CONTRA VIENTO Y MAREA
—Respondió ella en pleno estado de éxtasis, concentrada única y exclusivamente en lo que sentía, como en el movimiento rítmico natural de su cuerpo— ¡Definitivamente, Mateo esto es el paraíso terrenal!
—Te siento totalmente —afirmó él, con una sonrisa que ella alcanzó a observar al abrir sus ojos.
—Y yo a ti —exclamó ella, gimiendo.
Mateo sentía el roce de su glande con la pared de fondo de la vagina, además de la estrechez del canal vaginal de ella y como apretaban su miembro, dando a este mayor placer. Aunado a esto, el rítmico movimiento de las caderas de Adriana, lo volvía loco. Ella bailaba una completa danza árabe en su órgano.