LA ESPOSA TRAICIONADA
Un FLASHBACK: La escena de la traición
Isabella acababa de regresar de un viaje inesperado. El apartamento olía extrañamente a perfume barato, no al familiar aroma de hogar. Al llegar a la sala, un detalle la detuvo en seco: unos tacones rojos, abandonados descuidadamente junto a la mesita baja, brillaban con arrogancia bajo la lámpara. La visión era tan burda, tan descarada, que un escalofrío helado le recorrió la espalda.
Más adelante, sobre el sillón, una camisa blanca suya —la que le había regalado por su cumpleaños— estaba arrugada, todavía con el aroma de su perfume favorito, ahora mezclado con una dulzura extraña.