Muerta para Él, Libre para Mí
Los juramentos pueden ser preciosos, sí, como un meteoro: brillan, pero se apagan en un instante.
Miguel me miró, pálido, y negó con la cabeza una y otra vez, como si con eso pudiera borrar todo.
—¡Amor, yo jamás te haría algo así! ¡Créeme!
Yo sonreí como si no me importara. Me metí debajo de la cobija.
—Estoy cansada.
Estoy cansada de seguirte la corriente en esta farsa de amor eterno.
***
Un día antes de la fecha de parto, volví a casa.