Sádico
—La verdad si necesito mucha ayuda… —reconoció, dócil, con voz suave.
—Entonces ven conmigo y resolveré tus dudas.
Libia le dio indicaciones a su guarda y enseguida caminó hasta el carro de Dorantes. Al subirse y comenzar a contarle sus conflictos laborales, fue consciente, por primera vez, de la garrafal diferencia de edades. Julio, bien, podría ser su padre, de hecho, el hombre tenía una hija mayor que ella. Mientras la plática seguía su curso, la chica no pudo recordar lo que le gustó de él. Era un hombre de cuarenta y siete, guapo, sí, pero eso no quitaba los veinticuatro años de diferencia. Además, su cabellera platinada, lo hacía ver incluso mayor. Esos minutos en el vehículo le mostra