Heredera de la Noche
Cada segundo que pasaba, cada latido que se desvanecía, me llevaba más lejos de él, hacia un abismo del que sabía que no había retorno.
En ese momento, entre la niebla del dolor y la oscuridad del final, supe que mi último pensamiento sería para él, mi último deseo sería su felicidad. Y con esa última chispa de amor en mi corazón, me rendí a la oscuridad, dejando atrás el mundo y a Orión, mi eterno amor.
La oscuridad se desvanecía lentamente, cediendo paso a una luz tenue que empezaba a envolverme.