El Hijo de Vicenzo
Era digno de admirarle, era agradablemente fascinante, deleitarse de su belleza.
Todo en él era bien hecho, sus manos, su cuello, su torso. Sus piernas. recordaba las veces que lo observe afuera de la oficina de mi padre, cuando aún era muy joven y tonta, siempre revisando papeles o haciendo llamas, era mi ilusión de adolescente. Era la primera sensación que nacía en mí de ese sentimiento llamado amor, y mi cuerpo reaccionaba ante la imaginación divagando en mi mente como si pudiera crear escenas poco apropiadas para mi edad, siendo menor de edad el tendría muy serios problemas si se acercaba y me robaba un beso.
Lo imaginaba declarándome su amor, enviarme cartas secretas con poesía, cosas d