Contrato de sangre y amor
Era la rendición final, no ante la justicia, sino ante el yermo interior que sus acciones habían creado.
El juez asintió lentamente, tomando nota. Luego, se puso de pie. Toda la sala se levantó con él.
—Javier Castellanos —comenzó, su voz resonando con la autoridad de la ley—, ha sido hallado culpable de los delitos más graves que una sociedad puede contemplar: el asesinato de la familia, la traición a la confianza, la perversión de la justicia. Ha demostrado una peligrosidad extrema, una ausencia total de remordimiento genuino y una capacidad de daño sistemático que no permite pensar en rehabilitación en el contexto de la vida civil.