Una noche con el millonario
No sé cómo explicarlo, es como si todo el dolor que experimenté alguna vez, se diluyera de la misma forma que lo hace un puñado de sal lanzado en un inmenso lago de agua dulce.
—Y yo a ti, süße. Te amo. ¡Te amo! —grita, restándole importancia a las personas que transitan a nuestro alrededor, y girando sobre sus pies, conmigo en sus brazos, como haría un adolescente. Y qué puedo decir si yo también me siento así, como una chica que acaba de descubrir lo que es el amor. Es una manera tonta, cursi e inmadura de pensar, pero dicen que en el amor no hay edad.