Vuélveme a amar
Sería un ganar ganar, si no fuera porque sus hombres lo traicionaron a último momento.
Hablando de él, se encontraba sentado en su sillón de cuero, observando las luces de la ciudad a través de los enormes ventanales de su sala, un olor extraño lo sacó de su relajación, se levantó siguiendo el aroma. Luego de entrar a la sala, giró la cabeza lentamente, sin prisa, con la calma de quien ha vivido el peligro tantas veces que ya no lo teme. Allí, en medio de la sala, estaba Alonso, el hombre en que alguna vez llegó a confiar y le suministro el sedante a Astoria, ahora inerte en el suelo.