Por el amor del millonario
Hanna se quedó de pie, mirando hacia el hombre que había elegido para ella, era mucho más guapo en persona que las revistas, y sin duda alguna, iba a conquistarlo, o dejaba de llamarse Hanna Montiel.
—¿Así que pusiste tus ojos en Wilmer Nava? Yo creí que no te interesaba pescar a un hombre rico.
—No te equivoques Carlitos, no son sus millones los que me atraen, aun cuando ese hombre se quedara en la ruina, entre los dos, volveríamos a forjar un imperio.