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La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

Después de que mi compañero, Regulus Thornfield, muriera en un “accidente”, su hermano gemelo, Lawrence Thornfield, tomó su lugar como Alfa. También nos heredó a mí y a mi cachorro, Niall Thornfield. La nueva Luna, Alice Moreau, me ve como una espina clavada en su costado. No desea otra cosa más que exiliarnos de la manada a Niall y a mí. Una noche, fui al despacho para pedirle a Lawrence que nos permitiera marcharnos de la manada, a Niall y a mí. Pero entonces escuché a su Beta preguntarle: —Alfa Regulus, el que murió en el accidente fue su hermano. ¿Por qué dijo que el muerto había sido usted? Se oyó el sonido de los nudillos de Regulus golpeando el escritorio. —En aquel entonces, el consejo de ancianos me obligó a marcar a Leah. Pero la loba a la que he amado todo este tiempo siempre ha sido Alice. Además, Leah ya tiene un cachorro. Si no fingía mi muerte, la que se quedaría sin nada sería Alice. De pie al otro lado de la puerta, sentí cómo mis uñas se clavaban en mis palmas. Así que mi propio compañero estaba dispuesto a fingir su muerte y abandonar a su propia familia solo para poder volver al lado de la loba que realmente amaba. Al amanecer, dejé una solicitud de traslado sobre el escritorio del consejo de ancianos. —Mis bienes personales son suficientes para criar a mi cachorro. Además, me niego a ser la tercera en discordia en una relación. Por favor, déjennos salir de la manada.
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Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad

Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad

—¿Por qué tienes un bulto ahí abajo? No se parece en nada a lo mío. Lucy, mi vecina de dieciocho años, me miraba con curiosidad esa parte del cuerpo. Había algo en su mirada que delataba un deseo, aunque ella no entendiera lo que estaba sintiendo. Yo fingí no entender. —¿Dices que no se parece? Enséñame cómo es el tuyo. No esperaba que lo hiciera sin dudarlo; de pronto, se bajó su minifalda blanca y me mostró su piel blanquísima. —Mira, aquí yo estoy plana, no tengo nada.
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Si volviera al pasado, tampoco te elegiría

Si volviera al pasado, tampoco te elegiría

Fui sola al concierto de mi cantante favorito. En la parte de las dedicatorias, el corazón me latía con fuerza. Recé en silencio para que la suerte me escogiera a mí. Pero al siguiente segundo, en la pantalla gigante apareció mi esposo, que supuestamente estaba de viaje por trabajo, y a su lado estaba su primer amor, Patricia Castellón. —Quiero pedir una canción: "Volver al pasado", volver tres años atrás, cuando Nicolás jamás habría terminado con Patricia. El público estalló en aplausos y vítores, celebrando aquella historia de amor. Solo yo, entre la multitud, me quedé con el rostro empapado en lágrimas. En la siguiente ronda de dedicatorias, de pronto vi en la pantalla mi propia cara hinchada de tanto llorar. —Yo también quiero pedir "Volver al pasado", volver al momento en que nunca habría aceptado la propuesta de matrimonio de Nicolás Varas.
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Más allá de la sombra de la familia

Más allá de la sombra de la familia

Desde que tenía dos años, Elara Vane se convirtió en el banco de sangre personal de su hermana gemela después de que a la niña le diagnosticaran un raro defecto genético. Los médicos predijeron que su hermana no viviría más allá de los dieciocho años, así que sus padres y su hermano la consintieron y la pusieron siempre en primer lugar en todo. Incluso culpaban a Elara, acusándola de «robarle» los nutrientes a su hermana en el vientre, afirmando que por eso ella había nacido enfermiza. En su vida pasada, nadie en la familia la amó. Solo su prometido, Dante, permaneció verdaderamente a su lado. Pero Elara nunca imaginó que el amor de Dante tenía sus propios planes. Y así fue, hasta que su hermana cayó accidentalmente por un acantilado y necesitó una transfusión completa de sangre. Dante firmó el consentimiento sin pensarlo dos veces, enviando a su prometida a la mesa de operaciones para que fuera la donante. Allí, mientras su sangre se drenaba y su conciencia se desvanecía, Elara juró que, en otra vida, ¡jamás volvería a ser la bolsa de sangre de su hermana! Y entonces, la próxima vez que abrió los ojos, estaba de vuelta en el día después de su compromiso con Dante…
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Sangre de un Linaje Ignorado

