SEDUCIDA POR EL JEFE MAFIOSO
Mientras sus ojos recorren las cláusulas, Valeria siente una náusea creciente: el sueldo es astronómico, una cifra que liquidaría no solo la deuda de su hermana, sino que le permitiría vivir con un lujo obsceno por el resto de su vida, pero el costo es su libertad.
El contrato estipula que debe residir permanentemente en la propiedad de Adrián, que su tiempo le pertenece a él las veinticuatro horas del día y que cualquier incumplimiento de su “disponibilidad” resultará en consecuencias legales y financieras que la destruirían por completo. Es, en esencia, la formalización de su esclavitud bajo un nombre elegante y un sello corporativo.
–¿Qué es esto, Adrián? –pregunta ella, y aunque intenta