Sufrida
¿Tú…tú estás enferma?
Siento mi labio inferior temblar ante la posibilidad de que eso suceda. El miedo que siento es tan atroz, que creo comenzaré a llorar como bebé de un momento a otro. El segundo que demora ella en negar con la cabeza, me parece eterno.
—No, Amaia, no estoy enferma —me tranquiliza y yo suspiro, aprieto sus manos con fuerza—. Pero sí estoy vieja, es algo natural, mi niña, debemos estar preparadas para lo que pueda suceder.