Sangre de un Linaje Ignorado

Era miembro de una unidad de investigación ultrasecreta. Por encargo de mi superior, debía entregarle un archivo a Celeste Judd, mi hermana. En el momento en que entré en la oficina de mi hermana, un pasante, Ethan Irwin, se interpuso rápidamente en mi camino. —¿Eres el nuevo asistente? Me miró de arriba a abajo y notó el sobre de documentos que llevaba en la mano. Acto seguido, soltó una fuerte carcajada. —¡Es tu primer día de trabajo y ya estás tratando de hacer puntos con la señora Judd! ¿Por qué no te miras al espejo para ver lo patético que eres? Solo entonces me di cuenta de que Ethan me había confundido con un rival amoroso. Pero el caso era que Celeste nunca me había dicho que tuviera novio. Estaba a punto de explicarle la verdad a Ethan cuando sentí que su puño se estrellaba contra mi cara. —¡Yo soy el único asistente que necesita la señora Judd! ¡Olvídate de ser su novio! —¡Pensar que a tu edad ya estás planeando convertirte en un mantenido y seducir a mujeres ricas! —exclamó Ethan mientras me jalaba del cabello y derramaba agua hirviendo sobre mi cara—. ¡Te voy a dar una lección en nombre de tus padres! Lo único que pude hacer fue acurrucarme en el suelo, hecho bolita. Con torpeza, usé mi cuerpo para proteger el sobre de documentos. Mis acciones enfurecieron a Ethan a más no poder. Me arrebató el archivo y lo hizo pedazos frente a toda la empresa. —¡Señora Judd, no cabe duda de que su nuevo asistente es un atrevido por intentar seducirla! —le dijo a Celeste en tono adulador—. ¡No se preocupe, porque ya le di una lección!
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La Diosa Que Durmió En Su Sombra

La Diosa Que Durmió En Su Sombra

Durante cinco años, mi pareja destinada, el Alfa Killian, ha usado mi cuerpo para sobrevivir a sus ansias de intimidad. Pero jamás me ha marcado. Durante cinco años, he tenido que tragarme los supresores a la fuerza para ocultar nuestro vínculo ante el mundo. Hasta ahora. Esta noche, al terminar, me ordenó que asistiera a la ceremonia de luna llena. Llegué a pensar que por fin estaba listo para reclamarme. Para convertirme en su Luna. Pero solo rio con gusto y me dio la noticia. —Celebraré mi unión con Vivian. La hija de un Alfa. Una sangre pura. ¿Y yo? Yo no era más que su sucio secretito. El remedio para sus periodos de celo. Se alejó sin decir más. Me sequé las lágrimas, regresé a mi departamento y tiré todos mis supresores de esencia a la basura. Mi mejor amiga pensó que me había vuelto loca. —¿Estás segura? El Alfa te odiará —me advirtió. Negué con la cabeza. —No importa. Voy a borrarlo de mi vida. Entonces, acepté la invitación del Alfa Adrian, un rival que venía de Europa. En siete días, me iría para siempre.
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Ya no quedan cristales, Alfa

Ya no quedan cristales, Alfa

Durante sesenta y seis noches de luna llena, el Alfa Zephyr me colmó de elaborados rituales de cortejo, suplicándome que aceptara ser su compañera. En la sexagésima séptima… finalmente dije que sí. La noche en que consagramos nuestro vínculo de apareamiento, le entregué una bolsita encantada con sesenta y seis cristales de luz de luna. Hicimos un trato: cada vez que rompiera mi corazón, yo aplastaría uno. Ese era el precio de mi perdón. En los seis años desde que nos unimos, rompió mi corazón una y otra vez por su amiga de la infancia, Chloe. Y cada vez… yo aplastaba un cristal. Cuando el cristal número sesenta y cuatro se convirtió en polvo, Zephyr por fin pareció notar que algo no estaba bien. Dejé de decirle que mantuviera su distancia con Chloe. Dejé de necesitar que estuviera a mi lado. Pero cuando intentó dejarme por esa Omega una vez más, lo sujeté del brazo. —Vas a ir con ella… ¿Debería aplastar otro cristal por esto? Zephyr se quedó inmóvil, con el cansancio reflejado en el rostro. —Haz lo que te dé la gana. De todos modos, te quedan muchos. Solo asentí, observando su espalda mientras desaparecía. Él todavía creía que los cristales de luz de luna eran infinitos. No tenía idea… de que solo quedaban dos en la bolsita.
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La suerte que nunca le tocó

