Cuando la luna susurra mi nombre
Dominar significa abrazar ese fuego sin miedo a quemarse, asumir la carga de guiar sin permitir que el orgullo nuble la razón, reclamar un lugar no como sobreviviente sino como reina; ser dominada, por otro lado, implica abrir las puertas a la vulnerabilidad, aceptar que la fuerza también puede residir en la entrega, que la sumisión consciente es un acto de poder que requiere coraje, una rendición que no anula, sino que redefine.
—Mira —susurro, con los dedos rozando la curva de su cuello, los labios temblorosos por la intensidad de la mezcla de amor y guerra que nos consume—. Si nos unimos, no es rendición, ni control absoluto… es algo que nos transforma, que nos redefine. Algo que ni siqui