UNA NOCHE CON MI ESPOSO
Renata
Esa noche no puedo dormir, y no es por el cuello adolorido ni por los moretones que me dejó el cinturón.
Es por él.
Estoy en mi orilla de la cama, con Leonardo dormido del otro lado por primera vez en días, y no consigo apagar la cabeza. Se me repite todo, una y otra vez, sin permiso. El hombre que se deshizo a mi lado en el auto, gritando por un agua que no estaba. El mismo hombre, una hora después, tomándome el pelo con un vaso de whisky en la mano como si nada hubiera pasado. El "gracias" que me dijo con la voz áspera, oxidada, como quien saca del fondo de un cajón una palabra que no usa hace años. La forma en que me miró la boca antes de que yo saliera disparada escaleras arriba.