero, por muchos hijos que tenga con otras mujeres, tú seguirás siendo la señora Rosales. Nadie podrá quitarte ese lugar. Ya había participado en aquella farsa seis veces. Esta vez, firmé mi nombre sin vacilar. Tiempo después, acepté la propuesta de matrimonio de otro hombre. Jaime parecía haber olvidado que yo no era estéril. El problema era otro: los dos éramos portadores de la misma enfermedad genética recesiva. Cada embarazo entre nosotros implicaba un riesgo real de que el bebé naciera gravemente enfermo. Con un hombre que no fuera portador, yo sí podía tener hijos sanos. ¿Por qué estaba tan seguro de que criaría hijos ajenos únicamente para conservar el título de señora Rosales?
El amor que quedó atrás - Romance nobela & mga-kwento
Camote Loco
En el hospital se armó un escándalo. Un familiar de un paciente agitaba un cuchillo como un loco y, por instinto, empujé a Bruno para apartarlo. Pero él, de un tirón, me agarró la mano y me puso enfrente... para proteger a su querida Celia. Así, la cuchillada fue directo a mi vientre. Y con eso, me arrancó a mi bebé, que apenas empezaba a vivir. Mis compañeros del hospital, con lágrimas en los ojos, intentaban llevarme de urgencia a la UCI, pero Bruno me jaló de la camilla con brusquedad. Con la voz dura y cortante, soltó: —¡Primero salven a Celia! Si a ella le pasa algo, los echo a todos. Los médicos se quedaron helados, llenos de indignación. —¡Estás loco, Bruno! —le gritó uno—. Celia solo tiene un rasguño, ¡tu esposa está mucho peor! Yo, con las manos apretando mi abdomen empapado en sangre, asentí lentamente. —Déjenlo así... Bruno... con esto que te devuelvo hoy, ya no te debo nada.
La última ronda: Por fin gané yo - Romance nobela & mga-kwento
Montserrat
En la fiesta de compromiso, mi prometido Juan Pérez propuso jugar durante siete días al "Juego de la palabra prohibida". Cada uno llevaba pegada en la frente una tarjeta con una palabra prohibida que no podía ver. Quien la pronunciara, tendría que aceptar un castigo. Cuando me tocó a mí, María González pidió ponerse mi anillo de compromiso, sentarse en mi lugar de honor y beber la copa nupcial con Juan. Dije "no" tres veces, y las tres veces toda la mesa aplaudió, dando por hecho que había caído en mi palabra prohibida. A la última, María soltó el anillo a propósito y este rodó hasta la torre de copas de champán. Estiré la mano para atajarlo y un vidrio roto me abrió un corte en el brazo. Pero Juan corrió primero a proteger a María, y luego me miró con el ceño fruncido, con la mano llena de sangre. —Es solo un juego. ¿Vas a armar tanto lío que no vas a parar hasta terminar en el hospital? Después de que me cosieran sola, me vi la tarjeta reflejada en el espejo del hospital. No tenía ninguna palabra prohibida escrita. Solo una línea pequeña que decía: "Diga lo que diga, ella pierde." No dije nada. Volví a pegarme la tarjeta tal como estaba. Ellos no lo sabían, pero yo también tenía preparada la última ronda de este juego.
No Quedan Más Perdones - Romance nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Cada vez que mi esposo, Dave Tarrett, se quedaba a dormir en casa de su exnovia, Maggie Gorringe, me regalaba un edificio más. A los dos años de casados, ya tenía 285 propiedades comerciales distribuidas por todo el país. Y eso significaba que Dave me había traicionado 285 veces. Después de recibir la escritura de la propiedad número 286, Maggie me envió otro de sus videos burlones. —¿Y qué importa que Dave te dé dinero? Soy yo quien tiene su corazón y su cuerpo. Tal vez seas una supermodelo famosa en todo el mundo, pero ni siquiera puedes hacer que tu propio esposocomparta la cama contigo. No valía la pena discutir. En vez de eso, le envié el nuevo conjunto de Victoria's Secret de mi desfile más reciente. Cuando Dave se enteró de mi "generosidad", decidió compensarme llevándome a una reunión de la alta sociedad. Durante uno de los juegos de la fiesta, Maggie perdió tres veces seguidas y recibió el reto de lamer crema batida del muslo de un playboy. Maggie tomó una botella de vino, la rompió de un golpe y presionó el vidrio afilado contra su cuello. —¡Dave, no permitiré que me humillen así! Dave, que siempre aparentaba ser frío e indiferente, se puso nervioso de inmediato. Después me miró a mí. Como siempre. —Es solo crema batida —dijo en voz baja—. Hazlo por ella. Te prometo que esta noche me iré a casa contigo. Todos esperaban que armara un escándalo. Pero permanecí serena y acepté sin protestar. Él no sabía que esta era la vez número 287 que me rompía el corazón. Y yo ya estaba cansada de ser su obediente mascota. Cuando terminara de pagar la deuda que tenía con él por haberme salvado la vida, nuestro matrimonio terminaría para siempre.
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