Jugando con el amor
Yo estaba demasiado molesta, invadida por los celos.
-No, mi amor, he tenido mucho trabajo, pero te he estado viendo todos tus partidos, te peleaste con una alemana y destrozaste a la canadiense-, me dijo, con su voz apacible, musical, romántica, pero mis celos se me habían desbordado.
-Si me entero que has estado con alguna mujer te corto lo que ya sabes-, le advertí amenazante.
-Te soy fiel hasta en sueños, mi amor-, me insistió Marcial. Su vocecita resignada, sumisa y de gatito, me tranquilizó. Sentí mi cuerpo reposando en un remanso junto a las olas del mar.