ENTRE EL AMOR Y EL PLACER
Sus movimientos eran profundos, llevándome a la gloria, mis gemidos se mezclaban con la música, solo éramos él y yo y la pasión que nos consumía.
—Feliz aniversario, cariño, te amo —me susurró.
Y yo me perdí ante aquellas palabras, lo amaba, amaba a Hades, ese hombre loco y apasionado, que me hacía disfrutar de su toque, que me hacía su sumisa y se dejaba dominar.
Amaba a Eduardo, ese hombre exitoso, amoroso, excelente padre y compañero, dispuesto a todo por hacernos felices.