El Castigo del Don
La sonrisa de Mónica se le endureció por un latido y luego volvió a acomodarse, mientras apretaba más su agarre en torno al brazo de Enzo; su voz sonó suave, casi amable, cuando habló:
—Don, ya que es un regalo de Sophia… deberíamos abrirlo.
Dentro de la caja no había joyas ni maldiciones grotescas. Solo dos cosas más pequeñas: una contenía una memoria USB de plata, simple, y otra un sobre de documentos sellado con cera roja.
El corazón de Mónica dio un brinco sin aviso. Un escalofrío le trepó por la columna. Se obligó a mantenerse serena, incluso avanzó por su cuenta.
—¿Qué hay en la memoria? —preguntó con ligereza—. ¿Por qué no lo ponemos para todos? Ya que es la buena voluntad de Sophia,
Bab Populer