Deseo Enfermizo
Por supuesto que confiaba en él, pero eso era cuando estaba haciendo todo lo posible por ayudarme, por hacerme caer en su red de mentiras.
Dos enfermeras entraron a la habitación y, al ver que estaba despierta, se acercaron a mí. Una de ellas traía consigo una jeringa, lo que me alteró y me puso a la defensiva de inmediato, mientras la otra se quedaba de pie junto a mí en completo silencio.
—¿Qué es eso?
—Medicamento para el dolor —explicó y, en lugar de ponerlo en los líquidos, la inyectó directamente en mi brazo—. Sentirá un poco de mareo, nauseas y sueño, pero es normal, ¿de acuerdo?