El rey Lycan arrepentido y su Omega rota
Luz lloraba mirándome como si me hubiera vuelto un milagro viviente, Elías parecía petrificado, Hugo preparado para saltar si me descontrolaba, y Erika anotando todo con los ojos brillando de obsesión científica.
Y yo solo pensaba: ¿qué coño soy ahora?
Mi loba seguía ahí, en mi cabeza, más clara que nunca.
"—Ya no puedes esconderte. Eres lo que siempre fuiste."
“¿Qué soy?”, le respondí mentalmente, sin saber si me escuchaba de verdad.
"—La heredera de un linaje que nunca murió. La sangre que tu madre intentó proteger. Ahora está en ti."