MÁS ALLÁ DEL CONTRATO
Antes de que pueda procesarlo, la puerta que proviene del estacionamiento se abre y entra mi papá, Alexander y sus amigos.
La escena me golpea de lleno. Todos vienen riendo, animados, con el rostro iluminado por la emoción de una jornada compartida. Mi padre resplandece como hacía años no lo veía. Con un ímpetu casi juvenil, se inclina hacia mamá y la besa con ternura, luego gira hacia mí y dejó un beso en mi mejilla.
—Ha sido el mejor día de mi vida —me dice, con una sonrisa que me aprieta el corazón.