Sufrida
Esto también se siente, como un último amanecer.
Un olor delicioso llena mis sentidos, a café, tostadas y mantequilla. Abro los ojos, porque semejante aroma funciona como una alarma para mi cuerpo, una que avisa que es hora de despertar.
El sol llena la habitación y mi cabeza duele un poco cuando soy consciente de la excesiva iluminación. Sin embargo, es más importante descubrir de dónde viene el magnífico olor que me despertó. Me incorporo sobre la cama y mi cabello castaño cae en ondas sobre mis hombros y hasta mis pechos. Ahogo un bostezo con mi mano y me cubro con una sábana el cuerpo antes de levantarme. Y justo cuando pretendo buscar algo que ponerme, la