Atrévete
—Sonrió, pero un gemido ahogado salió de su pecho.
Andrea sin pensárselo lo atrajo hacia su pecho y lo abrazó. El enorme cuerpo se acomodó como pudo en el de ella, desahogando su pena compartida.
La enfermera salió de la habitación y se paró frente a ellos. Era una mujer madura, con hermosos ojos verdes.
—Hola, Andrea, es un gusto conocerte. Soy...
—Señora —interrumpió Andrea en tono frío, logrando la incomodidad que esperaba en ella.