Mi esposo, Joaquín Halabe, y yo éramos dos mentirosos.
Él me juró que olvidaría a Carmen Granillo, la mujer que nunca logró superar, pero tenía el celular lleno de fotos de ella.
Yo le prometí que jamás lo dejaría, mientras planeaba un futuro sin él.
Hace un mes, lo engañé para que firmara los papeles del
divorcio.
Hoy era el día en que por fin desaparecería de su vida.
Faltaban tres horas: ya tenía todas las maletas listas y había comprado un boleto de avión para irme al extranjero.
Faltaban dos horas: recorté todas las fotos en las que aparecíamos juntos hasta dejar solo mi imagen en el álbum.
Faltaba una hora: coloqué cuidadosamente el acuerdo de
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