Seduciendo al amor
Él besaba sus pechos pasando de uno a otro, provocando en ellas oleadas de fuego que recorrían su columna vertebral, haciendo que su cavidad íntima se inundará con sus jugos,deliciosamente.
Merritt buscó con sus dedos su entrepiernas húmedo, al sentirla tan mojada, suspiró con placer contenido y dijo:
— ¡Uy, que rico está esto, mi amorcito rico!
— ¡Para ti, mi amor!— susurró Eleanor, moviendo sus caderas sensualmente.