Suplicando tu perdón
Se giró y caminó hacia la puerta con pasos firmes, como si ya hubiese tomado su decisión hacía mucho tiempo.
—¡Este será tu castigo por ser una infiel! —soltó antes de cruzar la puerta, con voz dura, rota, definitiva.
Sienna se levantó, intentó alcanzarlo más, no pudo, cayó al suelo de rodillas, llorando, gritando su nombre como una condenada. Su alma se quebró. Ni los golpes la habían destruido tanto como esas palabras.