La suerte que nunca le tocó

La familia mafiosa Rossi seguía una regla ancestral. Antes del matrimonio, el heredero tenía una oportunidad cada año de sacar un sorteo. Si obtenía uno favorable, podía elegir a su propia esposa y evitar un matrimonio arreglado. Dante Rossi obtuvo un sorteo desfavorable durante cinco años consecutivos. Y yo, que llevaba siete años saliendo con él, nunca logré casarme a su lado. Este año marcaba el sexto. Escuché por casualidad su conversación con Marco Valentino, el subjefe. —Señor Rossi, le volvió a tocar un sorteo favorable. La voz de Dante tenía una frialdad inusual. —Como siempre, cámbialo por uno desfavorable. Marco dudó un momento antes de intentar persuadirlo. —Señor Rossi, ya lo ha cambiado durante cinco años seguidos. ¿No le preocupa que Celia se vaya? Es la mujer más hermosa de Nopales. La mitad de los hombres de la ciudad la persiguen. Dante respondió con total seguridad: —No lo hará. Celia me ama demasiado. No se casará con nadie más. —Hace años, el padre de Livia murió salvándome. Su último deseo fue que me quedara a su lado durante cinco años. Cuando este año termine, le daré a Celia una gran boda como compensación. Mi último rastro de esperanza murió al escuchar esas palabras. Dante probablemente no sabía que la familia Rossi tenía una última regla ancestral. Si el heredero no lograba obtener un sorteo favorable seis veces, perdería el derecho a elegir su propio matrimonio. Además, yo pronto me casaría con alguien más.
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La Luna Desaparecida

La Luna Desaparecida

En el aniversario de nuestra unión como compañeros, mis piernas rodeaban a mi Alfa, Adrian, mientras compartíamos un beso profundo. Mis dedos rozaron el bolsillo oculto de mi vestido de seda, mi mano se apretó alrededor de la prueba de embarazo que había escondido allí. Sentí el leve aleteo de una nueva vida dentro de mí, estaba planeando darle esta sorpresa como el final perfecto para nuestra velada. Justo entonces, el Beta de Adrian, Ethan, habló en voz baja y burlona, usando la Lengua Antigua. —Alfa, esa cuñada tuya... la loba recién madurada, Zoe. ¿Qué tal estaba? La risita baja y sugerente de Adrian llegó a mis oídos, silenciosa pero penetrantemente clara. Respondió en la misma lengua antigua. —¿Has probado los frescos chiles maduros? Son picantes, con un buen toque de sabor. Su palma aún acariciaba mi cintura, pero su mirada se había desviado a otro lado. —Solo guarda silencio. Si mi Luna se entera, se acabó. Los otros Betas soltaron risitas cómplices, alzando sus copas en una promesa silenciosa de guardar el secreto. Pero un escalofrío me recorrió el cuerpo, y mi loba interior se aquietó, como si hubiera muerto. Él no sabía que yo había estudiado la Lengua Antigua para mi investigación sobre el trauma de los hombres lobo. Entendía cada palabra. Contuve las lágrimas, obligándome a mostrarme impasible, manteniendo la compostura que se esperaba de una Luna. En lugar de enfrentarlo, envié un mensaje protegido mágicamente a la Anciana Slone de la Asociación de Sanadores de Hombres Lobo, aceptando la invitación que me había extendido. En tres días, me uniría a un programa de rehabilitación de hombres lobo de alta seguridad como su nueva Terapeuta Principal y desaparecería para siempre del mundo de Adrian.
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Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
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