Corazón que miente
Cuando no hubo nada que devolver, baje la palanca y me quede apoyada en el baño con la tapa abajo, la escena del despacho no dejaba de reproducirse en mi cabeza, logrando que mi maltrecho corazón se rompiera todavía más.
En medio de mi pecho sentía una herida hecha de tajo, al rojo vivo, cruda y lacerante, sabía que parecía irreal pero para mí, para mí era muy real, el dolor que sentía en el pecho era demasiado real, quemaba y suturaba logrando quitarme hasta la respiración, quería que mi mente se pusiera en blanco pero se negaba a cooperar, incluso rogaba por desmayarme, pero nada de eso pasaba, nada era una pesadilla de la que despertaría, este baldazo de realidad había sido crudo.